Análisis

Transporte caótico de Santa Cruz

Era la madrugada de un día de sur y chilchi, cuando mi vecina Marcela Ipamo salió a la avenida a esperar el micro para ir a su trabajo. Ella se mojó enterita esperando el micro porque no había ni refugio ni parada señalada. Esperó más que otros días, porque los micros desaparecen cuando llueve un poquingo. Llegó el bendito micro escupiendo gente por la puerta. Marcela tomó coraje y logró subir, se acomodó apenas para poder respirar. Así partieron a los tumbos y frenazos. El micrero conducía su micro a una velocidad alocada para compensar el tiempo perdido en los embotellamientos.

Cuando Marcela llegó a su parada apenas le dio tiempo para saltar del micro y sentir la pena de estar llegando tarde a su trabajo.

– ¿Qué somos, gente o ganado?, se preguntaba acongojada.

La verdad es que la ciudad creció sin control y cada junta vecinal peregrinó para lograr que algún micro ingrese a su barrio y establecieron la ruta pasando por los mercados. Para peor suerte los micros de esa línea son destartalados y se las baten contra otros 7 mil micros y 5 mil minibuses que inundan la ciudad.

El resultado es este laberinto de rutas mal distribuidas, con recorridos larguísimos, tarifas abusivas, mala calidad de los servicios, superposición de rutas entre las líneas de micros y sin conectividad entre las radiales mediante los anillos.

La alcaldía es un fantasma ausente a la hora de fijar tarifas accesibles, controlar la calidad del servicio y plantear un sistema integral de movilización del usuario que por ahora es privatizado y trabaja en función del lucro de los propietarios de micros, hoy empoderados económica y políticamente.

Frente a este desamparo, al ciudadano no le queda otra alternativa que arrastrar a la alcaldía a que se siente con los otros municipios y que juntos asuman la responsabilidad de administrar el transporte público y mejorar la calidad del servicio a la ciudadanía. Esto significa que tienen que planificar las rutas, distribuir las líneas y establecer paradas que permitan la conectividad entre radiales y anillos con un solo pasaje. Así el desplazamiento de la ciudadanía será rápido y accesible.

Este sistema metropolitano de transporte requiere de sistemas modernos de control de calidad del servicio. Bajo el sistema privatizado actual será imposible lograrlo. Sólo la creación de un sistema de transporte público que tenga una administración y gestión descentralizada y autónoma garantizará que avanzaremos hacia un servicio de transporte público de calidad que observe la dignidad de los usuarios. Este objetivo sólo se logrará mediante el esfuerzo financiero conjunto de los municipios, el gobierno nacional, el gobierno departamental y los organismos financieros internacionales. Una sola línea de tren metropolitano que ofrece el gobierno nacional es insuficiente, es necesario hacer más si de verdad queremos progresar y avanzar al siglo 21, si de verdad respetamos al “querido vecino”.

Fernando Pérez, es encargado del area pedagógica de Fundacion IRFA