Santa Cruz

Año Nuevo, Vida Nueva. Mensaje de monseñor Reimman al iniciar el 2020

Año Nuevo, Vida Nueva

MENSAJE DEL MONSEÑOR ANTONIO BONIFACIO REIMANN PANIC PARA EL MES DE ENERO 2020.

Es el tiempo de Navidad, que se prolonga en los primeros días del año Nuevo hasta la Epifanía, y nos invita a dirigir nuestra atención hacia una nueva vida, la vida de Dios en nosotros, y el compromiso cristiano de hacerla crecer y compartir con los demás.

Hace poco tiempo una madre me dijo, que desde el momento del embarazo, y luego del nacimiento de la hija, su vida cambio totalmente. A partir de este hecho su vida entera giró alrededor de su hija, todo lo que hacía, lo hacía pensando en ella, todo lo que decía, lo decía pensando en su hija…estas palabras me hicieron pensar en la vida nueva que hemos recibido en el día de nuestro bautismo en el seno familiar, y que nos introdujo también a una nueva familia: la Iglesia.La Palabra de Dios, fuente del mundo nuevo.

La novedad debe relacionarse con la ruptura de aquello que está gastado, que no produce vida, que ha perdido el vigor, incluso que se ha desvirtuado, así lo encontramos en la Sagrada Escritura. El evangelio (Mt 9,16-17)nos habla de odres viejos, de tejidos viejos… que se revientan, que acaban deshaciéndose por la fuerza de lo nuevo. Pablo insiste en su cartas sobre la necesidad de abandonar todo aquello que provoca la muerte y renacer a la vida del Espíritu (Col 3,3-10, Gal; Ef), que es la que comunica la felicidad tan buscada, la verdadera alegría; la paz y todos los frutos del amor. También se cierra la Biblia con esta promesa de convertir, de transformar, de recrear la vida: “He aquí que vengo y hago nuevas todas las cosas” Ap 21,5.

El Sínodo de Amazonía que se celebraba en Roma en el pasado mes de octubre, llevaba como lema: “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Según los Padres sinodales, la novedad se inicia con la escuchas del clamor de la tierra y de los pobres, y provoca la conversión pastoral, cultural, ecológica y sinodal, motivo para dar gracias.

En mi regreso a Bolivia, el domingo de la Sagrada Familia, para retomar con la ayuda de Dios, la misión en la gran Familia de los hijos de Dios que peregrina en el Vicariato, doy gracias a Dios, por todas las personas que se parecen a esa madre que he mencionado un poco más arriba, se preocupan por la Nueva Vida de Dios, a través de la oración familiar, la devoción mariana; familias que fomentan la vida y comunión por medio de la devoción eucarística, que no abandonan el encuentro con el Señor en la Santa Misa dominical y cuidan el encuentro con la familia junto a la mesa, en su casa. Familias que en medio de tantos quehaceres tienen tiempo para las obras de la caridad dentro y fuera de su familia.

Nuestra preocupación sin embargo, es también motivo de sufrimiento, la experiencia dolorosa de la casa común, de la familia desintegrada, de poca participación de muchas familias en la vida de la parroquia, de las situaciones sociales que deberían revertirse en mayor atención a los pobres, a los marginados, a los desplazados viendo esta realidad herida, nos preguntamos: ¿Hacia dónde concretar la novedad? ¿Hacia dónde orientar la conversión, el cambio, el profundo propósito de dejar lo que maltrata nuestra existencia, las relaciones interpersonales, el encuentro con el Señor…?

Nuestra respuesta desde la vivencia de la Familia cristiana el Papa Francisco en la Solemnidad de la Sagrada Familia de este año, nos invita a dirigir nuevamente nuestra mirada a la Familia de Nazaret.“María, José y Jesús rezaban, trabajaban, se comunicaban” y, he aquí, que de modo espontaneo, la pregunta que le surgió al Papa en este día fue: “¿tú, en tu familia, sabes comunicarte, o eres como esos chicos que sentados a la mesa, cada uno con el teléfono móvil, está chateando?” debemos retomar la comunicación en familia: los padres con los hijos, con los abuelos, los hermanos entre sí… Es una tarea que hay que hacer hoy, precisamente en el Día de la Sagrada Familia.

La Sagrada Familia de Nazaret representa “una respuesta coral a la voluntad del Padre”: Entre sí se ayudan a realizar el proyecto de Dios, rezando, trabajando y comunicándose. “Que ellos -concluyó el Papa en su reflexión, – sean modelo para nuestras familias, a fin de que padres e hijos se sostengan mutuamente en la adhesión al Evangelio, fundamento de la santidad de la familia”.Al concluir este mensaje, agradezco a todas las personas que se preocupan por cuidar está nueva vida durante mi ausencia, tanto en la familia de sangre, como en la familia más grande que es la parroquia, el Vicariato, en todas la áreas pastorales…Al iniciar este Ano Nuevo encomendamos a María “Reina de la familia” y “Reina de la Paz” a todas las familias, para que sean fermento de una vida nueva en Cristo, fundamento para una Patria nueva.Dios les bendiga y guarde en su Amor.

Fraternalmente,

+Antonio

Fuente y Foto: El Mensajero