Homilía para el 7º Domingo de Pascua – Ciclo C
1 de junio 2025
Hoy es el último domingo de Pascua y en la Segunda Lectura hemos escuchado las últimas frases de toda la Biblia.
La palabra de Dios nos exhorta a la unidad y a la comunión con Cristo y con la comunidad, pero además este domingo se celebra en la Iglesia la jornada mundial de la comunicación, así que hoy quisiera reflexionar sobre estos dos temas.
Por un lado debemos sentirnos bendecidos que actualmente podemos vivir nuestra fe libremente, sin el temor de ser apedreados como le sucedió a Esteban. Preguntémonos si alguna vez tenemos la tentación de avergonzarnos de vivir nuestra fe, especialmente en público como este primer mártir.
Hoy Jesús nos recuerda que es el alfa y el omega, el principio y el fin de todo. Podemos decir que de Dios venimos y hacia él nos dirigimos. En efecto, nosotros no seguimos a un sacerdote o a un santo, no seguimos un movimiento o agrupación. Seguimos a Cristo, muerto y resucitado. Seguimos al Hijo de Dios que nos habla de comunión entre el Padre y el Hijo, y como cristianos estamos llamados a ser tolerantes y a dar testimonio de unidad.
Como ya reflexionamos el pasado domingo, la familia iglesia o el Cuerpo de la Iglesia, está compuesta por personas diferentes, cada uno con características únicas, y a pesar de la diversidad, estamos llamados a ser uno. Por eso en la iglesia se promueve la unidad y no la uniformidad.
Cuando no entendemos esta unión y comunión, comenzamos a vivir según los estereotipos, y si alguien no encaja en ellos puede provocarnos rechazo o miedo a ser contaminados. Esto nos aleja del mandato de Jesús cuando dice: “que todos sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí”.
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Y al hablar de estereotipos, hoy, deseo compartir una reflexión sobre la jornada mundial de las comunicaciones sociales que la iglesia celebra una vez al año, normalmente el séptimo domingo de Pascua.
Se trata de una decisión del Concilio Vaticano II, es una jornada para promover, sensibilizar y orar sobre la importancia de los medios de comunicación en la iglesia y en su misión evangelizadora, siguiendo el mandato de Jesús: vayan y anuncien el evangelio hasta los confines de la tierra.
Desde hace 69 años el Papa escribe un mensaje anual con una temática específica. El Papa Francisco había elegido el tema: Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones, allí nos habla de la necesidad de desarmar la comunicación, es decir, que la comunicación una a las personas y no las divida más.
Recientemente, el Papa León XIV explicó en los primeros días de su pontificado que eligió su nombre porque la humanidad se encuentra ante una revolución tecnológica, así como en tiempos de León XIII y la revolución industrial que cambió la sociedad.
Estamos viendo que la Inteligencia Artificial cambiará, una vez más, muchos ámbitos de nuestra vida, incluyendo el aspecto religioso. Por eso, la Iglesia no puede pretender que no está pasando nada.
Queridos amigos, ustedes son mi comunidad, llevo un año y medio caminando con ustedes y quisiera compartirles que yo no entiendo mi vocación sacerdotal sin esa vocación de comunicador. Durante toda mi vida sacerdotal estuve trabajando en proyectos de comunicación, ya sea de periodismo, formación, las redes sociales, e incluso la escritura, han sido una manera concreta de expresar la necesidad de esa comunicación.
Por esto, en esta ocasión, quisiera pedir sus oraciones para que también aquí en Londres pueda encontrar el espacio justo para ejercer mi vocación como sacerdote y como evangelizador a través de la comunicación.
A veces, tenemos el estereotipo del sacerdote celebrando sacramentos y esto es algo fundamental, pero además, siempre han existido sacerdotes profesores, médicos, científicos, astrónomos, capellanes en hospitales y cárceles y, también, comunicadores.
Este domingo de la comunicación oremos por todas las personas que trabajan en este sector de la iglesia.
Al terminar este tiempo de pascua pongamos nuestra vida en Jesucristo quien es el agua de la vida , el alfa y el omega. Solo él hace nuevas todas las cosas.
Amén.
POR ARIEL BERAMENDI


