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Homilía para el 33 Domingo del Tiempo Ordinario. La esperanza

Homilía para el 33 Domingo del Tiempo Ordinario.

16 de noviembre de 2025

 

Este domingo es el último domingo del año litúrgico, la próxima semana celebramos la fiesta de Cristo Rey. Luego comienza un nuevo año litúrgico y con el adviento nos preparamos para la Navidad.

 

Al cerrar el año litúrgico en la primera lectura y, sobre todo, en el Evangelio hemos escuchado un tono apocalíptico, donde Jesús nos habla de la destrucción del templo de Jerusalén, de fenómenos espantosos, de guerras y de la persecución de los justos.

 

Es como si nos dijera que la iglesia más importante para el cristianismo será destruida y que todos nosotros vamos a ser perseguidos por su causa.

 

La verdad, es que el mundo de hoy parece una olla a presión, con tensiones sociales y políticas, con cambios tecnológicos que comienzan a afectar la vida laboral de las nuevas generaciones, y otros escenarios nuevos. Estamos siendo testigos de un mundo turbulento y parece que en cualquier momento va a explotar.

 

Y ante esta realidad objetiva, tenemos dos opciones: vivir con sufrimiento, con ansiedad y constante preocupación, o escuchar la voz de Jesús que también es un grito de confianza y valentía.

 

El evangelio de hoy quiere que seamos realistas porque nos recuerda que en la historia de la humanidad, cíclicamente hay momentos turbulentos y violentos, porque el ser humano, simplemente, no aprende de sus errores pasados y así la violencia de la guerra y las injusticias continúan siendo “el pan de cada día”.

 

Pero el creyente, no puede ignorar las palabras del Hijo de Dios, que nos habla de providencia y protección cuando nos dice: “no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.” Y nos vuelve a decir: ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

 

La enseñanza es que aunque estemos en un mundo cruel, como cristianos tenemos que estar abiertos a la esperanza.

 

Las dificultades son parte de nuestro viaje en esta tierra. Cristo dio un nuevo significado al sufrimiento humano y por eso no podemos pretender tener a un Cristo sin cruz, eso sería quitar sentido a su redención y borrar el verdadero significado de la cruz.

 

Cristo nos llama a confiar en su providencia y protección. Él nos ilumina ante cada dificultad que tenemos que superar, incluso en la amistad, en el amor de una pareja, en la familia, en un proyecto de vida, y -en general- en la búsqueda de la felicidad.

 

Este pasaje del evangelio también nos habla de la esperanza. Pero de una esperanza que no niega el mal ni el sufrimiento, pero sí nos ayuda a superarlo, a esperar, a perdonar y nos guía hacia algo mejor.

 

Por eso, ahora que vamos cerrando un año, a pesar de todo, la Palabra de Dios nos sitúa ante un futuro esperanzador a pesar de las tribulaciones del momento.

 

Que Dios nos ayude a no perder la fe ni la esperanza. Amén.

POR ARIEL BERAMENDI

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