Análisis

Abel Maldonado Álvarez: “¡El cristiano como laico activo en la iglesia!”

La relación con Cristo es fundamental. Esta relación es constitutiva del ser y actuar del laico. Constituye pueblo de Dios.

A nosotros como laicos nos corresponde el apostolado de todo cristiano por su vocación y, especialmente desde el seno de nuestra familia y con nuestra sociedad, hasta en aquellos lugares en donde no puede llegar el ministro. Por lo tanto, se nos invita a vivir de acuerdo a la fe, y hacer profesión de nuestra fe, lo que tiene especial fuerza por ser hecho en medio del mundo.

Por lo tanto no olvidemos que, al ser parte de la Iglesia, somos más que cuerpo jerarquizado, somos cuerpo comunional. Donde la relación fundamental entre los miem-bros de la Iglesia es la que los vincula en virtud de ser todos personas iguales, y no por desempeñar papeles funcionales diversos.

Es de ahí que la misión evangelizadora es una tarea común. Esta misión (EN 10) compete a la Iglesia como cuerpo comunional, exigiendo a todos sus miembros participación y responsabilidad dentro de ella.

Ya que, los diversos miembros de la Iglesia, aunque iguales en dignidad, no son intercambiables en cuanto a su función (1Co 12,12 30). La vocación lleva a algunos a abrazar funciones reconocidas oficialmente dentro del cuerpo (sacerdocio, vida religiosa y el laicado). Donde se da, una complementariedad de los dones propios, aunque surja cierta estamentación ministerial, que debiera entenderse como complementaria, y no como exclusión de responsabilidad. En este sentido prevalece en la Iglesia lo diverso sobre lo común. Todo está en función del carácter misionero de la Iglesia, donde la comunión eclesial se afianza por medio del diálogo y el discernimiento común.

Y recordemos que históricamente el cuerpo laical ha participado en lo secular, ya que es insuficiente definir el papel del laico en función de la secularidad. El laico puede tener un papel importante en lo espiritual o lo teológico. La tarea de la Iglesia es transformar al mundo. A los laicos se aplica: “lo que el alma es en el cuerpo, esto sean los cristianos en el mundo” (LG 38).

Por lo cual, el término de definición negativa: laico = el no clérigo. Considerado así es una abstracción. Pero hay que ver que cada uno en cuanto asociado con otro tiene un carisma propio con que puede contribuir positivamente a la comunión en la misión de la Iglesia. La palabra laico deriva del sustantivo “laos” (pueblo).

Ya desde el Vaticano II, los laicos son creyentes que pertenecen al pueblo de Dios, de modo activo y responsable. Son también co participantes en la misión de ese pueblo. Están en juego nuevas claves: Pueblo de Dios, que implica comunión, participación en una misma misión, aunque diferenciada, según su carisma.

No niveló diferencias entre clérigos y laicos. En este sentido, el sacerdocio ministerial no es una intensificación del sacerdocio común. El concilio presenta una diferencia esencial con respecto a la vocación (LG 10). Es un ordenamiento hacia el Señor. Se busca definir positivamente al laico (por el bautismo y la secularidad).

La misión del laico es complementaria en la reciprocidad, porque toda la Iglesia es ministerial. En este sentido, el binomio jerarquía laico no acentúa lo que los diferencia, sino lo que los une. El centro en la iglesia está en los laicos (la comunidad creyente).

Es de ahí, que la misión específica de nosotros como laicos, es, “Ser” fermento desde dentro, para evangelizar los espacios donde no llegan otros miembros de la Iglesia.