Santa Cruz

Conclusiones del VI Congreso Misionero Nacional “Bolivia Misionera, comparte tu fe”

Después de vivir una de las semanas más importantes para la vida de la Iglesia en Bolivia, el VI Congreso Misionero Nacional concluyo con vivencias significativas de Misión, y la urgencia de salir al encuentro del hermano. Para nuestros seguidores compartimos el texto de la Conclusión de este Congreso Misionero, junto a ellos también los trabajos de los 22 foros temáticos que se dieron durante el congreso. Adjuntamos el documento conclusivo para su reflexión.

VI CONGRESO MISIONERO NACIONAL

BOLIVIA MISIONERA, COMPARTE TU FE

CONCLUSIONES

En la ciudad de Santa Cruz, cumpliendo el mandato de Jesús -“vayan y anuncien mi Evangelio a todas las naciones”- delegados de las jurisdicciones eclesiásticas de Bolivia, colaboradores pastorales y voluntarios hemos venido a celebrar la tarea misionera de la Iglesia y hacer realidad el lema: “Bolivia Misionera, comparte tu Fe”, del VI Congreso Nacional Misionero de nuestra Iglesia que peregrina en Bolivia.

Nuestros objetivos han sido reflexionar sobre nuestro caminar como discípulos misioneros en un mundo pluricultural y secularizado, renovar nuestro compromiso y proyectar entre todos las líneas pastorales que nos permitan responder a los desafíos del mundo de hoy en constante renovación y transformación. Además, nuestros ojos y nuestro corazón han estado puesto en Maracaibo, Venezuela, sede del próximo CAM4 Comla9: Con nuestras reflexiones y aportes queremos ser parte activa y propositiva en el caminar misionero de todo el Continente de América, para que se abra al mundo entero y sea anunciador con esperanza y alegría de la Buena Nueva de Jesús.

Impulsados por el Espíritu, con los ojos del Padre y a partir del encuentro con Cristo hemos puesto nuestra mirada en la realidad del mundo que nos rodea y en la de nuestra misma Iglesia:

– Nuestra realidad es rica por las diferentes culturas que se caracterizan por su historia, su idioma, su relación con la creación y los hermanos, y sus manifestaciones y tradiciones religiosas. También las culturas modernas y post modernas, rurales y urbanas, marcan el caminar de nuestro país. Como Iglesia las valoramos y reconocemos como oportunidad de enriquecimiento mutuo. El Evangelio llega a todas ellas. Como discípulos misioneros “debemos presentar a Jesús de Nazaret compartiendo la esperanza y las angustias de su pueblo…” (Puebla 176). Esto implica, al mismo tiempo, la valoración y el respeto de nuestros pueblos y el compromiso de encarnar el Evangelio en sus culturas. Jesús, al hacerse hombre como nosotros y en medio de nosotros, ha asumido una cultura específica, valorándola, purificándola y enriqueciéndola. En su Encarnación, todas las culturas del mundo han sido asumidas y enaltecidas.

– El desarrollo de la ciencia y la tecnología, la visión economicista de la persona humana, el relativismo ético y la pérdida del sentido de trascendencia de la vida son signos claros de un mundo que quiere liberarse, prescindir de Dios, vivir sin Dios. La globalización hace de nuestro mundo una “aldea pequeña”, donde cada uno depende de los demás y está inserto en los procesos que abarcan el mundo entero. La secularización y los nuevos procesos económicos, sociales y culturales desafían hoy al discípulo misionero. Jesús nos interpela a purificar nuestra fe, saber dar razón de ella y lograr la madurez espiritual. Asimismo nos llama a construir comunidades de fe que susciten discípulos convencidos, comprometidos con la vida, capaces de construir fraternidad. Empezando desde Cristo, debemos vivir nuestra fe en comunidad y, desde allí, contribuir a promover y respetar la dignidad de cada persona y a construir una sociedad más justa. Como nos dice el Papa Francisco: “Una Iglesia pobre, de los pobres y para los pobres”.

– El contexto religioso de nuestra Iglesia muestra que muchos son católicos de nombre, que hay separación entre fe y vida, que se vive una fe sencilla y profunda, pero al mismo tiempo superficial y con exageraciones; que en el campo social y en los problemas políticos la presencia de los católicos es tímida y vergonzante. Es urgente un proceso de reevangelización que ponga al centro la persona de Jesucristo, el encuentro personal y comunitario con Él y el anuncio del Reino del Padre. Nuestra vida y misión, como Iglesia, es el Reino, don y gracia de Dios que hay que comunicar y participar a las personas y a los pueblos de nuestro país. A los discípulos misioneros se nos exige la valentía y audacia para anunciar a Cristo porque “somos hombres y mujeres de Iglesia en el corazón del mundo y hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia”. Hoy, el mundo necesita más testigos que maestros.

