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BUENOS MAESTROS, PARA NO HIPOTECAR EL DESARROLLO DE LOS NIÑOS

El presidente del Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC), presbítero Alberto Agustín Bustamante, valoró la idea de retomar las jornadas de formación para educadores de los niveles inicial y primario, al considerar que estos son “niveles fundantes de las posibilidades para el desarrollo integral de la persona humana”.

“Santa Teresa de Ávila decía que ‘las cosas son como se las principia’ y estos son dos niveles del sistema escolar que dan ‘los principios sobre los que se cimenta todo el proceso de enseñanza-aprendizaje’. Por lo que, y lo sabemos muy bien, los buenos maestros son fundamentales para no hipotecar las posibilidades del desarrollo bio-psico-social y espiritual de los niños”, subrayó en el editorial del mes de julio.

Tras preguntar “qué maestros necesitan nuestros niños”, respondió: “Sin lugar a dudas maestros que hablen cada vez mejor ‘su idioma’ porque los quieren”.

     “Maestros que ‘les impongan las manos’ de la cercanía, el afecto, la seriedad profesional, la formación permanente, la oración por ellos, el preocuparse por curar sus heridas. Maestros que no queden entrampados en una autorreferencialidad autista y victimizada que deje a los alumnos en la pampa y en la vía”, precisó.

El sacerdote graficó que “los niños sólo comprenden el concepto que ‘viaja’ a través del gesto. No hay ninguna posibilidad de educarlos desde intelectualismos pedagógicos salidos, al decir del sacerdote milanés Luigi Giussiani, de ‘las jaulas de categorías ideológicas’, y que en nuestro tiempo y en muchas propuestas de reformas curriculares, los hay y muchos”.

“Todo acto educativo –explicó- es un acontecimiento de encuentro, es una experiencia de comunión de vida, de bienes, de saberes, de conocimientos que se sustenta en el testimonio que hace patente el valor que enseña y en la palabra que explicita lo testimoniado”.

El presbítero Bustamante sostuvo que “nuestros niños tienen una sutileza infalible para detectar sin error la verdad en el testimonio. Son mucho más sutiles y perceptivos que nosotros ‘los intelectuales’. Lamentablemente el modo de detectarlo no es expresándolo en palabras sino en el ‘hipotecamiento’ de sus posibilidades de desarrollo integral”.

“Los miles de niños que nos observan en nuestras aulas nos toman inexorable y diariamente examen de humanidad. Dios quiera que no nos bochen”, concluyó.