Análisis

“Trata plaga del que lamentablemente nuestro país tampoco está exento” Mons. Sergio Gualberti

La primera lectura nos presenta a Job, un hombre bueno caído en la desgracia, que partiendo su experiencia personal de sufrimiento, se hace una serie de preguntas acerca de Dios, la vida, el dolor y la muerte: ¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra? No son sus jornadas como las de un asalariado… me han sido asignadas noches de dolor… la noche se hace muy larga… Mis días corrieron más veloces que una lanzadera: al terminar el hilo, llegaron a su fin”.

Job está solo y abandonado por todos, ha perdido toda su familia, además está enfermo con su cuerpo recubierto de llagas malolientes, tirado en un basurero. Job personifica al “mal de vivir “ que es común a todo ser humano, un mal que se vuelve más insoportable cuando sobreviene el sufrimiento. Él siente que su suerte es peor de la de un jornalero, porque este siquiera descansa en la noche, pero, para él, la noche no sólo no lo alivia de sus males sino que le acarrea angustias, pesadillas y un revoltijo de ideas, que hacen sus horas interminables.

Es una situación desesperante y sin salida, pero él no se conforma con lo que le pasa y busca encontrar el por qué de sus males, se confronta con los amigos que vienen a visitarlo aunque quedan lejos por miedo al contagio. Corre incluso el riesgo de perder su fe y llega a cuestionar al mismo Dios en forma directa, como en un juicio, emplazándolo a que responda sus preguntas.

Su búsqueda al final encuentra una respuesta que le trae la paz y se dirige a Dios con estas hermosas palabras: “Antes te conocía solo de oídas, más ahora mis ojos te han visto”. En el diálogo que ha tenido con el Señor, Job se da cuenta que el pensamiento de Dios es infinitamente superior al suyo, que todo lo que pasa en la vida de cada persona y de la humanidad, incluso el dolor y el mal, tiene un sentido en el plan de Dios, por eso se queda conforme con su enfermedad y tampoco le importa quedarse en el cenizal.

Esta respuesta de Job que pone su confianza en Dios como Él que teje la historia de cada persona y de toda la humanidad es admirable por su profundidad y sabiduría, sobre todo si pensamos que él vivió antes de la venida de Jesucristo.

Creo que todos nosotros, por lo menos una vez en nuestra vida, nos hemos puestos muchos ¿por qué? cuando hemos caído en la angustia y desesperanza porque golpeados por una desgracia, la enfermedad, el dolor o la muerte de un ser querido. Sin embargo, en comparación con Job, nosotros cristianos tenemos la dicha de contar con la respuesta definitiva de Dios en el misterio de la Pascua. La muerte y resurrección de Cristo, que asume sobre sí la experiencia humana del sufrimiento y de la muerte para sembrar en nosotros la semilla de esperanza y de vida eterna, ilumina nuestra mente, da vigor y trae sosiego a nuestro corazón. En Cristo resucitado también la muerte y el dolor toman sentido y se vuelven semilla de vida nueva. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, quedará solo; pero si muere dará mucho fruto” (Jn 12, 24).

Es en este nuevo horizonte que Jesús está por inaugurar, que Él realiza los signos y milagros durante su predicación y ministerio público, como los que nos relata el evangelio de hoy. Jesús, después de haber echado un espíritu maligno que se había apoderado de un hombre, sale de la sinagoga de Cafarnaúm y se dirige a la casa de Simón. Allí encuentra a la suegra de Simón en la cama y con fiebre, él se le acerca, la toma de la mano y la hace levantar. Nuevamente estamos ante un extraordinario signo de la “autoridad” y de la fuerza liberadora de Jesús: él sana a la enferma solamente con su presencia y el contacto de la mano, sin decir una palabra.

