Análisis

Atacar la migración desde el origen

Con espanto y con dolor, el mundo es testigo de las redadas en Estados Unidos para ‘cazar’ inmigrantes ilegales y deportarlos a sus países de origen. Comenzaron el sábado 13 de julio y modificaron la rutina de hombres y mujeres (muchos bolivianos) que partieron al norte en busca del “sueño americano” y que ahora no saben dónde esconderse para no ser atrapados por la Policía Migratoria de ese país.

No obstante, la verborragia del presidente estadounidense, Donald Trump, es mucho más agresiva que las acciones desarrolladas hasta el momento. Por un lado, no duda en exhibir las prisiones creadas para los inmigrantes ilegales (espacios hacinados); por otro, anuncia redadas, ataca a legisladoras afroamericanas o con otro origen, a las que les dice que se vayan a sus países; o finalmente mantiene su discurso xenófobo exacerbado, a sabiendas de que este le reditúa apoyo entre los blancos de su país y también entre muchos llegados de otros países.

Se calcula que hay unos 12 millones de inmigrantes ilegales en EEUU. No obstante, de acuerdo con datos del Centro de Investigaciones Pew (Pew Research Center por sus siglas en inglés), las acciones contra la población carente de documentación en el país de Donald Trump han tenido variaciones en los últimos dos años.

Por ejemplo, la población de indocumentados cayó en dos millones de personas entre 2007 y 2017; la mayoría de los inmigrantes ya no es de México, tanta diatriba contra estos ciudadanos provocó que dejen de optar por EEUU en primer lugar; en cambio, los que más acuden a esta nación son los centroamericanos (República Dominicana, El Salvador y Guatemala), quienes huyen de las mafias organizadas y la altísima inseguridad de sus países.

Se combate a los inmigrantes pobres, a los que pagan a los coyotes para cruzar la frontera, a los que buscan trabajos en el nivel más básico de la escala laboral, a los que no encuentran más alternativa que dejarlo todo para subsistir. En contraposición, las mafias internacionales no han sido atacadas y mantienen su poder, usando y sometiendo incluso a los más desprotegidos para sus fines, lo cual pone en duda la política migratoria estadounidense y los discursos de su presidente.

Al analizar el flujo migratorio, tanto al norte de nuestro continente como a los países de Europa, se puede detectar que la causa de expulsión es la pobreza, la violencia y otros factores que ya no son solo de unas cuantas naciones, sino de todo el planeta. Problemas que terminan siendo globales y que los países poderosos no visualizan como un factor de riesgo al que se debe atacar con acciones conjuntas. La persecución no resuelve estas situaciones, por el contrario, las hace más complicadas y está demostrado que las políticas muy duras no consiguieron atenuar la desesperada búsqueda de opciones de vida digna.

En el caso boliviano, hace poco se supo del accidente en una mina chilena en la que murieron dos compatriotas. Ellos salieron del país porque no hallaban opciones de trabajo en territorio nacional, lo que debe ser un llamado de atención para generar políticas que permitan retener al recurso humano y evitar el dolor de estar perseguido lejos de su casa.

Editorial de El Deber 18/07/2019