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CARDENAL JULIO TERRAZAS CONMOVIDO POR LOS GESTOS DEL PAPA FRANCISCO

El cardenal boliviano Julio Terrazas Sandoval, arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, se siente “conmovido” por los gestos en sus primeras semanas como obispo de Roma del papa Bergoglio, con quien mantiene una larga amistad. Invita Terrazas a toda la Iglesia a aprender de la experiencia de Aparecida y advierte de que la comunidad cristiana no puede “dejarse dominar por estructuras inamovibles”.
– ¿Cómo está viviendo los primeros compases del pontificado de Francisco?

– Con emoción y sorpresa por el espíritu con el que está empezando su misión, con sencillez, claridad y avanzando con dulzura, proponiendo siempre lo mejor para una vida sencilla, como debe ser la vida cristiana. Le agradezco a Dios por haber sido partícipe en este acontecimiento que ha conmovido de alegría al mundo entero.

– ¿Cómo valora sus gestos?

– Con ellos nos hace comprender que, en un mundo tan lleno de cosas artificiales y hastiado de tantos espectáculos, hace falta un espacio de libertad sencillo, para hacer lo que uno siente y decir lo que uno desea sin imposiciones o discursos vagos. De sus gestos me conmovió cuando, al presentarse por primera vez en el balcón central de la Basílica de San Pedro, bajó la cabeza para pedir la oración de los fieles. Esa capacidad de ponerse a disposición de la oración de todo el pueblo me impresionó. Hubo una muy bonita respuesta. ¡Con qué silencio y fervor el pueblo oró con él y también por Benedicto XVI! Luego vi al Papa en el encuentro con los cardenales, en el que estuvo muy familiar y cercano. A pesar de venir de tan lejos, conocía a casi todos los cardenales y a cada uno le decía una palabra de aliento.

    “Hago votos para que Francisco
    mantenga, cultive y tenga la posibilidad
    sobre todo de no defraudar, dando respuestas sencillas,
    conmovedoras y alentadoras para nuevos compromisos”.

– ¿Qué relación mantenía con Jorge Mario Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires?

– En América Latina, el vivir la amistad es propio de los pastores, gracias a un medio tan oportuno que se ha creado allá como es el CELAM. Es una escuela de comunión, de amistad, de conocimiento y también para intercomunicar nuestros anhelos y problemas. Allí coincidimos en varias reuniones y comisiones. Tuve, además, la posibilidad de asistir al Congreso Eucarístico Nacional de Corrientes como delegado papal, mientras que él era el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Pudimos ahondar mucho más en el conocimiento mutuo, lo que nos llevó a una amistad sincera y sencilla, que nos hace sentir en verdadera comunión con el Señor y entre nosotros.

Capacidad de sorpresa

– ¿Seguirán las sorpresas con Francisco?
– Es importante que no se pierda la capacidad de sorpresa. Nuestro Dios es sorprendente para innovar las cosas. Espero y hago votos para que Francisco mantenga, cultive y tenga la posibilidad sobre todo de no defraudar, dando respuestas sencillas, conmovedoras y alentadoras para nuevos compromisos.

– ¿Se coló la geopolítica en la Capilla Sixtina? ¿Era importante que fuese un papa americano?

– Desde hace tiempo, se venía hablando de que debía haber una respuesta al catolicismo mayoritario. Más allá de esta cuestión, está una experiencia pastoral, de vivencia de fe que puede ser enriquecedora para las otras Iglesias del mundo. Nos alegramos de que haya venido alguien de América Latina, pero estamos convencidos de que no es un papa solo para América Latina.

– ¿Con Francisco podrá exportarse a toda la Iglesia la experiencia de creatividad pastoral de Aparecida?

– Quizás en su totalidad no. Esperamos que ese dinamismo que ha mostrado nuestra Iglesia en América Latina no sea solo un modelo a seguir, sino también un impulso para buscar las formas más adecuadas de lenguaje para responder a las necesidades de los pueblos diversos.

    “Es importante que retomemos el espíritu de Aparecida.
    No hay que dejarse dominar por estructuras inamovibles,
    sino dejarnos llevar por el movimiento,
    como nos recordaba el Papa”.

– ¿Espera que Francisco descentralice y redefina la relación entre Roma y los episcopados locales, dando más autonomía a estos, como piden muchos fieles?

– En todo grupo humano, y la Iglesia es tremendamente humana, así como también divina, hay siempre espacio para un cambio, una conversión y un reconocimiento. Es importante que retomemos el espíritu de Aparecida. Se habla de una conversión personal, pero también de las estructuras. Hay que buscar la solución a los problemas que nos puedan venir. No hay que dejarse dominar por estructuras inamovibles, sino dejarnos llevar por el movimiento, como nos recordaba el Papa.

– ¿Se expresó en el cónclave la incomodidad de algunos pastores por cómo ha trabajado la Curia romana los últimos años?
– Hubo constataciones e ideas contrastantes, pero todos coincidimos en que la Curia, como toda obra humana, tiene que seguir adaptándose de forma más radical al Evangelio para responder a un Pueblo de Dios que está esperando con ansia.
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