Homilía para el 16º Domingo del Tiempo Ordinario
20 de julio de 2025
Este pasaje del Evangelio de Lucas hace referencia a los amigos de Jesús. Esto es muy lindo porque nos muestra que Jesús tenía amigos. Recordemos que Marta y María también tenían un hermano llamado Lázaro, y cuando este muere, Jesús llora y lo resucita. Esto nos muestra la estrecha amistad y familiaridad de Jesús con estos hermanos. ¡Qué maravilloso es tener buenos amigos!
En esta ocasión vemos solo a Marta y María, y una de las primeras enseñanzas de este Evangelio es transformarnos en amigos de Jesús. No verlo como un Dios lejano o preocupado solo por juzgarnos, sino que viene a pasar tiempo con cada uno de nosotros.
Estamos llamados a abrir las puertas de nuestra casa, de nuestras vidas, de nuestras experiencias, y dejar que Jesús entre a visitarnos y se quede con nosotros. Qué lindo es cuando un buen amigo viene a visitarnos. Pues ese también es el sentimiento que tendríamos que tener cuando oramos y conectamos con nuestro Señor.
Pero este Evangelio nos enseña algo más. No basta con abrir la puerta a Jesús. Por ejemplo, Marta, que es una persona buena y que considera que la hospitalidad es sagrada, así como hemos leído en la primera lectura, comienza a dar todo lo que tiene y está hiperactiva, pero al final está siguiendo sus propios esquemas. Su tremendo activismo no le permite entender que lo que Jesús puede ofrecer es mucho más de lo que ella puede dar.
En el caso de Marta, ese activismo frenético, de hacer y hacer, incluso la lleva a criticar a Jesús y decirle cómo tiene que actuar. Ella le dice: “Maestro, ¿no te importa que mi hermana no me ayude? Dile que me ayude”.
Estemos atentos a que no nos suceda lo mismo.
Recibamos a Jesús con alegría, sin compararnos con los otros. Solo Él nos da la eternidad y la felicidad que nadie nos podrá robar.
Al reflexionar en este Evangelio también quisiera compartir la necesidad de la meditación y del silencio. No le tengamos miedo a estas formas de oración, en un mundo caracterizado por la alta productividad o por el concepto de maximizar los resultados en el menor tiempo posible o con el menor esfuerzo.
La Palabra de Dios nos recuerda que hay otra forma de vivir.
Esa misma Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestras acciones cotidianas.
Todos somos un poco Marta y un poco María, y en este viaje de fe que realizamos, recordemos una vez más que solo Él nos puede dar eternidad y regalos que nadie nos puede quitar. Y aunque hoy no aparece en el Evangelio, también todos somos Lázaro, que cuando estamos muertos, Él llora por nosotros y nos resucita.
POR ARIEL BERAMENDI


