Potosí

“Adolfo Lemmens, misionero oblato admirable, no imitable”

Por P. Guillermo Siles

Cuántas veces pude hablar con ADOLFO, entendía cómo fue su mirada de la misión en la Iglesia. Siempre he pensado que él estaba más preocupado por hacer y hacer, pero era cierto que si no lo hacía el mundo se paraba. Yo bromeaba con él diciéndole que a Dios no le dejaba espacio, y él solo sonreía. Es que, esta visión es propia de un gran grupo de misioneros que llegaron después del concilio, que habían descubierto que es tiempo de seguir marcando la línea de acción y promoción social ya emprendida por el Papa Juan XXIII y que además llamaba a la Iglesia de abrir la puertas y ventanas al mundo.

En la misión darse plenamente con nuevas iniciativas sea de educación, desarrollo y mejorar la salud fue la preocupación, y por eso siempre me recuerdo de las grandes anécdotas vividas en la misión de San Julián, que los Misioneros aún siendo sacerdotes, no tenían una visión más de la promoción del laico y generar acción desde las organizaciones.

Adolfo abrió una cooperativa de ahorro y crédito y de servicios para que los colonos llegados al Oriente desde el altiplano boliviano puedan gozar por lo menos de comida y bienestar. También les permitían hacer algunos préstamos de dinero que daba vuelta para ayudarse.

En poco tiempo las comunidades fueron surgiendo y poco a poco llegaron a ser buenas organizaciones, pero ya sin los oblatos porque el Obispo quería que se evangelice solamente. Pero los oblatos ya habían aprendido que hay que estar con Dios y al pueblo dejar que también ellos nos evangelicen.

RUMBO AL ALTIPLANO BOLIVIANO

Salió de las sábanas bolivianas para ponerse en las alturas y desde Catavi, el que durante años fue su pequeño cuartel de misión, lentamente se incrustó en las poblaciones campesinas con ayuda a la educacionales y salud. Fue Colcapampa que ya en los años 90 lo hizo florecer dando vida a la gentes sencilla, humilde y abandonada del Norte de Potosí. El constató de cerca como había niños que morían de hambre y que la mayoría de la gente no tenía acceso a los bienes básicos necesarios como agua y comida. Es cierto que su presencia en medio de ellos les chocó mucho porque un gringo viviendo en una casucha igual que ellos, no era el modelo de iglesia conocida. También en este ambiente encontró gente que con proyectos de desarrollo tenían presencia por la región. Él sólo se dedicó a visitar a las familias y ayudarlas en salud y alimentación, y con el tiempo vio que era necesario también, tener una escuela y se las refaccionó, una muy abandonada, pero se convirtió en una referencia para las zonas para que participen de las enseñanzas.

Siguiendo su ruta misionera ya hubo otras comunidades que le invitaban para participar y el acudía, ya en Qhesinphuku o en la misa en la población de Colquechaca. Pero al final decidió instalar otra misión, pero esta vez en Chalviri, Población de la misma provincia pero que estaba en el altiplano y cerca de un río. Ahí vio un poco más de población para también abrir su tienda y ayudar a la gente, ahí logra también tener una capilla para las misas y de vez en cuando tenía esa opción de celebrar con ellos.

Visitando esas comunidades identificó a algunas jóvenes para que estudien en el IER, instituto de educación rural y ahí los formó para que sigan ayudando a las familias en la misión. No sé de datos, pero a veces veía llegar en la camioneta con unos 5 a 6 jóvenes.

Estas misiones en ningún momento las abandonó, sino hasta ahora estaban siendo apoyados por algunos laicos ya formados.

PÁRROCO DE LLALLAGUA

Estando de párroco en Llallagua se implementaron muchas obras para el bienestar de la comunidad y detectando unos nuevos ministerios de servicio pastoral. Abrió algunos comedores, luego un centro para discapacitados, hasta el centro integral. Además de la construcción del nuevo templo que es muy querido para la Gente

La vida pastoral la dinamizó recordando su vivencia cristiana, formando monaguillo y dando responsabilidades a los laicos. Poco a poco la iglesia era casa de fiesta del Señor y de las familias pobres.

