Análisis

Cayo Salinas: “El cardenal indígena”

Causó regocijo la designación de Toribio Ticona Porco como cardenal. Su consagración, que se llevó a cabo en días pasados, representó por primera vez, que un ciudadano de raíces indígenas reciba del Papa el anillo y birrete cardenalicio. En efecto, el nomen cardenal es el título más relevante que el Papa confiere, por lo que alcanzar ese grado en la carrera sacerdotal es un logro preciado. Para ponerlo en perspectiva y guardando las diferencias, es como alcanzar el grado de General en la carrera militar. De ahí que no deba existir un solo sacerdote que no aspire a ser cardenal como no existe un solo militar que no busque alcanzar el generalato.

Ahora bien, en el plano eclesiástico, con certeza que las razones para que el Papa ascienda a un obispo son muchas. Siendo exclusiva y con competencia claramente limitada, probablemente en el análisis no solo intervengan factores de afinidad ideológica, visión y, como no, de una trayectoria enmarcada en esa línea de razonamiento. Queda claro que en un marco de respeto institucional –más allá de las insoslayables luchas por conquistar espacios de poder que se dan al interior de la Iglesia católica y de toda otra organización donde está presente el ser humano– existen naturales candidatos por trayectoria, liderazgo y meritocracia. Eso quiere decir que aun gozando de todos los méritos, el Papa –cualquiera que fuere– puede mirar a otro lado. Y tanto es así, que seguramente este Papa no hubiese hecho cardenal por ejemplo, a Ratzinger cuando era obispo. Las razones son obvias. Las afinidades y simpatías pesan. Las ideologías también, así estemos hablando de sacerdotes. Y así como las reglas internas del clero seguramente tienen una serie de componentes y requisitos que marcan la dinámica por la cual debe conducirse una selección de candidatos a cardenal, posiblemente también pese el hecho que éstos, reunidos en el Colegio cardenalicio, son los que tienen el poder de voto. Y nadie, créamelo, así sean sacerdotes, apuestan por un potencial adversario.

En el caso boliviano, la designación de Toribio Ticona ha sido bien recibida y no porque tenga raíces indígenas únicamente, sino porque es boliviano. Debemos comenzar por desechar todos los intentos que constantemente tratan de empoderar en el colectivo ciudadano la idea de que al tener una persona orígenes indígenas, tiene un doble mérito el alcanzar un logro o reconocimiento. El origen del ser humano no tiene por qué servir para marcar esas diferencias. Peor, que se las utilice con afanes políticos en una direccionalidad que pretende mostrar una suerte de reivindicación fruto de un discurso que abandera, dicen, la existencia de décadas de marginación. Ese uso malintencionado del origen indígena es lo que debe evitarse. El cardenal indígena tiene tanto mérito como aquél que siendo cholo o mestizo como la mayoría de los bolivianos, alcanza ese sitial y también, con mérito propio. Apellidar Ticona, Porco, Pérez o Esquivel, no te hace mejor obispo ni mejor cardenal. Cómo te has formado y educado, sí. Por ello, en muchos países desarrollados la clave del éxito pasa por la educación, no por el discurso populista de plazuela. Y hay algo más: peligroso error si acaso el cardenal que se reconoce indígena pretende hacer bandera de ese hecho. Algún día tenía que llegar, que un indígena sea cardenal, dijo el purpurado. Particularmente, aguardo que lleguen días donde algún amazónico, mestizo o afro boliviano también lo logre. Por ello, aborrezco la manera cómo se ingresa al peligroso terreno del origen étnico para destacar el éxito de una persona.

Termino aquí: Cómo no estar complacidos de recibir a un nuevo cardenal a tres años del fallecimiento de Julio Terrazas. Sea indígena o no, Toribio debe constituirse en factor de unidad en el país, no todo lo contrario.

[Autor: Cayo Salinas]

[Imagen: Yahoo Noticias]