– Acogemos las palabras de Cardenal Julio Terrazas que nos anima a ser piedras vivas de la Iglesia, porque la misión que no comunica vida no llega a transformar la vida propia ni la de nuestro pueblo.

POR ESO, NOS COMPROMETEMOS:

A vivir una conversión personal

– Forjar el modelo del evangelizador en Cristo, quien es a la vez Evangelio del Padre y Buena Nueva para el mundo.

– Orar pidiendo al Señor que aumente nuestra fe para cumplir la tarea de misioneros. El nos dice: “Vayan y anuncien mi Evangelio a todas las naciones…” superando miedos, temores y complejos personales y de grupo, para llevar adelante la misión.

– Fortalecer nuestra identidad de discípulos misioneros y, desde esta conciencia, acercarnos a las culturas, conocerlas, aprender de ellas, relacionarnos, integrarnos y enriquecernos. Esta actitud cristiana pide una conversión personal y comunitaria. El Evangelio debe encarnarse en la vida y la historia de cada persona y cada pueblo.

– Priorizar la escucha y obediencia de la Palabra de Dios, para que a su luz y fuerza transformadora podamos experimentar, de manera renovada, el encuentro personal con Jesucristo.

– Dar testimonio de vida, fruto del encuentro personal con Cristo, vivido en comunidades de fe que irradien el mensaje de Jesús, atraigan, con su vivencia, a los alejados de la Iglesia y sean buena nueva para los no creyentes.

A vivir la comunión en la comunidad

– Vivir la fe en comunidad, acentuando la pertenencia a la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios.

– Lograr comunidades vivas, en las que niños, jóvenes y adultos ahonden su compromiso con el Señor, crezcan y se formen profundizando la Palabra de Dios, celebren el misterio pascual y vivan la intimidad con Dios en la oración personal y comunitaria.

– Impulsar una conversión pastoral en nuestras diócesis y parroquias, pasando de una pastoral de conservación a parroquias misioneras.

– Revitalizar la pastoral de conjunto y pastoral orgánica en las diócesis y parroquias, como consecuencia de una Iglesia en comunión que prioriza la Misión Permanente.

– Constituirnos en agentes evangelizadores de nuestras propias familias, alentando una vida plena basada en el diálogo fraterno, la solidaridad, la escucha sincera, la comprensión, la unidad, la oración y el amor incondicional.

– Formar a misioneros y misioneras comprometidos que estén dispuestos a contagiar su entusiasmo y compromiso, saliendo al encuentro del hermano más allá de las fronteras (Ad gentes) y creando estrategias de evangelización para los más alejados y en los nuevos areópagos de la misión.

A vivir la caridad

– Fortalecer la educación en la fe en el ámbito familiar, con procesos de iniciación cristiana y formación permanente y creativa de los bautizados.

– Vivir y poner en práctica la opción por los pobres al estilo de Jesús.

– Asumir los Medios de Comunicación y nuevas tecnologías que, al ser evangelizados, son instrumentos preciosos para llegar con un anuncio creativo de la Buena Nueva a los jóvenes y a las nuevas culturas.

– Testimoniar nuestra fe con la vida y las obras. Por eso, el primer paso es la conversión personal que se expresa en el testimonio de vida, en la familia, en el trabajo, en la política y en el sindicato. El segundo paso es retomar con fuerza la opción preferencial, no excluyente, por los pobres, humildes, necesitados y sectores en situación vulnerable.

– Trabajar en la Misión por los pobres y con los pobres, asumiendo con claridad nuestro compromiso social, denunciando las estructuras de muerte y creando estructuras de vida, siendo buenos samaritanos y buscando una incidencia en el mundo de la política, en la economía, la cultura y los Medios de Comunicación Social.

– Adherirnos a las iniciativas de la “Alianza por la creación” para el cuidado responsable del medio ambiente, como el mejor patrimonio que hay que salvaguardar para las nuevas generaciones.

– Asumir las pastorales específicas (educación, salud, niños, jóvenes, familia, cárceles, movilidad humana, etc.…) como expresión de gratuidad de la persona y de la comunidad que, enriquecida por la experiencia del encuentro con Jesús, va al encuentro con los hermanos más pobres. Para eso es necesario renovar y formar, de manera permanente, a los agentes pastorales.

– Acompañar a los movimientos sociales, a los pueblos originarios, indígenas y afro bolivianos.

Damos gracias a Dios que quiere e involucra a cada uno de nosotros y a cada comunidad de fe en el servicio de la misión. Somos llamados a ser una Iglesia Profética, discípula y misionera. Con alegría asumimos el compromiso de llegar a toda la realidad humana con respuestas concretas, porque construir un mundo sin Dios es empobrecer al hombre y a la sociedad. Solo Dios es fuente de vida plena para todos.

Santa Cruz de la Sierra, de 26 a 30 de junio de 2013.