Nuestro pueblo es una comunidad que tiene un pasado, un presente y un futuro (no vivimos solo en el pasado). Ya que somos un pueblo escatológico.
Es de ahí, que la santidad en los sacerdotes y/o pastores de la grey de Cristo a imagen del Sumo y Eterno Sacerdote realizan un ministerio, que procura la propia santificación. La plenitud del sacerdocio les otorga una gracia sacramental, que les permite una santidad cada día mayor, esta se aplica a los obispos, a los presbíteros y a los diáconos. Los pastores, además de trabajar en beneficio de la santificación propia, tienen como oficio la santificación del pueblo de Dios por medio del culto y los sacramentos, especialmente la eucaristía (LG 26; 28).
Y cuando nos referimos al estado religioso o religiosa, podemos mencionar que si bien la caridad rige todos los medios de santificación (1Jn 4,16), los consejos evangélicos del celibato (1Co 7,32-34), la pobreza (2Co 8,9) y la obediencia (Ef 2,7-8), constituyen una forma específica de consagración al Señor para obtención de la santidad, por opción personal de cada uno de ellos y ellas (vocación religiosa). El estado religioso, que se consagra con dichos consejos evangélicos, no es un estado intermedio entre la consagración a la santidad de los clérigos y de los laicos. La vida religiosa es una forma de amor a Dios en continuidad con la recepción del bautismo, y une especialmente a la Iglesia, dando testimonio de la supremacía absoluta de Dios y del Reino.
Por lo tanto, esta santidad de la Iglesia la ejercen también los laicos, entregándose por completo a las tareas apostólicas. Específicamente se habla de los esposos y padres cris-tianos, los viudos y solteros, los pobres, los enfermos. Además se sugiere la caridad como don imprescindible que rige todos los medios de santificación, los que pueden llegar al martirio y a la vida del celibato, virginidad, pobreza, obediencia, en un testi-monio de los consejos evangélicos: “Gozosos en la esperanza, ayudándose unos a otros a llevar sus cargas, asciendan mediante su mismo trabajo diario, a una más alta santidad, incluso con proyección apostólica” (LG 41). El fundamento de la santidad de los laicos para la consecución de ella se basa en el ejercicio del sacerdocio bautismal, con sus funciones sacerdotal profética y real (Christifideles laici 9).
La Iglesia es, ante todo, una obra de Dios, ya que es el nuevo pueblo de Dios convocado por su Hijo Jesucristo. Es un pueblo convocado por Dios, pero es un pueblo de hombres, es decir una comunidad humana.
El pueblo es una comunidad que tiene un pasado, un presente y un futuro. Es un pueblo escatológico. Es un pueblo que tiene que cumplir su misión históricamente, porque en el pueblo de Dios todos somos convocados por Jesús y tenemos que encontrarnos y reunirnos como una sola familia, y estamos llamados a vivir nuestra santidad y a ser prefectos como nuestro Padre.
Es de ahí, que podemos afirmar, que hay un proceso en la nueva comunidad reunida por Jesús, que El mismo llamó Iglesia (Mt 16,18). Y en este proceso podemos identificar tres pasos: Continuidad con el pueblo de Dios del AT; Novedad (nueva alianza); y la ruptura con la interpretación judaica del pueblo de Dios.
Por lo tanto estamos invitados a vivir nuestra santidad coherentemente cada día, como hijos e hijas de un solo padre. Y que nuestro actuar diario sea la de un laico siempre activo en nuestra Iglesia.


