Análisis

Blanca Acebey R.: “El derecho a la vida”

 Hoy estamos viviendo en Bolivia y el mundo un estilo de vida donde la moda ha impuesto todo lo light, dicho de otro modo, una vida libre de compromiso, ni chicha ni limonada, ni totalmente hombres ni totalmente mujeres, un tiempo donde los valores y los principios se han diluido hasta el punto de convertirse en vagas imágenes de lo que es el bien y lo que es el mal. Surge entonces la insensata idea de que todo es posible, como una trampa perversa, para quienes se ilusionan y equivocadamente se sienten dueños y señores de la vida y de sus vidas.

El derecho a la vida es el fundamento básico de la existencia de la humanidad, desde el inicio de los tiempos, el derecho a la vida es inherente al ser humano que además supone una relación profunda con la naturaleza. El derecho a nacer y vivir, surge desde el momento de la concepción, aun considerando cualquier teoría explicativa de la vida del hombre como colectivo está dotado de inteligencia y voluntad, para entrar activamente en relación con Dios. Es así que el Creador, nos bendice, al fin de su creación: “Sean fecundos, y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla” ( Gen 1:28).

Dios es dueño de la vida, quienes tenemos este conocimiento y lo aceptamos como principio, somos llamados a cuidar, a defender la vida en todas sus manifestaciones, sin distinción.

No es casualidad sino providencia que exista un orden en nuestras realidades diversas. Hombres y mujeres elegimos según este orden a nuestros representantes en el orden político, social y jurídico, los elegimos para que defiendan y promuevan el respeto, armonía, equidad en la búsqueda del vivir bien.

Entre los representantes y el pueblo pueden existir diferencias…pero no dejan de ser nuestros representantes a los que podemos dirigirnos, entonces alguien como yo, sumergida en el océano de los incognitos, de los sin voz, reclamo y me uno a aquellos que aún no han nacido, porque hay una proyecto de ley que posibilitará que bajo argumentos falsos se impida nacer a mujeres y hombres, hijas e hijos de Dios. Quitar la vida a un inocente que no puede defenderse no es correcto.

La propuesta de despenalización del aborto plantea circunstancias para justificar la muerte de seres humanos en proceso de gestación, lo que nos llevará sin duda, una vez más, a ser arrastrados por el cauce de una modernidad sin rumbo, un cauce en que la humanidad cada vez pierde un poco más su propia humanidad.