Análisis

Cardenal Terrazas y su elocuente Teología

por Ariel Beramendi*

Julio Cardenal Terrazas no dejó grandes textos escritos o grandes publicaciones de teología; su teología pensada y actuada en lo cotidiano y esto permitió dejarnos un legado importante a través del testimonio vivido como un pastor cercano a su realidad. Recordando los días de su agonía y de su paso de esta vida a la Eternidad no podemos ignorar las grandes y masivas expresiones de cariño de un pueblo que despedía a su pastor. Seguramente su memoria permanecerá viva porque será transmitida de generación en generación.

Entre los pocos textos escritos que dejó uno de estos es el libro que tuve la suerte de escribir con él: “Coloquios con el Cardenal Julio Terrazas” (Kipus 2011). Este pequeño libro entrevista nació gracias a que en una conversación me atreví a sondear y a proponer al Cardenal Julio la redacción de un libro que recogiera varias de sus entrevistas y que sobre todo él se dejara indagar sobre aspectos más personales para plasmarlos en un libro; meses antes (noviembre 2010) se había publicado el libro entrevista “La luz mundo” en el que Benedicto XVI respondía libremente a las preguntas que planteaba el entrevistador; así que el Cardenal Julio, que no amaba las entrevistas periodísticas, aceptó el reto.

Esta pequeña obra testimonia la personalidad y el pensamiento de uno de los pastores más amados del pueblo boliviano; sin embargo, antes que el libro viera la luz, fue revisado por él mismo y por algunos de sus colaboradores, aun así hubo instancias gobernativas que criticaron vehementemente su lectura de la realidad.

Cuando le pregunté sobre su testamento espiritual y cómo quisiera que la gente lo recordar, me confesó que tenía cierta dificultad para escribir pensando en el futuro y me confió que desde muy joven se dio cuenta que tenía un “don” que tenía que cultivar. «Saqué buena nota en literatura y sin estudiar mucho; estaba en el seminario de los Redentoristas en Chile, entonces el profesor de literatura me encomendó decir algunas palabras de saludo a los ex alumnos del Seminario y así lo hice; mi profesor vio que tenía facilidad para la oratoria y me dijo “tiene que cultivar eso, ese será su instrumento de trabajo como misionero Redentorista” y sirvió no sólo como misionero Redentorista sino durante el servicio como sacerdote, como Obispo y finalmente en el servicio Cardenalicio» me contó.

En efecto Julio Terrazas, con los años, cultivó el don de la elocuencia que lo hará recordar también como un gran comunicador. Las grandes homilías y predicaciones desde un altar fueron uno de sus instrumentos más potentes para llevar adelante el profetismo que lo caracterizó. Sin embargo, no se trataba de reflexiones improvisadas, es decir que Terrazas aprendió a discernir los signos de los tiempos, ayudado por el estudio de la Palabra de Dios, la crítica de la realidad y el diálogo con sus agentes de pastoral y sacerdotes – con los que se reunía semanalmente al calor del Evangelio dominical -. Había en él una curiosidad innata de comprender la cultura y los códigos de las nuevas generaciones expresadas a través del arte popular y los movimientos urbanos; así este pastor era capaz de traducir el mensaje del Evangelio en el lenguaje de la gente, recogiendo las frustraciones y las esperanzas del Pueblo de Dios al que pastoreaba.

Gracias al trabajo de sus colaboradores las homilías del Cardenal Julio Terrazas han quedado registradas en diversos formatos (audio, textos y videos), es un material que debería ser recolectado y clasificado para sistematizar el profundo pensamiento teológico que este pastor ha aportado, no sólo a la Iglesia Latinoamericana, sino a la Iglesia Universal. Si bien, el lenguaje oral es tan distinto al escrito, todo este acervo podría ser contextualizado en los distintos momentos sociales e históricos que le tocó vivir como arzobispo y como presidente de la Conferencia Episcopal de Bolivia. Sus palabras, por tanto, no representaban su postura personal sino la respuesta del episcopado boliviano.

La memoria de Cardenal Julio Terrazas aún están muy vivas entre nosotros. No dejemos pasar mucho tiempo para ofrecerlas y facilitarlas a las próximas generaciones.

*Ariel Beramendi es comunicador social y doctor en teología