Análisis

UNA NACIÓN SUICIDA

Ella como mujer de negocios y yo como periodista consuetudinario necesitamos viajar por todo el país, aconsejándome mi comadre no viajar en mi motocicleta Harley Davidson sino en “flota”, que así llamamos los bolivianos al bus.

Canchera porque su marido tuvo varias flotas, me llevó a la terminal de buses que algunos paceños farsantes llamamos “Estación Termini” para comprar pasajes a la ciudad de Santa Cruz, respondiéndole el vendedor: “El camino está bloqueado hace nueve días”.

Quisimos cambiar de rumbo y preguntamos por la posibilidad de llegar a Potosí encontrando que también esa vía aún tenía problemas por las diferencias entre los pobladores de Oruro y Potosí, lo cual nos obligó a postergar por algunos días nuestras visitas profesionales.

Fastidiados y tristes quisimos llegar a la ciudad de El Alto, pero un conductor de minibus nos dijo que el camino se hallaba bloqueado por los universitarios de la UPEA que exigen mayores recursos financieros a costa de los que percibe la Universidad Mayor de San Andrés.

Desalentados al comprobar  que nuestros caminos se encontraban bloqueados por todas partes, resolvimos comer algo en un restaurante popular de la zona del Cementerio General llamado “Vargas Vila” en cuyo interior se destacaba una inscripción que decía: “Sí la vida es un martirio, el suicidio es un deber”.

Allí comencé a desgranar ante mi compungida comadre cochabambina mis primeras ideas acerca de que algunos países se suicidan, de la misma manera que lo hacen algunas personas.

La cochabambina suspiró pensando en su esposo (Q.E.P.D.) y me pidió que le explicara con palabras simples esta mi tesis de la cual nunca había escuchado hablar.

Dije a mi comadre: cuando algunas personas quieren suicidarse y no tienen dinero para adquirir un arma de fuego, toman la decisión de cortarse las venas o alguna arteria importante. Ahora bien, si admitimos que los caminos en un país constituyen las venas y las arterias por donde discurren el progreso, el trabajo y la riqueza de un país, el camino más seguro para la muerte es cortar esos caminos, o bloquearlos, algo que los bolivianos hacemos todos los días y con los motivos más dispares, nimios y también disparatados. Si una persona quiere morir se corta las venas, si un país quiere suicidarse bloquea sus caminos.

La cochabambina comprendió mi mensaje y me preguntó por qué no le comunico esta primera conclusión al presidente Evo y a sus colaboradores, respondiéndole que él sabe todo esto porque cuando era cocalero y después dirigente y diputado él también era un bloqueador. Y que los actuales bloqueadores de caminos también lo saben, y todos sabemos que hay un país en América del Sur que este momento se está suicidando.