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Tarjeta Roja de los obispos brasileros al mundial de fútbol Brasil 2014

Los brasileños sienten una mezcla de euforia e indignación por la fi esta del fútbol ante un excesivo gasto público. «Brasil tiene necesidades más urgentes que la construcción de estadios», denuncia a LA RAZÓN el secretario general del Epicopado de Brasil

Tarjeta roja por el excesivo gasto público a raíz del Mundial. La Conferencia Episcopal Brasileira (CNBB) ha actuado de árbitro amonestando al  Gobierno  brasileño por la alta inversión en estadios y los escasos fondos destinados a otras infraestructuras necesarias para el progreso del país. Pero los obispos no son los únicos que han mostrado su descontento. Brasil es conocido mundialmente como el país del fútbol. Una Copa del Mundo no debería traer más que alegría a un lugar donde golpear una pelota es una forma de vida. Sin embargo, en el país prima la apatía. Un total de 12 sedes albergan el campeonato que hoy da comienzo. Pero, ¿qué pasa con la educación, la sanidad o el transporte público? Los prelados entienden que la mayor parte del presupuesto debería haberse utilizado para solucionar los problemas estructurales de Brasil. Y es que, según los obispos, este evento deportivo privilegia a la población rica, por lo que la brecha social del país continuará en aumento. «Brasil tiene necesidades más urgentes que la construcción de estadios. La gente con menos recursos es consciente de que la sanidad, la educación, el saneamiento, el transporte y la seguridad son problemas en los que el Gobierno no ha priorizado. Obviamente, verán los partidos por televisión y sentirán alegría por “La Canarinha”, pero eso no quiere decir que no estén descontentos», apuntó, en declaraciones a LA RAZÓN, el secretario general de la CNBB y obispo auxiliar de Brasilia, Leonardo Ulrich Steiner.

Más de 170.000 mil personas han sido desalojadas por la construcción de estadios y por la ampliación de la red hotelera. El Episcopado brasileño ha mostrado su descontento con estos procedimientos que violan los valores básicos de los derechos humanos. Es un tiempo de celebración y de paz, como indican los obispos, pero no por eso dejarán de denunciar las injusticias y las violaciones de derechos generadas por el evento. Así, «como Iglesia, esperamos que la reacción de la población ante el gasto que ha supuesto el Mundial sirva para crear más conciencia política y para fomentar la participación de la sociedad civil en las decisiones nacionales», apuntó Ulrich.https://encrypted-tbn2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcR4sSZ0Zwguj8oYBDWKkkfRR4suNeqsLO6xSKTRhNEm4tms9vy9mg

Las inversiones realizadas en transportes son un legado positivo para la población. Sin embargo, el problema es que «las obras de infraestructura no están dirigidas a la superación de los retos del desarrollo económico y cultural», comentó Ulrich. La Iglesia brasileña no está haciendo más que seguir los consejos de Francisco. «Hoy hace falta una Iglesia capaz de acompañar, de ir más allá del mero escuchar; una Iglesia que acompañe en el camino poniéndose en marcha con la gente», afirmó el  Papa  en  la  reunión  con  los  obispos brasileños durante la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro del pasado verano. Y en ello están los obispos, con Ulrich a la cabeza.

IMAGEN DE POTENCIA

«El enorme gasto que está acarreando la Copa del Mundo contrasta con la realidad que vive el pueblo de Brasil día a día», dijo Avelino López, misionero español que lleva 41 años dedicándose a los demás en el estado de Bahía. Por eso, los brasileños están a medio camino entre la euforia y la indignación. «El país quiere dar una imagen de gran potencia, pero la realidad es que los hospitales públicos no están a la altura y la educación pública es muy precaria», advirtió López. Por su parte, Domingo Fuentes, marianista encargado de un proyecto socioeducativo en São Paulo,  explicó  que  «la  decepción, con todo lo que podría traer de progreso el campeonato, es porque los gastos se han concentrado casi exclusivamente en los estadios. No hacían falta 12 sedes. Algunos de los campos cuando se acabe el campeonato no se volverán a utilizar. Sin embargo,  otras  infraestructuras como los transportes son apuestas de futuro».

El  Gobierno  brasileño  se  ha centrado en poner parches, en lugar de mejorar los servicios del país. «Intentan camuflar lo que existe. Lo que tenía que haberse empleado para salud  o  educación  se  ha destinado  a  la  Copa  del Mundo. Además, los beneficios que reporte el Mundial tampoco los van a invertir en la  mejora  de  estos  servicios»,  comentó Urbano Alonso Álvarez, misionero mercedario que reside en la ciudad de Salvador de Bahía. El país es una sola voz en contra de las injusticias que se están cometiendo con quienes más necesitan de las ayudas sociales. «Nadie quiere a la FIFA, lo que es lógico, puesto que el Gobierno invierte en estadios mientras la gente muere en la cola de la seguridad social», indicó José Marqués Pinheiro, voluntario de la JMJ de Río de Janeiro. Además, añadió que «la CNBB hace todo cuanto está en su mano, pero aun así no es suficiente». La inseguridad es también un punto de discusión, porque no se ha invertido en seguridad. «En Copacabana, que es una zona rica, hasta hace 20 años no se pegaban tiros, pero ahora sí». Marqués acaba de volver de Brasil y reconoce que los ciudadanos tienen miedo. La situación llega a tal punto que no se atreven a salir a la calle sin compañía.

TRATA DE PERSONAS

Otra de las preocupaciones de la CNBB es la trata de personas. El Gobierno brasileño lanzó la campaña «No mires para otro lado», en colaboración con la Unión Europea y Unicef,  que  integra  iniciativas para luchar contra la violencia y la explotación sexual de niños, jóvenes y adolescentes  en  Brasil  durante  la  Copa  del Mundo. Y es que Brasil es hoy, según informes de la ONU, uno de los países del mundo que presenta los mayores índices de explotación sexual infantil en el mundo.  Por eso, la campaña de la Fraternidad colabora este año para informar del problema y hacerlo más visible, ya que «un evento con las proporciones de la Copa del Mundo es, tristemente, una ocasión propicia  para  que  se  intensifique  este problema», mantuvo el secretario general del Episcopado brasileño.

«El fútbol es un deporte que une a las personas.  Todos  tenemos  esa  curiosa manía de abrazar a extraños para celebrar juntos un gol», explicó Wilma Aki Onoie, coordinadora  pedagógica  del  Centro Social Santa Luzia de Sao Paulo. En esta ciudad, una de las sedes de la Copa del

Mundo,  también  se  han  sucedido las protestas, pero «hace semanas que las calles se tiñeron de verde y amarillo para acoger el gran evento. Todo está preparado y ahora las diferencias son apartadas a un lado, porque somos un pueblo que respira fútbol», dijo Aki. Y es que, como reza la canción oficial del Mundial, interpretada  por  Pitbull,  Jennifer  López  y Claudia  Leitte,  «We  are  one» –Somos uno–.