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Arzobispo: “Estamos llamados a participar del Sínodo, proceso en unión de corazón, mente y espíritu, testimoniando la alegría del Evangelio”

 

Así mismo el prelado aseveró que nadie debe quedarse al margen del camino del pueblo de Dios, al igual que los discípulos y la multitud de gente que siempre seguían Jesucristo, como nos testimonia también el episodio del Evangelio de hoy.

“Celebración de Apertura del Sínodo para una Iglesia Sinodal”

                                                Fotografía: Terrazas Gaviota

De esta celebración de apertura del Sínodo para una Iglesia Sinodal Diocesana participaron: Mons. Braulio Sáez, Mons. René Leigue, el Vicario General, P. Juan Crespo y los Vicarios Episcopales de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

El Domingo anterior el Papa Francisco, en la Basílica de San Pedro en Roma, ha celebrado la Misa de Apertura del Sínodo de los Obispos que tiene como tema: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Es un itinerario que durará hasta el año 2023 y que está articulado en tres fases: diocesana, continental y universal. Y hoy nos toca a todas las diócesis del mundo dar inicio a este proceso en el que todos estamos llamados a participar y a dar nuestro aporte para imprimir un renovado espíritu a nuestro caminar de Iglesia.

El Arzobispo cruceño afirmó que, para nuestra Arquidiócesis la experiencia sinodal no es del todo nueva. Nuestro recordado pastor, el Card. Julio Terrazas, bajo la inspiración del Espíritu Santo, convocó el II Sínodo diocesano que se realizó desde 1998 al 2001. En esa iniciativa se involucraron todos los sectores del pueblo de Dios, las parroquias, vicarías, comisiones, áreas pastorales y demás realidades eclesiales.

                                          Fotografía: Terrazas Gaviota

“La Iglesia es una comunidad donde hay que escuchar al otro y caminar juntos y en la misma dirección”

Ese fue un don del Señor que nos hizo comprender que la Iglesia es una comunidad donde hay que escuchar al otro y caminar juntos y en la misma dirección y que Sínodo e Iglesia son sinónimos. La experiencia fue tan intensa y participativa que sigue marcando profundamente la pastoral de nuestra Arquidiócesis hasta el día de hoy. Así lo hemos expresado con el hermoso canto elaborado en esa oportunidad y que hemos cantado al iniciar esta celebración.

“El Sínodo un acontecimiento de gracia, un proceso de comunión y un compromiso misionero bajo la guía del Espíritu Santo”

En esta misma visión, el papa Francisco el domingo pasado ha indicado que el Sínodo no es una asamblea o un convenio, sino un acontecimiento de gracia, un proceso de comunión y un compromiso misionero bajo la guía del Espíritu Santo. Se trata de una escucha recíproca entre hermanos y hermanas que compartimos y vivimos la misma fe, incluyendo a los que están al margen de la comunidad, los que se han alejado de la Iglesia, los que piensan distinto y también los que no cree en Dios.

La Iglesia también necesita conocer la vida de fe de tantos creyentes que es ignorada, por eso la escucha mutua debe guiarnos en la búsqueda del camino de fe y la transparencia del testimonio, a la luz del Espíritu Santo y en actitud de humildad y apertura.

“El servicio es el elemento que debe caracterizar la espiritualidad y la carta constitucional de la Iglesia y de todo cristiano

Por eso, Jesús los convoca a su alrededor y, partiendo de una constatación de la realidad política de entonces, condena todo poder tiránico y opresor: “Los gobernantes en los pueblos paganos los dominan con tiranía y los poderosos abusan de su poder”. Luego señala a los discípulos cual actitud deben asumir en el ejercicio de la autoridad en la comunidad: “Entre Uds. no debe ser así. Al contrario, el que quiera el primero, que se haga servidor de Todos.  Para Jesús, el servicio es el elemento que debe caracterizar la espiritualidad y la carta constitucional de la Iglesia y de todo cristiano.

“El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por la multitud”.

El servicio es un aspecto central de nuestra identidad de pueblo de Dios, el distintivo que garantiza la continuidad entre la Iglesia y Jesucristo: “El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por la multitud”.

Dar “la vida en rescate por la multitud”, son las palabras que sintetizan la misión de Jesús que entregó toda su existencia al servicio de la salvación de la humanidad. Gracias a su muerte en cruz, Jesucristo es el Señor de la vida que nos libera de las ataduras del mal y el pecado, nos da la vida y nos hace capaces de compartir la esperanza de la vida y del gozo sin fin con los demás

“El anuncio y testimonio de la Buena Noticia del reino de Dios, es otro de los servicios que el Sínodo nos pide compartir con los que todavía no la conocen”

Como nos ha indicado el Papa Francisco el domingo pasado, esta misión desafiante necesita un discernimiento espiritual y eclesial que “se realiza en la adoración, en la oración, en contacto con la Palabra de Dios. 

Jesús, nos llama en estos días a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos.

“Que podamos ser peregrinos enamorados del Evangelio, abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo”

¡Buen camino juntos! Que podamos ser peregrinos enamorados del Evangelio, abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo. No perdamos las ocasiones de gracia del encuentro, de la escucha recíproca, del discernimiento. Con la alegría de saber que, mientras buscamos al Señor, es Él quien viene primero a nuestro encuentro con su amor.

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

/17/10/2021

El Domingo anterior el Papa Francisco, en la Basílica de San Pedro en Roma, ha celebrado la Misa de Apertura del Sínodo de los Obispos que tiene como tema: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Es un itinerario que durará hasta el año 2023 y que está articulado en tres fases: diocesana, continental y universal. Y hoy nos toca a todas las diócesis del mundo dar inicio a este proceso en el que todos estamos llamados a participar y a dar nuestro aporte para imprimir un renovado espíritu a nuestro caminar de Iglesia.

