Internacional

Amor, solidaridad y trabajo en equipo, la columna vertebral del servicio

(Buenos Aires /Argentina)   El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mario Aurelio Poli, predicó un retiro para los voluntarios de Cáritas y agentes de otros servicios pastorales, en el que presentó una iluminación sobre la misión de la Iglesia y una reflexión sobre el ejemplo en la caridad del beato José Gabriel Brochero.

El prelado porteño brindó dos meditaciones por la mañana, seguidas de momentos de reflexión personal. Al mediodía presidió un momento de adoración eucarística, y por la tarde otra meditación y reflexión con espacio para hacer a preguntas. La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía.

En su primera alocución, Monseñor Poli trajo a colación una reflexión del papa emérito Benedicto XVI en la encíclica Deus Caritas Est –“Dios es amor”-, donde se expone una visión de la Iglesia que catalogó como llena de “galanura y belleza”.

El arzobispo explicó que la naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: el anuncio de la Palabra de Dios, la celebración de la fe y los sacramentos y el servicio –diakonía, expresó en reiteradas ocasiones- de la caridad. “Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra –adujo-. Son de la naturaleza íntima de la Iglesia, notas esenciales”.

Al afirmar esta visión de la Iglesia, monseñor Poli advirtió que la caridad no es una especie de servicio social que también podría dejarse a otros. “Pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia. La Iglesia comienza por ser misionera, celebra al Dios que da la vida en los misterios de los sacramentos, pero al mismo tiempo se acuerda de los pobres y hace la diakonía. Esto se implica mutuamente. ¿Qué significa? Que una Iglesia que anuncia y celebra, pero se olvida de los pobres, es renga: le falta una pata”.

“La Iglesia es peregrina, y mientras camina en este mundo, levanta los ojos al Cielo, tiene su modo de hablar trascendente –explicó monseñor Poli- y es garantía de los bienes que se esperan y no se ven. Mientras peregrina, la Iglesia reza por el mundo, las necesidades materiales y espirituales. No puede dejar de mirar a la tierra, porque si no, tropieza: mira las periferias flagrantes, como la gente que está en situación de calle, los atrapados por la droga; y también las pobrezas existenciales”.

Monseñor Poli también insistió en un punto de la encíclica papal, en el que Benedicto presenta la imagen de la Iglesia como familia: “La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por la falta de lo necesario. Casi repugna en nuestras mentes que algún familiar esté pasando necesidad y nadie le dé una mano, ¿verdad? ¿Qué tal si pensamos la Iglesia como familia? Asumamos en nuestro corazón estos rasgos de fraternidad, de filiación, de paternidad, de maternidad. Así entenderíamos mejor a la Iglesia”.
“La Iglesia es una familia –agregó-, pero no podemos paralizar nuestra caridad en los límites de la Iglesia católica. ¡El mundo es nuestra familia, porque la humanidad es una!”.

Enseguida, monseñor Poli trajo a colación el evangelio de san Lucas en el que se presenta a Jesús visitando la casa de Zaqueo, y la murmuración sobre las compañías que Jesús frecuentaba.

Para resolver este dilema, el arzobispo trajo el ejemplo del Cura Brochero, también criticado por sus visitas a humildes y bandidos: “El señor Cura Brochero les contestaba diciendo que la culpa la tiene Jesús, que obró de la misma manera y paraba en la casa de pecadores para predicarles el Reino”. Luego, puso el foco en la cercanía: “Es una nota esencial del estado de misión, al cual Cáritas no puede estar ajena. Atraviesa toda la vida de la Iglesia. ¿Cómo andamos con la cercanía y los prejuicios? ¿Cómo nos acercamos a los pobres? A veces por la falta de cercanía aparecen los prejuicios…”

Monseñor Poli invitó a pedirle a María y al Cura Brochero que enseñen la cercanía y a no apartarse de la gente por excusas, al afirmar que “la cercanía es saludable, sobre todo cuando vamos a predicar el evangelio”.