Análisis

Antonio Pelayo: “Echevarría”

Don Javier ha fallecido en Roma a los 84 años de edad. El fundador San Josemaría murió con setenta y tres y su sucesor el beato Álvaro del Portillo con ochenta. Ha sido, pues, más longevo que sus dos predecesores y ha gobernado la Prelatura del Opus Dei durante los últimos veintidós años. Su muerte abre una nueva etapa en la historia de esta institución eclesial. Como dijo en la misa de su funeral el vicario auxiliar de la Obra monseñor Fernando Ocáriz, el madrileño Echevarría «tuvo que responder a un desafío: ser el sucesor de dos santos, San Josemaría y el beato Álvaro del Portillo. Estaba convencido de no estar a la altura. Pero a la vez tenía la fuerza espiritual y la valentía para ir adelante sin perder nunca la esperanza porque era uno de esos pequeños a quienes el Señor ha revelado el misterio de su amor». Tuve ocasión de conocer personalmente al prelado ahora fallecido y siempre aprecié en él su aire de natural sencillez y un envidiable sentido del humor. Y no le tocó vivir tiempos fáciles para la prelatura. No hace aún tantos años que algunos se referían a ella llamándola la «masonería blanca» o, peor aún, la «santa mafi a». El Parlamento italiano tuvo que discutir una moción que sostenía que la Obra era una «organización secreta» y que, por lo tanto, el Estado debía prohibirla. No se olvide, tampoco, el ataque que contra el Opus subyacía en «El Código da Vinci» y en la película basada en dicho libro. Si ese clima denigratorio ya no es lo que era se debe al apoyo de monseñor Echevarría a una política informativa de puertas abiertas y no limitada a la defensiva. En el plazo máximo de tres meses, los miembros del Consejo General («nombrados de por vida por el prelado») elegirán al sucesor de monseñor Echevarría. Ojalá acierten en su elección, que podría recaer, por primera vez, en un sacerdote no español que, como dicen los estatutos, sea «hijo de matrimonio legítimo, goce de buena fama y tenga al menos cuarenta años».