Por problemas de salud dejó las minas y se fue a vivir a Cochabamba y tuvo que dirigir todas las obras desde la ciudad y a su estilo logró mantenerlas siempre vivas.

Estando en la ciudad apoyo a la parroquia San Eugenio de Mazenod y logró financiamiento para la Capilla de Santiago, donde se en la misma periferia de la Parroquia.

AY MAMITA, AY MAMITAY

Esa expresión lo escuché con mucha frecuencia ya desde hace varios años en la misma misión. Pero porque él sufrió de unos cálculos renales y de que los soportaba desde algunos años, y que una vez puesta su inyección otra vez se ponía mano a la obra en la misión.

Pero también poco a poco en la misión fue deteriorándose por su corazón, la arritmia y también fue un problema que debilitó su salud. Pero ni como decirle que se cure y se interne, ¡No, no!, él no aguantaba saber que debía ir al médico, inclusive cuando le detectaron problemas del colon y había serios riesgos, fue difícil convencerlo para que se realice una operación. Su confianza en la providencia de Dios siempre era grande y su carácter era su complemento, aunque por decisiones mayores logró ser operado y gozaba de buena salud.

También en los últimos años vimos lentamente su deterioro y casi sin darnos cuenta estaba ya viviendo situaciones debilitamiento significativo. Caminaba muy encontrado con su bastón y su bolsa, que le hacía muy autónomo y manejarse sólo, aunque a veces le iba muy bien y en otras no.

ORANDO SIN PARAR

En muchas oportunidades le encontraban en la capilla orando y reflexionando solo, Siempre entendí que era su manera de vivir su fe y así era porque todos los días asiduamente estaba en la capilla dando su respuesta a Dios. También ya parecía hasta un rito y lo dijo una vez que él todos los días a las 5 de la tarde preparaba su homilía, que reflexión de mañana y por eso no se le debía de molestar.

Las misas para él fueron un encuentro con la comunidad, él quería siempre que sea comunitario y nunca se excusaba de celebrar la misa solo. Además, el siempre estaba en el rol de las celebraciones animado y participando, pero cada celebración generaba algo original.

LA FIESTA Y EL CHOCOLATE

Nadie puede olvidar que su mejor relación de amistad con él eran los chocolates, era como si tendría una fábrica en casa que sacaba de vez en cuando un paquetito para disfrutarlo en comunidad y con sus hermanos, compartir con los demás, fue lo que siempre lo hizo único e irrepetible.

Muchos años fue el ecónomo y desde ahí se acostumbró a las tortas de cumpleaños que siempre como oblatos lo disfrutábamos en nuestras asambleas, aún todavía lo recuerdo, Adolfo llegando con su torta riquísimo.  Además, que siempre era una comida especial para dar el realce al tiempo.

SENSIBLE AL DOLOR HUMANO

Tal vez esta es la relación más grande que tiene un misionero, saber estar en los zapatos del otro, algo que muchos no logran dar las mismas respuestas, Adolfo logró dar a la comunidad una imagen de profundo amor al pobre y pobre entre los pobres.

Mucha gente siempre se identificó con su gran corazón, y durante el caminar de su misión, él siempre estaba respondiendo, consiguiendo dinero y medicamentos para que todos mejoren, Inclusive algunos jóvenes estudiantes urgidos en superarse encontraron eco en él para recibir su ayuda

Sentir al pobre en todos los aspectos de la vida siempre son valiosos, identificar el problema para sanar y avanzar es grande. Él fue fuertemente interpelado por los pobres y sufría con ellos.

Vivir con los pobres y entre los pobres es posible por las reglas y constituciones oblatas y el logró hacerlo sin muchos problemas y en la sencillez de su corazón.

Hoy diríamos que muchos pobres lloran su partida para unirse al clamor a Dios que seguirá protegiendo a todos ellos.

Gracias Adolfo por ese testimonio de vida, admirable y no imitable. Que, de Dios Goce, Amén.

TV OMI: Misa de Cuerpo presente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: P. Guillermo Siles / Parroquia Asunción Llallagua Potosí