InicioAnálisisHomilía para el 12 de mayo – 7mo domingo de pascua 2024

Homilía para el 12 de mayo – 7mo domingo de pascua 2024

Homilía para el 12 de mayo – 7to domingo de pascua.

Como ustedes saben, nos preparamos para cerrar el tiempo de Pascua que tiene una duración de 50 días.

En efecto, después de 40 días del domingo de Pascua, el pasado jueves, hemos celebrado la Solemnidad de la Ascensión del Señor. En otras partes del mundo la solemnidad de la ascensión es movida al siguiente domingo, pero acabo de aprender que en Inglaterra se celebra el mismo jueves, es lo mismo que sucede en el Vaticano porque el jueves de la solemnidad de la Ascensión es día feriado y la Curia Vaticana cierra las oficinas y es un día libre.

En todo caso, ahora desde la fiesta de la Ascensión nos quedan diez días para prepararnos y reflexionar antes de cerrar el ciclo pascual de este año. El próximo domingo celebraremos Pentecostés, es decir la fiesta del Espíritu Santo, y después de otras festividades volveremos al tiempo ordinario.

La liturgia nos ayuda a entender estos días que tenemos por delante y la Palabra del Señor nos ayuda a participar de la vivencia de los discípulos. Es decir, nosotros también somos discípulos de Jesús, hemos vivido con desconcierto el Viernes Santo, hemos experimentado el silencio del Sábado Santo y la alegría del Domingo de Pascua, tal vez, sin terminar de entender lo que había sucedido.

Estas semanas, la Palabra de Dios nos ha mostrado una y otra vez a Jesús Resucitado, quien nos ha explicado qué significa “vencer la muerte”.

Más tarde, el Resucitado subió a los cielos – como rezamos en el Credo- y está sentado a la derecha de la Gloria del Padre. Y ahora nos preparamos a llenarnos del Espíritu Santo. Pero antes Él entregó a sus discípulos la misión de ser sus testigos.

Así, en la Iglesia, celebramos y revivimos una más más, el momento en el que nace la Iglesia, porque, justamente, antes de subir al cielo Jesús nos entrega el mandamiento de llevar la Buena Noticia hasta los confines del mundo.

Ese es el momento en el que Jesús, nuestro Salvador, con el objetivo de permanecer entre nosotros, sube al cielo y nos dice:

yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos.

Finalmente, Él sella este mandato prometiendo el Espíritu Santo, que será el acontecimiento que celebraremos en una semana.

Mientras tanto, quedemos convencidos que Jesús pide a su Padre que proteja a sus discípulos. Esto significa que nos proteja a nosotros que somos sus seguidores. Somos sus discípulos y ya no pertenecemos a este mundo, aunque sí vivimos en este mundo.

Los seguidores de Jesús somos solo peregrinos por este mundo y por eso necesitamos la protección y la bendición de Dios Padre, porque la lógica en la que vivimos es la lógica de Cristo que, nada tiene que ver con la lógica del mundo y por eso muchas veces somos perseguidos, ridiculizados y rechazados por el mundo.

Las palabras de Jesús son claras cuando dice:

“No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno”.

Precisamente en este contexto, Jesús pide a su Padre que nos cuide y nos proteja.

Hoy podemos volver a nuestras casas con la seguridad que le pertenecemos, que somos testigos de su resurrección y que, además, para sellar este pacto de amor divino, tenemos al Espíritu Santo de nuestra parte.

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