Análisis

A. Abel Maldonado Alvarez: “Desafíos de la vida política y desafíos de la iglesia”

¿La actualidad política se ve representada a través de la democracia de partidos? Para los analistas políticos tanto los partidos de izquierda como los de derecha adolecen de los mismos defectos que los conducen: “hacia la burocratización, la oligarquización, el desprecio de la militancia de base, en suma, la maquinaria que busca el voto y se olvida de la participación, el debate y la promoción del interés por la profunda democratización”. (José María Mardones)

Por lo tanto, si empezamos a referirnos sobre los desafíos de la vida política y los desafíos de la Iglesia, se requiere pues una renovación de los partidos que responda a las necesidades actuales, que respete la diversidad de matices al interior del mismo, flexibilice la estructura (que evite la burocratización) y dé una mayor “cabida a la responsabilidad y participación de los militantes”. Una vida política sana “tiene necesidad de una responsabilidad solidaria, y ésta exige renuncia a favor de la comunidad, lo cual sólo se justifica en función de un determinado sentido de la vida”.

Revitalizar la democracia debe contemplar una ética cívica “que promueva la solidaridad y la responsabilidad por el bien común”. A lo que se quiere apuntar es a una “ciudadanía social, es decir, a un sujeto de la política que deje de ser cliente y pase a ser partícipe activo y responsable en la construcción social (y no sólo hacerle creer que lo es)”, lo cual se logrará reforzando la dimensión ético-política.

Es de ahí que la iglesia, al contemplar con mirada crítica el actuar sociopolítico de nuestra sociedad, se hace frente a una realidad que le invita también a mirarse a sí misma y ver los desafíos que van descubriendo; por lo tanto no puede menos que hacer el esfuerzo por escuchar lo que a dicha institución le acontece. En ese escuchar, la iglesia debe mirar su propio actuar dentro de la sociedad, que no sólo se debe enmarcar en un rito, o en el solo hecho de congregarse dando la espalda a su realidad, o en dar meras reflexiones de fe; sino también en acompañar a su iglesia, su pueblo, en los cambios importantes que marcan su diario vivir, y velando por la igualdad de condiciones en la vida familiar, social y política; porque recordemos que Jesús no fue sólo un ejemplo de vida meramente ideal y utópico; Él vivió y actuó de manera coherente, enseñando con su vida el significado de ser y sentirse libre, para amar, perdonar, escuchar y hacerse escuchar, sin manipulaciones de ninguna índole, Él respondió a su tiempo íntegramente sin buscar vanagloriarse y menos aún que lo vanagloriaran, y no fue un hombre indiferente a su realidad social. Y he aquí los desafíos que nuestra “Iglesia tiene con la vida política”, y es no ser un mero televidente u observador ajeno a la realidad o indiferente a ella (como muchos quisieran).

Y también no olvidemos que todos estamos llamados a conformar la Iglesia (cristianos, no cristianos, creyentes, no creyentes, políticos, pobres, ricos) y somos parte de una realidad concreta como bolivianos, y no podemos darnos el lujo de ser indiferente a ella.