Análisis

CANDELERO O LUZ

“Nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o para colocarla debajo de la cama. Por el contrario, la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz”. Lc 8, 16

Estabamos en una celebración y el presidente de la misma nos invitó a que manifestaramos cómo era nuestra experiencia vital de ser reflejo de luz, testimonio de Cristo.

Esa invitación provocó en mí, hacer volar la imaginación, llevándome a interrogar mi vida, mi hacer, mi responder al legado, que como bautizado, llamado a ser reflejo del Dios que nos quiere y nos ama.

¿Qué hago con el carisma, que el Señor, como persona me ha regalado y como seguidor de Él debo brindar, ofrecer y proclamar?
Ciertamente podemos manifestar que quien anuncia, denuncia y sino renuncia.

En muchas ocasiones hay temor, vergüenza a mostrar lo que somos, a manifestar cuál es la motivación de nuestro ser y actuar, ser luz que refleja a quien decimos que seguimos, ser portadores, candelero de la participación de su luz.

¿Candelero o luz? Bien sabemos la diferencia el candelero es simplemente para colocar el cirio, la vela…
Nosotros como agentes de pastoral: laicos, religiosos, sacerdotes… ¿Qué somos candelero o luz? ¿Qué hacemos con la luz? ¿Somos conscientes de que somos un simple candelero, que somos portadores de la luz; que no somos nosotros los importantes, que nuestro ser, nuestro decir, nuestro actuar lleve a reflejar, ser luz, pues el es quien motiva y anima nuestro vivir?

Estamos en la Misión Permanente, dejándonos encontrar por Cristo para ir al encuentro del hermano. Para ello, es necesario permitir ser acogidos por Cristo para  acogernos tal como Él nos acoge. 

¿ Cómo es mi encuentro y mi acogida al hermano: como maestro que lo sabe todo o como hermano que desea compartir su fe, su experiencia de Dios?

Sería bueno que purificaramos nuestro ser, nuestro vivir, pues corremos el peligro de que quien nos vea sienta y resuene en su interior:

“¿Dios?… ¿de quién?
¿Dios?… ¿para quién?
¿Dios?… ¿por qué?
Pueblo sencillo,
pueblo fiel.
¿Pueblo?… ¿de quién?
¿De Dios?
¿Para Dios?
¿Por Dios?
¡Por Dios!… Si hablas de Dios,
¡No prostituyas a Dios!
silencia tu boca,
corta tu lengua
y no hable más.
Pues por mucho que cacarees,
por mucho que te esfuerces,
por mucho que digas…
no crees ni en Dios.
Si de verdad creyeras…
con tu odio al hermano,
con tu desprecio al otro,
con tu sonrisa repugnante,
socarrona e insultante…
¡Te ríes de DIOS!
¡Prostituyes a DIOS!
¡Alejas a DIOS!
Y… yo grito:
“adiós” a tu “dios”
Me solidarizo con el pueblo
pues, al menos espera,
se esfuerza e intenta
encontrar al DIOS
que no sea tu YO.”      

trikubeltz@gmail.com