Internacional

¿Cómo va el Sínodo de la Familia? ¿Cuáles son sus perspectivas? (Editorial Ecclesia)

(Madrid-ESPAÑA)

Cuando este número de ecclesia llegue a sus lectores, el Sínodo Extraordinario de los Obispos sobre la familia estará concluyendo. Y, entonces, quizás, sí se podrá intuir mejor el conjunto de sus trabajos y de sus perspectivas y expectativas. Con todo, entendemos que las preguntas que titulan nuestro Editorial de hoy y que están en la mente de la comunidad eclesial, pueden hallar ya algún atisbo, alguna pista, más allá de lo meramente informativo.

Creemos, en primer lugar, que el Papa Francisco y sus colaboradores han logrado meter, poner a toda la Iglesia en Sínodo, en estado, en camino, en clima, en opinión pública de Sínodo. Y ello es positivo. Porque si el Sínodo de los Obispos se reduce solo a los tres centenares de personas que forman, de un modo u otro, parte de él, se quedaría corto en sus verdaderas aspiraciones de fomentar un estilo de vida eclesial sinodal y de mayor comunión y corresponsabilidad.

En segundo lugar, las intervenciones públicas y oficiales del Papa Francisco, comentadas ya en nuestro Editorial de la pasada semana, han aportado asimismo clarificación, horizontes y hasta grandeza a la asamblea. Y, en concreto, sus palabras de saludo del lunes 6 de octubre, al comienzo de los trabajos sinodales y su llamada a la sinceridad, a la libertad, a la escucha, a la acogida, a la humildad y a la renovada confianza en que Pedro garantiza el depósito de la fe, han sido igualmente una aportación decisiva y confortadora para el devenir de la asamblea.

Y desde las citadas sinceridad, libertad y fraternidad y desde la misma naturaleza de lo que un Sínodo es –una institución al servicio de la colegialidad, de la comunión y de la misión, y no un órgano de poder ejecutivo o legislativo o generador de climas de opinión- esta asamblea sinodal no se ha andado por las ramas ni por las teorizaciones. El Sínodo de la Familia está siendo un baño de realidad, un ejercicio de responsabilidad pastoral, una permanente interpelación sobre la novedad y reclamos del Evangelio y cómo es su plasmación actual en la vida de las familias.

Saben nuestros lectores que ecclesia, con casi ya 75 años de servicio periodístico y eclesial semanal, no se caracteriza por posiciones maniqueas, extremas, frentistas o sensacionalistas. Tampoco a Francisco le gustan los triunfalismos, los derrotismos y las autocomplacencias. Afirmar, entonces, que los cambios en la metodología en este Sínodo y en su preparación -muy importante y positivo el quehacer realizado durante el año preparatorio a la asamblea- es un acierto, un gran acierto, no es tampoco ninguna concesión a lo “eclesialmente correcto”, ni una enmienda, total o parcial, a cómo discurrieron los anteriores Sínodos. Y es que quizás los afortunados cambios de ahora han llegado gracias al camino recorrido previamente y a la experiencia acumulada, que, además, ya venía, desde hace algunos años, reclamando y recibiendo nuevos impulsos metodológicos.

Pero, ¿en qué va a quedar este Sínodo, cuáles van a ser sus conclusiones? No podemos ser adivinos… Pero sí podemos y debemos tener memoria y recordar que el 19 de octubre, con la clausura de esta asamblea, solo concluye ella y para octubre de 2015 la familia volverá al aula sinodal. Eso sí, volverá con la “Relatio Synodi” y el Mensaje que el Sínodo apruebe el sábado 18, con la homilía del Papa del domingo 19 y con las eventuales nuevas iniciativas que Francisco impulse. Y todo esto significa que lo previsible es que no se tomen medidas de carácter decisorio, medidas que, por otro parte, solo competen al Papa y no al Sínodo, institución que sí puede ofrecerle propuestas y puntos de vista, como ya hace.

El Sínodo concluye con la beatificación del Papa Pablo VI. No es ni casual ni baladí la circunstancia. Pablo VI fue, en el contexto del Vaticano II, el restaurador del Sínodo de los Obispos. Fue el Papa del Concilio y del postconcilio primero, el Papa del diálogo con una compleja modernidad que dejaba ya vislumbrar algunos de sus claroscuros actuales. Fue el Papa de la renovación y de la fidelidad, del encuentro y de la búsqueda, de la misión y, aun a costa de tanto sufrimiento, de la comunión. ¿Esta “coincidencia” no nos estará dibujando ya algunas de las perspectivas y respuestas del Sínodo Extraordinario de la Familia?