Internacional

TRATA DE PERSONAS: ESCLAVITUD MODERNA QUE SUBLEVA

El obispo de Gualeguaychú, monseñor Jorge Eduardo Lozano, aseguró que la trata de personas para explotación sexual es “un flagelo antiguo pero que ha crecido de manera dramática en las últimas décadas”, pero destacó que “la globalización, la facilidad en las comunicaciones, las nuevas tecnologías, han servido también para llevar esta preocupación a cada rincón de nuestro país y del mundo”.

“El modo de captación de las víctimas sigue siendo el engaño con promesas de trabajo y estudio, el secuestro en la vía pública en diversas ciudades, y a ello se ha sumado la búsqueda de contacto por medio de las redes sociales. El mal no tiene límites fronterizos o tecnológicos”, advirtió en su columna semanal.

El prelado explicó que “cuando hablamos de trata nos referimos al sometimiento de una persona para la explotación sexual, laboral o el tráfico de sus órganos”.

“El organismo oficial dedicado a recibir denuncias por estos delitos —Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas— realizó su informe 2011, destacando que se consignaron 3.398 casos de menores extraviados (201 en la provincia de Entre Ríos). Si bien se dice que un 70% de ellos se fueron voluntariamente de sus hogares debido al maltrato, el otro 30% no tiene explicación más que la sospecha de haber sido ‘llevados’ contra su voluntad”, precisó.

“Ésta es una actividad mafiosa tan creciente en el mundo que logró desplazar del segundo lugar en volumen económico al tráfico de armas. El engaño o el secuestro es el primer paso para adentrarse a un infierno interminable. El segundo paso y los siguientes están cubiertos de violaciones reiteradas, palizas, amenazas a las familias, torturas de las más siniestras. Sus agentes son personajes sin alma, sedientos de dinero y poder, llenos de desprecio por la condición humana”, aseveró.

El obispo gualeguaychense describió que “a las víctimas les dan un nombre distinto y ropa que las deja semidesnudas. Se les obliga a olvidar su identidad y dignidad. Incluso hay lugares que se llaman de “ablande” para doblegarlas y prepararlas a ser esclavas sin quejarse”.

Tras señalar que “no se les reconocen derechos” y que “sin justicia todos somos menos humanos y más animales”, dijo que tal es la situación de sojuzgamiento que, para muchas, “la muerte sea deseada como una bendición y liberación”.

“Quienes pagan por sexo en esos antros de opresión —llamados con eufemismos tales como whiskerías, bares nocturnos, cabarets, dancings…— son cómplices de la esclavitud. Esta vileza es manifestación de una sociedad enferma que mira para otro lado y justifica con criterios machistas la opresión y el sometimiento”, opinó.

Monseñor Lozano destacó la labor de “algunas organizaciones sociales se que encargan de la búsqueda de las víctimas y el acompañamiento”, y pidió a los padres que hablen con sus hijos y vecinos, porque “si no hay demanda no hay prostitución. Hablá con tu marido, tu novio, tu hijo, tu hermano. Cuidemos a los chicos”.

“No podemos quedar indiferentes sabiendo que hay redes internacionales que ofrecen a la Argentina como lugar de turismo sexual infantil. Pagan en dólares y euros cuantiosas sumas de dinero para comprar la integridad de quienes son iguales en dignidad que vos y los tuyos”, alertó.

El obispo dijo, además, que “el juicio llevado a cabo en Tucumán por el secuestro de Marita Verón —hija de Susana Trimarco— ha dejado en evidencia que las chicas eran trasladadas en los vehículos de fuerzas de seguridad de un prostíbulo a otro, a funcionarios judiciales como clientes, a intendentes y legisladores haciéndose los distraídos. Todos cómplices de aberrantes delitos. Muchos de ellos ‘consumidores’ de prostitución”.

“Son asesinos de sueños y libertades, criminales de paz familiar, pisoteadores de dignidad humana. Depredadores de inocencia, devastadores de pureza. Castrados de amor. Tal vez algunos de ellos no tengan condena de cárcel. Pero sí merecen el repudio de la sociedad y ojalá también de sus compañeros. En estos días conmemoramos los 200 años del Éxodo Jujeño, y de la batalla de Tucumán. Epopeyas de un pueblo que luchó por su libertad. ¡Cómo deseo ese espíritu libertario y magnánimo en este Bicentenario! Claro que estoy muy enojado y dolido. ¿Vos no?”, concluyó.+