Sucre

Artículo semanal de Mons. Jesús Pérez: “Déjenlos crecer juntos”

DÉJENLOS CRECER JUNTOS


El domingo pasado reflexionamos sobre la semillas de la palabra que caen en mal lugar y por ello se pierden y las que caen en buena tierra que llegan a producir gran futo. Hoy, vemos en la parábola que nos da Mateo en 13,24-43 que en el terreno bueno aparecen malezas por la mala semilla que sembró el enemigo. Era muy normal que junto al trigo brotara la cizaña. Lo importante es ¿qué habrá que hacer?

La parábola del trigo y la cizaña viene a responder, sin duda alguna, a varias preguntas que nos podemos hacer: ¿por qué permite Dios tanto mal en el mundo? ¿Por qué permite que la cizaña crezca junto al trigo?

Además de la parábola de la cizaña en el evangelio de este domingo están otras dos parábolas más. Las tres, podemos afirmar, se refieren a la Iglesia. Las tres es necesario meditarlas para que nos ayuden a entender el mal y el bien en la Iglesia, esposa amada de Cristo, que encierra en su seno elementos negativos y positivos, justos y pecadores. Hay cristianos dentro de la Iglesia que son testigos valientes del Evangelio y también cristianos sin coherencia.

El domingo pasado se nos hablaba de la fuerza que lleva en sí la Palabra de Dios al caer en cada persona. Hoy se nos habla del grano de mostaza que es tan pequeño pero que sembrado llega a ser un arbusto. Todas estas comparaciones ponen en evidencia la pequeñez del comienzo -el grano de mostaza, la levadura- y el maravilloso resultado, tanto en el arbusto como en la masa fermentada. Especialmente se ve con evidencia la vitalidad interior que tiene la Palabra de Dios, capaz de transformar el universo entero.

Las comparaciones de la semilla de mostaza y de la levadura nos enseñan la forma de actuar de Dios. El estilo de Dios siempre es sencillo y humilde. La semilla y la levadura transforman sin espectacularidad. Por ello, los cristianos debemos seguir el ejemplo de Jesús en todo nuestro quehacer. No podemos basar nuestro actuar cristiano en el poder, el prestigio, ni en estadísticas triunfalistas
Rubén Darío dice en “los motivos del lobo” que “en el hombre existe mala levadura” fue y sigue siendo sembrada por el diablo. La inclinación hacia el mal la debemos al pecado de nuestros primeros padres, llamándolo pecado original. La conciencia de esta realidad del mal en cada uno no debe llevarnos a olvidar la grandeza y la hermosura que Dios ha puesto en nosotros, cuándo creó al hombre y a la mujer Dios se expresó así: “y vio que todo era muy bueno”.

Cristo explica la parábola de la cizaña a sus discípulos. La aplicación la hace a la vida cristiana, a los discípulos, a la Iglesia. El sembradores Cristo; el campo, el mundo; el trigo, los buenos; el enemigo, el que siembra la mala hierba, el diablo; la cizaña, los hijos del mal; la ciega, al final de los tiempos; los segadores, los ángeles…

El tema del mal y el bien coexiste en el mundo, o sea, malos y buenos andan juntos, en la familia, en la vida social y en la misma Iglesia. A Dios no le gusta el mal. Dios no quiere que haya cizaña ni que triunfen los injustos, los corruptos y malvados. Pero tampoco quiere exterminarlos, como leemos hoy en la primera lectura en el libro de la sabiduría, aunque Dios sea todopoderoso y lo pudiera hacer, no castiga al malo: “tú soberanía universal te hace perdonar a todos”, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia.
Cristo, siendo Dios omnipotente ha querido que se deje el juicio y la separación de buenos y malos, para el final del mundo. Dios es el juez pacientísimo que, propone una perspectiva más a largo plazo. No quiere que se arranque lo malo, pues se pueden arrancar las posibilidades de hacer el bien, de convertirse. Dios quiere que el bien y el mal crezcan juntos.

Mons. Jesús Pérez Rodríguez, OFM.
ARZOBISPO EMÉRITO DE SUCRE

Sucre 20 de julio de 2014