La hizo levantar… y (ella) se puso a servirlos”. El hecho que la suegra se levante y se ponga a servir no solo es signo de que ha sanado enseguida y muy bien, sino, en un sentido más profundo, que se ha sanado totalmente de la fiebre del mal que mantiene en su poder al ser humano.

La liberación y salvación de Jesucristo abarca a “todo” el ser humano en sus dimensiones materiales y espirituales. Él nos libera de todas nuestras ataduras y egoísmos, para que nuestra vida se ponga al servicio del Reino de Dios. La suegra de Simón, libre de toda atadura, puede ahora seguir a Jesús en el servicio, Él que vino “a servir y no a ser servido”, y se vuelve el primer ejemplo y testigo del verdadero discípulo del Señor.

El Evangelio, a continuación, introduce otra escena ambientada en la puerta de la casa de Simón. Es el atardecer de ese mismo día cuando ha terminado el descanso sabático, por eso la gente sale de sus casas y llevando enfermos y endemoniados va en masa donde Jesús, que sanándolos, reafirma su poder sobre el mal y el maligno y se manifiesta con su presencia salvadora y eficaz.

La mañana siguiente, antes que amanezca, Jesús se retira a un lugar desierto para orar, iniciando el nuevo día con la oración y en diálogo profundo con el Padre, sin embargo no podrá quedarse solo por mucho tiempo, porque lo busca mucha gente ansiosa de ser liberada del mal. Pero Jesús, que tiene la preocupación de anunciar el Evangelio en otros lugares, manda: “Vayamos a otra parte, porque para eso he salido”.

Aunque Jesús está concretamente arraigado en Palestina, su misión salvadora supera los límites de una región y las fronteras de un país, y comparte la búsqueda, el sufrimiento, y la expectativa de todos, para que “Dios sea todo en todos”. Es la misma preocupación que mueve San Pablo a exclamar: “¡Ay de mi si no predicara el evangelio!… Todo lo hago per el EvangelioMe hice todo para todos”. Pablo con gozo se entrega a todos en especial para los débiles en la fe y los últimos de la sociedad, para ganarlos a los bienes del Evangelio.

Estos testimonios son un fuerte llamado para que cada uno de nosotros nos comprometamos en la misión de anunciar y testimoniar a Jesucristo como nuestro salvador, como la esperanza certera que da sentido y llena la vida, aún en los momentos de prueba y de dolor.

Este 8 de febrero es el día de Santa Josefina Bakhita, una religiosa africana, raptada de niña y esclavizada, que después de haber sido sometida a duros trabajos y toda clase de vejámenes por parte de cinco amos, fue llevada a Italia donde conoció a Jesucristo, recibió el bautismo y entró al convento dando un gran testimonio de fe y vida santa. El Papa Francisco ha pedido que en esta fecha se celebre en la Iglesia la Jornada mundial de oración, reflexión y acción contra la trata de los seres humanos, con el lema: Enciende una luz contra la trata“. Es un problema muy grave que afecta en el mundo a millones de personas, niños, mujeres y hombres de todas las edades, privados de libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud, plaga del que lamentablemente nuestro país tampoco está exento. Acogemos con beneplácito el pedido del Papa, nos unimos en oración con él y nos comprometemos en unir nuestros esfuerzos con las instituciones públicas para luchar en contra de este mal.

También el día miércoles 11 del presente, fiesta de la Virgen de Lourdes, se celebra la Jornada del Enfermo con el lema: «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies» (Job 29,15). Nos unimos a las oraciones de toda la Iglesia para todos los hermanos enfermos, los que están en hospitales, clínicas y en su casa, a fin de que a través de nuestra cercanía y solidaridad descubran el rostro amoroso y consolador de Dios.

Terminamos con las palabras del Salmo 146 agradeciendo al Señor que, por Jesucristo, se ha hecho cercano a nosotros, para socorrer nuestras enfermedades y aliviar nuestros dolores: “Alabemos al Señor, Él sana a los que están afligidos y les venda sus heridas”. Amén