Homilía para el Domingo de Ramos
13 de abril de 2025
En mi niñez, esperaba con entusiasmo la celebración del Domingo de Ramos, porque en el pueblo donde vivía, cientos de personas se reunían en una colina llamada El Calvario, y desde allí comenzaba una procesión de tres kilómetros. La parroquia tenía una imagen de Jesús, casi de tamaño real, cuyas piernas eran movibles. Esta imagen se montaba en un asno, y siempre había un burrito al lado. Mi abuela solía decirme: “Este pequeño asno llevará a Jesús el próximo año”.
Además, muchas madres amarraban cintas de varios colores a la cuerda que guiaba al asno en el que Jesús iba montado, de modo que también los niños jalábamos con nuestras cintas al burrito que llevaba la imagen de Jesús camino al templo para la misa. Está de más decir que las palmas y los ramos eran grandes y verdes, y toda la procesión era una gran fiesta, esperada durante todo el año.
Sé que en otros lugares, donde no tienen una imagen de Jesús, el sacerdote tiene que montarse en el asno y dirigir la procesión desde allí. Por suerte, aquí en Londres, esto no sucede.
Aquí lo celebramos de una manera distinta. De forma más recatada, tal vez con más solemnidad pero sin duda con la misma devoción.
Cada comunidad tiene una forma particular de celebrar, aunque el misterio de fe que conmemoramos es el mismo para todos.
Hoy comienza la Semana Santa, y cada uno de nosotros llega a este día con una carga e historia personal distinta. Tal vez muy distinta a la del año pasado.
Pidamos al Señor que seamos capaces de participar y comprender la alegría del Domingo de Ramos, en el que también escuchamos el relato de la Pasión.
En estos días podemos preguntarnos: ¿Dónde nos situamos en la celebración de la Semana Santa? ¿En el Domingo de Ramos? ¿En la Última Cena? ¿En la soledad del Monte de los Olivos? ¿O tal vez en la oscuridad y el miedo que hace que todos los apóstoles huyan y nieguen a su Maestro?
En oración, con sinceridad y de manera personal, podemos buscar una respuesta para entender dónde nos situamos en la escena del Calvario, en el momento de la crucifixión. Sin olvidar que también tenemos un lugar en la escena de la resurrección.
De hecho, en el evangelio de la Pasión que hemos proclamado, vemos a muchas personas que asistieron a la crucifixión como si fuera un espectáculo.
Cuando el centurión dio gloria a Dios, diciendo: «Verdaderamente este hombre era justo», toda la multitud que había acudido a ver este espectáculo, recapacitando sobre lo sucedido, se volvía golpeándose el pecho. Todos sus conocidos, y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, se quedaron a distancia, observando todo aquello.
Por eso, este domingo, al comenzar la Semana Santa, podemos preguntarnos si también nosotros estamos presentes entre esa multitud, dispuestos a dejarnos transformar por Él, por su Cruz y por su Resurrección.
por ARIE BERAMENDI


