Análisis

Verdad cardenalicia, lapsus ministerial

La muy meditada decisión del doble aguinaldo según la autoridades de gobierno, además de hacernos recordar el “bono patriótico” instaurado por la dictadura de Hugo Bánzer en la década de los 70, cuando el país vivió, como ahora, una bonanza económica por el incremento de los precios de nuestras materias primas, ha provocado justificadas, pero temerosas alegrías en el sector de empleados de la economía formal del país, furia entre los jubilados, que no recibirán nada, perplejidad entre los más necesitados, que tampoco se beneficiarán de un regalo semejante, y angustias en el campo empresarial.

Quien, revisando lo publicado hasta ahora, mejor ha comprendido el significado de esta inesperada decisión ha sido el cardenal Julio Terrazas quien ha pedido su extensión a los sectores más necesitados y calificó como una estupidez las declaraciones de algunas autoridades en sentido de que no se dará este beneficio a los jubilados porque “ellos ya no aportan al país”.

La reacción de la ministra de Desarrollo Productivo ha sido calificar como un exabrupto lo dicho por el Cardenal, agregando que “ésa no es una forma de expresarse de quienes gobiernan (sic) el país”.

Al margen de la anécdota, lo cierto es que día que pasa parece confirmarse la idea de que la medida no ha salido de los laboratorios gubernamentales, sino de un pasajero entusiasmo en busca, probablemente, de uno de los réditos conseguidos: la hipoteca de la independencia política de la COB, cuyos principales dirigentes harían bien en recordar aquello del plato de lentejas y las 30 monedas de plata.

En fin, más que exabrupto cardenalicio, lo cierto es que se están sucediendo demasiados “lapsus” de las autoridades que sí nos gobiernan.