Análisis

Ciegos ante el Espectáculo

A riesgo de herir la sensibilidad de las “masas” o la pasión de “multitudes” creo que conviene hacer ciertas reflexiones a propósito de lo que en nuestro país y el mundo se vivirá en torno a estas fechas.

Hoy está de moda el mundial de fútbol. Es maravilloso cómo este deporte congrega a verdaderas multitudes, apasionadas por ver un buen juego, además que les lleva a identificarse con las principales figuras y seguir paso a paso el desempeño de clubes y selecciones. El amor a la “camiseta” tiene más poder de convocatoria que muchas otras cosas en la vida. Y qué bueno que las personas se interesen por el deporte y el juego, pues ayuda a mantener no sólo la salud física sino también espiritual y el buen ánimo, es un verdadero lugar de encuentro y convivencia entre diversos.

No obstante las bondades del fútbol y el deporte es posible que corramos el peligro de quedarnos ciegos ante el espectáculo y no tener sensibilidad ninguna frente a lo que se esconde detrás de ello, o peor aún ser totalmente indiferentes porque disociamos la actividad futbolística de lo que está en torno a ella.

A nombre del fútbol se ha desarrollado una agresividad explosiva que tiene entre sus protagonistas principales a los “hinchas” de clubes deportivos, equipos o selecciones. No sólo se suscitan episodios de insultos, golpes o peleas entre aficionados sino que también se han producido muertes y violencia desmedida en todo el mundo, incluso haciendo uso de armas. Las denominadas “barras bravas” algunas veces no son más que grupos de choque financiados por oscuros intereses empresariales o dirigenciales y no tienen nada que ver con el espíritu de una afición. Ante las muertes y la violencia sufridas nuestra sociedad tuerce la cara para otro lado  y se hace la desentendida. Nos deslumbra el espectáculo pero somos ciegos ante lo que, a veces, está detrás del mismo.

Por otro lado está el negocio que un evento deportivo de escala mundial significa no sólo para los dirigentes del fútbol sino para los mismos deportistas, así como de la industria publicitaria, las marcas de renombre, las empresas locales y trasnacionales, que reducen a las personas a un mero objeto de compra-venta que genere máxima rentabilidad económica. Se compran y venden jugadores como si de una cosa se tratase y eso no nos asombra. Las empresas usan a los “astros” del fútbol como una imagen maquillada de los interés comerciales que quieren vender y nosotros compramos esos productos como si adquiríesemos a la persona misma. ¿No es demasiada estupidez?

Pero claro que las estrellas mundiales no son tan ingenuas frente a la comercialización y uso que se hace de su imagen. Ganan millones de dólares por año. Nadie negará su talento, la pregunta es porqué ese talento en particular tiene que valer muchísimo más en comparación con otras personas talentosas que contribuyen también al bien de la humanidad. Pero más allá de eso, ¿es justo que unas cuantas personas en el mundo ganen millones de dólares mientras que millones de personas no llegan a ganar unos cuántos dólares? De las últimas nos acordaremos si acaso en una postal navideña para tranquilizar la conciencia, pero igual seguiremos fomentando el negocio del fútbol a lo largo del año.

Debe resultar molestoso para muchos que en Brasil se hayan suscitado protestas y huelgas reclamando mejor salud, educación, transporte, vivienda y llamando la atención por el gasto millonario en la construcción de estadios, algunos innecesarios, cuando existen aún millones de brasileños en la pobreza. Eso no importa, lo justificaremos de cualquier manera. Y por si caso muchos de aquellos que reclaman ¡también juegan y les gusta el fútbol!, el problema no está en el deporte sino en la maquinaria perversa que se ha montado a raíz de él.

Como suele suceder en los eventos internacionales, se esconderá la miseria de la ciudad porque afea el rostro de lo que se quiere vender como se oculta la basura creyendo que con eso se ahuyenta la fetidez.

Tal vez es preciso que abramos un poco más los ojos y veamos más allá de lo que se nos muestra a primera vista. Es muy bueno que disfrutemos del mundial de fútbol, que nos alegremos y compartamos, que sea un estímulo para muchos por el deporte y la sana competencia; lo que no quita para nada nuestra responsabilidad y reflexión crítica ante lo que ensombrece este juego.

Una sensibilidad nueva tendría que despertarse en nosotros para que nos encienda cierta indignación contra lo que el espectáculo del fútbol ciega en nuestra visión.