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UN CURA MANDA EN EL ABIERTO DE TENIS

(ESTADOS UNIDOS) Protegido por unas gafas de sol y enfundado en el uniforme azul marino de Ralph Lauren, Paul Arinze, un sacerdote católico, dirige los partidos del Abierto de Tenis desde su silla o escruta el impacto de los golpes de los tenistas sobre la línea temeroso de que lo contradiga el ojo de halcón.

Es imposible distinguir a Paul Arinze de cualquier otro juez. Y sin embargo, Arinze es árbitro tan sólo a tiempo parcial. El resto del tiempo ejerce como sacerdote católico  en Wisconsin. Hasta hace unos meses en la parroquia de San José de Dodgeville y desde entonces como responsable de vocaciones de la diócesis de Madison.

Arinze nació en Nigeria. Su padre era un letrado influyente . Pero él no quiso seguir su estela. En parte por labrarse su propio futuro y en parte por su admiración hacia los misioneros irlandeses, con los que trabó amistad en la escuela.

EL DÍA QUE LLEGÓ A EUA

Le atraía la idea de servir a la gente y por eso entró en el seminario. Una decisión que cambió su vida para siempre y lo condujo a Estados Unidos en 1995. Desde entonces, Arinze ha vivido en la diócesis de Madison .

Pero el sacerdocio no es la única pasión de Arinze, que empezó a amar el tenis en Nigeria  ejerciendo como recogepelotas  en los partidos de su padre. Sus jugadores favoritos eran John McEnroe, Jimmy Connors y Chris Evert.

Pero era consciente de que sus cualidades no le permitirían ejercer el tenis profesional. Demasiado corpulento y falto de tracción , había abandonado su sueño cuando un día se le acercó un desconocido mientras veía un partido universitario. Le dijo que al día siguiente volviera con un pantalón bermuda caquis. Y, sorprendentemente, allí apareció de esa guisa y le puso en una silla.

PRESENTE EN GRANDES EVENTOS

Desde entonces, Arinze ha ido ascendiendo en el escalafón  del circuito de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) y ha dirigido partidos en distintos torneos de Miami, Tennessee y California. Y no sólo en Estados Unidos. También sobre la hierba de Wimbledon.

“Siempre digo que Dios tiene cosas más importantes que hacer que ayudar a un jugador”, decía Arinze esta semana. “Si lo hiciera, todo el mundo ganaría. Pero no me parece mal que los tenistas se santigüen . Si les ayuda a calmar los nervios, mucho mejor”.

Al llegar a los torneos, Arinze mira siempre dónde está la iglesia católica  más cercana y se presenta a sus sacerdotes. Los otros jueces le conocen aquí como Father Paul o FP, y algunos le acompañaron el domingo a la Catedral de San Patricio en la Quinta Avenida. Dice que los responsables del circuito le han ofrecido un empleo a tiempo completo pero ha dicho que no. Por ahora, Dios sigue siendo más importante que el tenis.