Beni

“Subimos al Tabor con Jesús, Pedro, Santiago y Juan, para ser testigos de la Transfiguración del Señor”, pide Mons. Julio Maria Elias

19 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (9-8-2020)

El 6 de agosto, después de haber vivido un triduo de oración por nuestra patria boliviana, en el que Jesús nos urgía construir la paz, instaurar la justicia y fortalecer la libertad, subimos al Tabor con Jesús, Pedro, Santiago y Juan, para ser testigos de la Transfiguración del Señor, celebrando los 195 años de independencia de Bolivia.

Allí, en el cerro, con un Jesús, cuya cara brillaba como el sol y cuya ropa resplandecía como luz, teniendo a ambos lados a Moisés, representante de la Ley, y a Elías, representante de los profetas, oímos la voz del Padre que decía: “Este es mi Hijo, el Amado a quien miro con cariño, a El han de escuchar” (Mateo 17, 5).

Y este Jesús, el Hijo de Dios e hijo de la santísima Virgen María, a quien debemos escuchar, habiendo tenido en esta semana pasada, en nuestro país, unos días de auténtico temor por la escalada mortal del coronavirus, declaraciones políticas incendiarias y bloqueos que ya han cobrado más de 30 vidas, nos dice en este domingo: “Tranquilícense, soy Yo; no teman” (Mateo 14, 27).

Pero nosotros, como Pedro que piensa que el que camina sobre las aguas es un fantasma, le decimos hoy: “Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”, y El nos dice: “Ven”.

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Sí, queridos hermanos, vayamos hacia Cristo, no mirándonos a nosotros ni llenándonos de miedo por la violencia de las realidades sociales y políticas que vive nuestra Bolivia, sino poniendo nuestra fe en El, que siempre tenderá su mano para socorrernos, si le decimos, como San Pedro, ¡Señor, sálvame!, y nos hará caminar por sendas de paz; paz, no como la que da el mundo, sino la que Jesús nos da: basada en la verdad, la justicia, la libertad y el amor.

Este caminar de discípulos misioneros exige conversión: cambio de vida y de actitudes. Por eso, el Señor nos dice: “Conviértanse porque ha llegado el Reino de los Cielos” (Mateo 3, 2). Esta petición a todos de conversión, la hago de forma particular a aquellos que anteponen la política y la economía al valor fundamental de la vida y salud. Es extremecedor lo que dice Jesús: “Si no se convierten, todos perecerán del mismo modo” (Lucas 13, 3). Y lo que San Pablo escribe en la carta a los Romanos, cuando dice que “no paguen a nadie mal por mal” (Romanos 12, 17): “No tomen la justicia por cuenta suya, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo daré el pago merecido», dice el Señor” (Romanos 12, 19). Conviértanse, por tanto, agentes de mal y de muerte, para no caer en el castigo divino.

Queridos hermanos, teniendo presente que el sábado de la semana que estamos iniciando, 15 del presente mes, es la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, con ella, que proclama la grandeza del Señor porque ha mirado la humildad de su esclava y derriba del trono a los poderosos, demos gracias al Padre, por su hijo Jesucristo, muerto y resucitado, que se nos da en la Eucaristía como alimento de vida eterna, para que podamos recibirlo y decir como San Pablo: “Vivo yo, mas no soy yo, sino es Cristo el que vive en mí” (Gálatas 2, 20).