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Homilía para el 27 Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C. 5 de octubre 2025

Homilía para el 27 Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

5 de octubre 2025

 

Este pasaje del Evangelio parece tener dos partes desconectadas. Una sobre el poder de la fe y otra sobre la característica del servicio al seguir a Jesús.

¿Cómo se conectan estas dos partes?

La clave está en la fe.

Cuando los discípulos piden a su maestro “auméntanos la fe” ¿qué significa esto? ¿Acaso la fe es cuantificable en número, peso, grados centígrados, etc.?

 

Antes que nada, recordemos que la Fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, y nos guía en nuestra amistad con Dios. Por eso cuando un discípulo pide al Señor que le aumente la fe, le está pidiendo no la cantidad sino la calidad.

 

Por ejemplo, en América Latina hay un concepto que es la “fe popular”, es decir una vivencia de la religión que se mezcla con aspectos culturales, con la música, la danza y un tipo de arte.  Y en la iglesia y en nuestra vida religiosa encontramos también: una fe rígida, una fe infantil, una fe ciega, una fe mágica, una fe inmadura, una fe transaccional, etc.

 

Este domingo estamos llamados a pedirle al Señor que nos aumente la fe. Que tengamos una fe que se amolde al Evangelio, a las enseñanzas de Jesús, que a veces nos incomodan porque son difíciles de poner en práctica.

 

Nuestra oración hoy podría ser:

“Creo Señor, pero aumenta mi fe”.

 

Además, no olvidemos que, en la misa, en la parte más importante, el sacerdote dice: “Este es el sacramento de nuestra fe”, y en la liturgia hay un par de respuestas que la asamblea responde con convicción.

 

 

Entonces, cuando vivimos nuestra fe de una manera madura y correcta. Nos damos cuenta que vivir la fe tiene consecuencias concretas. La fe se transforma en acción y servicio.

Podríamos decir que la fe se materializa en actos de misericordia que pueden ser Corporales y Espirituales.

 

  1. Obras de Misericordia Corporales. Se centran en las necesidades materiales y físicas del cuerpo.
  • Dar de comer al hambriento.
  • Dar de beber al sediento.
  • Vestir al desnudo.
  • Dar posada al peregrino (o acoger al forastero/sin techo).
  • Visitar a los enfermos.
  • Visitar a los presos (o socorrer a los cautivos).
  • Enterrar a los difuntos.

 

  1. Obras de Misericordia Espirituales. Se centran en las necesidades del alma y en el apoyo moral.
  • Enseñar al que no sabe.
  • Dar buen consejo al que lo necesita (o al que duda).
  • Corregir al que se equivoca (o al pecador).
  • Perdonar las injurias.
  • Consolar al triste (o al que sufre).
  • Soportar con paciencia los defectos del prójimo.
  • Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.

 

Al realizar estas acciones estamos viviendo nuestra fe y estamos siendo testigos de nuestra fe. Pero siempre recordando que la fe es un don de Dios. Por eso no el evangelio de hoy termina con estas palabras:

“Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

 

Es decir que en nuestra relación con Dios, todo es gracia. No podemos pretender que Dios tiene la obligación de ayudarnos solo porque hacemos algo. Eso sería una fe transaccional y por eso el evangelio de hoy termina con un llamado a la humildad.

 

Pidamos a Dios la gracia de ser humildes y pidamos a Dios el don de seguir creciendo en la fe.

Amén.

POR ARIEL BERAMENDI

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