Análisis

Abel Maldonado Álvarez: “¡La fe y la esperanza de Jesús!”

Como fe de Jesucristo se puede entender la confianza y la obediencia de Jesús que con plena libertad se entrega a Dios, su Padre, abriendo así al hombre, como “iniciador y consumador de la fe”, la posibilidad de creer en él y como él; dicho de otro modo, la posibilidad de seguirle y de entregarse con él a Dios de forma total y libre.
Según la concepción del AT, la fe es un afianzarse en Dios, una actitud existencial y necesaria de referencia a Dios, que responde a la lealtad y credibilidad de Dios. En los evangelios la confianza y obediencia frente al Padre se manifiesta en su oración y en sus actos, y que aparece en las tentaciones de Jesús, en la escena del monte de los Olivos, en su vinculación a Dios por la oración o en el “carácter necesario de la historia de la salvación”. En los que se demuestra la obediencia creyente y la actividad intercesora de Jesús en la denominada oración sacerdotal.
Para Pablo la fe de Jesucristo se manifiesta en su auto despojamiento hasta la muerte en cruz (Flp 2,8). Por ello a nosotros no sólo nos es posible creerle, sino también creer en él, Cristo es meta y fundamento de nuestra fe, una fe, que se da en Jesucristo y a la vez se orienta a él y a él debe su origen. Según la carta a los Hebreos, Jesucristo es el “iniciador y consumador de la fe” (Hb 12,2), no sólo de un modo ejemplar, sino también soteriológico; es decir, como origen y modelo singular del “mantenerse firme en lo que se espera”, en “el convencimiento de cosas que no se ven”. La fe de Jesucristo se mantiene también aquí preferentemente como obediencia.


Un elemento propio de la fe es la mediatez del contenido de la fe; no se capta la realidad del objeto en sí misma sino mediante la revelación de un profeta (Rm 10,17). Sin embargo, la fe implica otros aspectos: La relación del que cree a quien se cree. La fe supone receptividad, entrega, confianza y adhesión a quien se cree; esta fue una actitud constante de Jesús, expresada en su oración, obediencia y confianza. En Mc 9,23 Jesús se manifiesta como “el que cree”. Se puede decir entonces que Jesús tenía fe, pero entendida como la plenitud de adhesión y confianza que existía entre el Hijo eterno y su Padre en el Espíritu Santo. Esta confianza se expresa en la historia con la aceptación de lo que el Padre le pide.
Y como aporte teológico actual sobre la fe y esperanza de Jesucristo se pueden establecer dos cosas: a) El aspecto cristológico trinitario, que en virtud de la fe, Jesucristo es el “lugar” en que se abre el acceso a Dios, porque Dios se ha abierto y manifestado en él. La fe como obediencia y entrega total a Dios fue la forma existencial de Jesús histórico, que vivió así su esencial y total referencia al Padre en el Espíritu Santo y que así ha revelado el ser trinitario de Dios. Ese aspecto cristológico trinitario apunta el carácter único e irrepetible de la fe de Jesucristo y va indisolublemente ligado a su persona, en la medida en que es “iniciador y consumador de la fe”, su origen y fundamento, de modo que los hombres que quieren creer como Jesús sólo pueden hacerlo dentro de la fe en Jesús; y b) El aspecto soteriológico antropológico existencial: la fe de Jesucristo es el fundamento que hace posible nuestra fe. En sentido cristiano la fe sólo es posible como un ser asumido “en Cristo”; es consecuencia del ser conllevado “por Cristo al Padre”. Y así la fe de Jesucristo abre el ser humano cual receptor obediente a la posibilidad y realidad de la salvación.