Análisis

P. Sergio Montes: A los candidatos no los elegimos

Comenzaré diciendo que toda propuesta es perfectible  y que la perfección es una mera abstracción que no sé si existe. ¿Cuál es la democracia “ideal” o “perfecta”? Cuándo nos referimos a la democracia ¿qué queremos expresar? Suponiendo las diversas teorías políticas que nos ayudan a la compresión de aquello que denominamos como democracia creo que podemos coincidir en que todas son una propuesta que se va construyendo y mejorando (o empeorando) con el paso del tiempo, las circunstancias y las personas.

La aburrida reflexión inicial quiere evidenciar que en nuestro país, como en muchos otros que hablan de democracia, al menos uno de sus componentes, las elecciones, funciona mal y nos hace creer que en realidad nosotros somos quienes elegimos a nuestros gobernantes y que efectivamente construimos una democracia real, participativa y/o representativa.

Pongámosle el adjetivo que queramos: plural, real, representativa, participativa, intercultural, descolonizadora, etc. lo cierto es que la democracia que se muestra en las elecciones no nos otorga poder real de elección. Y ¡ojo! No estoy diciendo que la democracia se reduzca a procesos electorales únicamente sino que estos son un componente muy “visible” de la misma, en los que el ciudadano y la ciudadana tendrían que tener mayor participación en la construcción de procesos democráticos.

Las elecciones son contiendas entre partidos, agrupaciones, movimientos que postulan candidatos a los cuales el ciudadano (a) no elige en primera instancia sino que se le pide que elija entre uno u otro, de lo que ya se eligió en el partido.

Para confeccionar las listas de candidatos a presidente, vicepresidente, senadores, diputados pluris y unis sólo participan un reducido número de ciudadanos (as) a los que sus seguidores políticos (o los oportunistas del momento) dan su respaldo generoso, pues les montarán la campaña electoral y serán portavoces de todo aquello que tengan a bien decir.

De ahí que cuando el ciudadano (a) se encuentra frente a la papeleta de votación su elección se justifica por diversas razones pero difícilmente sabrá qué o quiénes están detrás de la fotografía de los candidatos principales. Para un país pequeño en población como el nuestro es complicado, ¡cuánto más lo será para un país de centenas de millones! La solución va de la mano de la eficiencia y no del sentido de las acciones democráticas.

Lo anterior nos lleva a constatar que uno elige lo que otros ya eligieron y su participación es tan reducida que sus representantes en el fondo no representan a nadie más que a ellos mismos y si fuese el caso a las consignas partidarias. Alguno contestará que el sistema de partidos en democracia es la mejor forma de afrontar la contienda electoral y por ende la vida democrática de la sociedad y el Estado, me pregunto ¿será así? En la realidad actual la lógica es que el ciudadano tiene que “rogar” al candidato para que lo atienda y no al revés.

Por eso comenzaba indicando que la verdad es que a nuestras formas de democracia les falta experimentar alternativas que logren de mejor modo la participación ciudadana en el proceso electoral en su conjunto.

En las condiciones actuales, la lista de candidatos y candidatas para las elecciones 2014 significa que alguien decidió por mí quienes pueden ser representantes (¿de qué o de quiénes?) en la Asamblea Legislativa Plurinacional y al final lo que me queda es votar o no por ellos, ¿qué podré exigirles si no los postulé? ¿qué gobierno del pueblo ejercerán si no conocen a quienes representan? ¿qué otras formas de acción tiene la ciudadanía para participar realmente en las decisiones que le afectan y actuar así democráticamente (más allá de bloqueos, huelgas de hambre, paros o marchas de protesta)?

Si a nivel de los mecanismos electorales se halla dificultad para construir una democracia más inclusiva, participativa y efectivamente representativa no digamos nada sobre debates de los que unos se corren y otros no saben qué decir, presentación de programas de gobierno que atiendan a aspectos estructurales del país y no a meras promesas seductoras o conocimiento cercano de la realidad del ciudadano (a) que es una persona con dignidad y no un número más en las estadísticas y el conteo de votos.

Y mientras uno se marea con estas consideraciones cientos mueren en Gaza víctimas de la brutal irracionalidad de gobernantes y poderosos sin capacidad de elegir otra suerte ¿o sí?