Para nuestra Arquidiócesis la experiencia sinodal no es del todo nueva. Nuestro recordado pastor, el Card. Julio Terrazas, bajo la inspiración del Espíritu Santo, convocó el II Sínodo diocesano que se realizó desde 1998 al 2001. En esa iniciativa se involucraron todos los sectores del pueblo de Dios, las parroquias, vicarías, comisiones, áreas pastorales y demás realidades eclesiales.

Esa fue un don del Señor que nos hizo comprender que la Iglesia es una comunidad donde hay que escuchar al otro y caminar juntos y en la misma dirección y que Sínodo e Iglesia son sinónimos. La experiencia fue tan intensa y participativa que sigue marcando profundamente la pastoral de nuestra Arquidiócesis hasta el día de hoy. Así lo hemos expresado con el hermoso canto elaborado en esa oportunidad y que hemos cantado al iniciar esta celebración.

En esta misma visión, el papa Francisco el domingo pasado ha indicado que el Sínodo no es una asamblea o un convenio, sino un acontecimiento de gracia, un proceso de comunión y un compromiso misionero bajo la guía del Espíritu Santo. Se trata de una escucha recíproca entre hermanos y hermanas que compartimos y vivimos la misma feincluyendo a los que están al margen de la comunidad, los que se han alejado de la Iglesia, los que piensan distinto y también los que no cree en Dios.

La Iglesia también necesita conocer la vida de fe de tantos creyentes que es ignorada, por eso la escucha mutua debe guiarnos en la búsqueda del camino de fe y la transparencia del testimonio, a la luz del Espíritu Santo y en actitud de humildad y apertura.

Todos estamos todos llamados a participar de este proceso en unión de corazón, mente y espíritu, testimoniando la alegría del Evangelio, en respuesta a la sed de verdad, autenticidad y vida, sed que sólo Dios puede saciar.

Nadie debe quedarse al margen del camino del pueblo de Dios, al igual que los discípulos y la multitud de gente que siempre seguían Jesucristo, como nos testimonia también el episodio del Evangelio de hoy. Jesús hace una parada en su camino hacia Jerusalén, donde le espera un destino trágico como había anunciado a sus discípulos por tres veces.

A pesar de su insistencia y esfuerzos para hacerles comprender que la salvación de la humanidad debe pasar por la entrega total de su vida, ellos siguen encerrados en sus sueños de grandeza, poder y prestigio, esperando ocupar los puestos más importantes. Por eso, no extraña el pedido que los dos hermanos Santiago y Juan hacen a Jesús:” Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria”. Pero, Jesús en su respuesta pone en evidencia la contraposición entre su modo de pensar y el de los dos hermanos: “No saben lo que piden”.

A continuación, les hace una pregunta: “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?”. Jesús les pide “beber el “cáliz” de la humillación, del sufrimiento y de la muerte, el cáliz que redime y que salva en la perspectiva del martirio, pero los dos discípulos sueñan con sentarse en el “trono” de gloria a lado de Jesús.

Por eso, presumidos de sus propias fuerzas y capacidades, responden: “Podemos”; ellos afirman que pueden beber el cáliz, pero él del poder y no del servicio y la entrega.

Lo que desconcierta es que no solo los dos hermanos buscan el poder, sino también los otros discípulos, en todos ellos sobresale el mismo afán mundano de dominio y poder: “se indignaron contra Santiago y Juan”. Su enfado no se debe al hecho que los dos hermanos no hayan entendido el mensaje de Jesús, sino porque se les han adelantado en querer ocupar los lugares de mando.

Por eso, Jesús los convoca a su alrededor y, partiendo de una constatación de la realidad política de entonces, condena todo poder tiránico y opresor: “Los gobernantes en los pueblos paganos los dominan con tiranía y los poderosos abusan de su poder”. Luego señala a los discípulos cual actitud deben asumir en el ejercicio de la autoridad en la comunidad: “Entre Uds. no debe ser así. Al contrario el que quiera el primero, que se haga servidor de Todos.  Para Jesús, el servicio es el elemento que debe caracterizar la espiritualidad y la carta constitucional de la Iglesia y de todo cristiano.

El servicio es un aspecto central de nuestra identidad de pueblo de Dios, el distintivo que garantiza la continuidad entre la Iglesia y Jesucristo: “El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por la multitud”.

Dar “la vida en rescate por la multitud”, son las palabras que sintetizan la misión de Jesús que entregó toda su existencia al servicio de la salvación de la humanidad. Gracias a su muerte en cruz, Jesucristo es el Señor de la vida que nos libera de las ataduras del mal y el pecado, nos da la vida y nos hace capaces de compartir la esperanza de la vida y del gozo sin fin con los demás

El anuncio y testimonio de la Buena Noticia del reino de Dios, es otro de los servicios que el Sínodo nos pide compartir con los que todavía no la conocen. Como nos ha indicado el Papa Francisco el domingo pasado, esta misión desafiante necesita un discernimiento espiritual y eclesial que “se realiza en la adoración, en la oración, en contacto con la Palabra de Dios. 

Jesús, nos llama en estos días a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestras cerrazones y de nuestros modelos pastorales repetitivos; a interrogarnos sobre lo que Dios nos quiere decir en este tiempo y en qué dirección quiere orientarnos.

Queridos hermanos y,kmc hermanas, ¡buen camino juntos! Que podamos ser peregrinos enamorados del Evangelio, abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo. No perdamos las ocasiones de gracia del encuentro, de la escucha recíproca, del discernimiento. Con la alegría de saber que, mientras buscamos al Señor, es Él quien viene primero a nuestro encuentro con su amor.  Amén

 

Fuente: Campanas – Iglesia Santa Cruz