Internacional

Celebración Jubilar por el centenario de la diócesis de Camagüey

Mons. Juan García, arzobispo de Camagüey, habla del ayer y del hoy de esta Iglesia particular

(Camagüey / Cuba) La Plaza de la Caridad, en la ciudad de Camagüey, fue la sede el pasado lunes para la celebración de la Santa Misa Jubilar por los primeros cien años de la creación de la diócesis de Camagüey, suceso ocurrido el 10 de diciembre de 1912, cuando Su Santidad Pío X, firmó la bula Quae Catholicae religioni, donde instituía además la diócesis de Matanzas. La eucarístia, presidida por el señor arzobispo de Camagüey, Mons. Juan de la Caridad García Rodríguez, contó con la presencia de diez obispos cubanos, entre ellos Su Eminencia, cardenal Jaime Ortega, arzobispo de la Habana, y el obispo de Matanzas, Mons. Manuel H. de Céspedes.

En sus palabras al inicio de la misa, Mons. Juan García -segundo obispo cubano de Camagüey, y segundo arzobispo de esta sede, luego de que fuera nombrada la Arquidiócesis de Camagüey, por bula de Juan Pablo II en 1998- saludó a los obispos presentes, y al secretario de la nunciatura: “Monseñor Veceslav Tumir (quien) representa hoy entre nosotros al Papa Benedicto XVI. Monseñor, dígale al Papa que rezamos por él”. Al dirigirse a las autoridades gubernamentales participantes, junto a varios intelectuales invitados, dijo: “Valoramos la presencia de las autoridades civiles representadas por Oscar Sanamé, Jefe de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Provincial del Partido y sus colaboradores. Es un signo de que la Iglesia puede tener espacios normales y suficientes para la misión encomendada por Jesucristo”.

Durante la homilía de Mons. García, pronunciada ante más de un millar de fieles, agradeció los dones recibidos a lo largo de los cien años de vida de la diócesis y también a los que hicieron crecer, desde sus inicios, a la Iglesia de Cristo en Camagüey, con referencias a la vida y la obra del P. Valencia, sacerdote franciscano, el Padre Olallo, y los prelados que lo antecedieron en el gobierno de la diócesis, entre otras personalidades significativas de la historia eclesial local: “Damos gracias a Dios (…) por enviarnos a los obispos Valentín Zubizarreta Unamunsaga, teólogo y maestro de la fe; a Enrique Pérez Serantes, misionero de innumerables bateyes, cuyo catecismo todavía se guarda en muchas casas; a Carlos Ríu Anglés, constructor de templos en muchos pueblos pequeños y a Adolfo Rodríguez Herrera, Pastor, Profeta, Santificador, Puente, consolador, Orante, Poeta y en estos momentos Siervo de Dios.”

Se refirió también, a la edificación de templos y capillas en número de 77, y 25 colegios parroquiales, muchos de ellos realizados luego de la creación de la diócesis, para constatar que: “Lamentablemente la Iglesia ha perdido en la actual diócesis de Camagüey unos 33 lugares de culto, sin ley de expropiación, 25 escuelas religiosas y 4 hogares de amparo”. Más adelante dijo: “Como expresión de memoria agradecida y deseo de continuar la obra de Jesucristo, que cumplieron tan santamente los que nos antecedieron, nosotros queremos construir monumentos a la fe, lugares de alabar a Dios y escucharlo en todos los asentamientos humanos de Camagüey (…) Queremos construir un monumento a la esperanza, una escuela de la fe, una catequesis donde enseñar el evangelio”.

Reconoció el arzobispo en sus palabras la importancia de vivir el evangelio para el pueblo de Camagüey, vivir los mandamientos representaría respeto y amor a los padres, a los ancianos, a la vida: sin homicidios ni suicidios, respeto sobre todo a la vida intrauterina: “Imagínense que todo padre y toda madre protejan al fruto bendito que vive en el seno materno como hicieron nuestros padres con nosotros. Porque de lo contrario si nuestra madre se hubiera hecho el aborto, primera violación de los derechos humanos, nosotros no estaríamos aquí”

Esta ceremonia eucarística coincidió con la celebración internacional del Día de los Derechos Humanos, a los que hizo referencia el arzobispo: “El artículo 8 de la Constitución de la República de Cuba afirma: El Estado cubano reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa. Y el artículo 18 de la declaración universal de los derechos humanos, cimentada en la naturaleza humana y en el evangelio de Cristo dice: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye  la libertad de tener  o de adoptar la religión o las creencias de su elección, así como la libertad de manifestar su religión o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, mediante el culto, la celebración de los ritos, las prácticas y la enseñanza. Para continuar, afirmando en su prédica: “Con la puesta en práctica de estos artículos por las instancias sociales y gubernamentales, nuestra Iglesia puede continuar más adecuadamente su misión evangelizadora, educativa y caritativa y hacer de esta tierra la más hermosa que ojos humanos han visto por la fe, la esperanza y la caridad”.