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“Señor quítame la vida”

Las consecuencias de una epidemia mundial, como la que ahora vivimos, han dejado grandes cicatrices en muchas familias. Las experiencias de lucha contra la enfermedad son sorprendentes. La experiencia del Lic. Vidal Arratia, manifiesta la reacción humana y el auxilio de Dios en momentos de duda o de lucha contra la enfermedad. A continuación, comparto el relato de esta experiencia.
(…) Así pasaban las horas y los días. Seguía en ese sueño profundo, sin identificar quién era, qué tenía. No sabía que este mal me había dejado en un estado totalmente vegetal, que sólo vivía gracias a los equipos de terapia intensiva y el apoyo directo de los médicos, enfermeras y otro personal de salud. Tiempo después, me enteré que muchos amigos, que tenían contacto directo con terapia intensiva, iban a hacer seguimiento de mi estado de salud. Son enfermeras de mi pueblo de Uncía que trabajan en el SSU y otros amigos de amigos y parientes. Mientras eso sucedía, el rato que podía, seguía pidiendo que se termine esa situación de dolor, “de una vez quiero morir y no sufrir más. Señor quítame la vida, que pare este sufrimiento”.
Fuera del seguro, mucha gente hacía seguimiento de mi estado. Un grupo de parientes, amigos que buscaban información de mi estado, preguntando a los médicos, a las enfermeras. A eso sumaba que muchos estudiantes y colegas de la facultad de Humanidades de la UMSS estaban en cadenas de oración. Mi estado de salud fue conocido por mis amigos de Europa, América Latina y otros lugares del mundo. Todos hacían sesiones oración para que me recupere.
Mientras eso sucedía en torno a mi salud, dentro y fuera del SSU, recuerdo que pedía morir y no seguir viviendo en ese sueño profundo y con unos dolores inexplicables. En un momento en ese silencio de terapia intensiva me dije, si soy vegetal para qué vivir. Pedía morir, sólo morir y detener todo ese sufrimiento.
Supongo que al séptimo día de estar en terapia intensiva llegó a mi mente la voz de mi ángel de la guarda, de repente escuche la voz que decía:
Voz de niña: ¡Yo, quiero decirle al papá que le quiero mucho!
Y entonces me digo: ¡Carajo, creo que eres el Vidal Arratia, parate mierda!, debes seguir en la lucha.
Un tiempo después, quizá horas, o un día, escucho la voz de los médicos y enfermeras que conversaban:
– Médico: Está reaccionando muy bien. Ya es tiempo. Mañana a las dos le desentubamos.
Solo era unos mensajes que escuchaba y todavía no tenía tan claro mis pensamientos. Tampoco sabía con claridad que era yo. Después de un largo silencio que debió ser, horas, quizá un día, escucho la voz de médicos y enfermeras.
– Médico: Son las una y treinta. Esperamos media hora y a las dos todos preparados (…).
Hoy que han pasado exactamente dos meses, ya recuperé mis facultades físicas y mentales, en gran parte, falta un poco más. Todavía sufro de los pulmones, no tengo agilidad física en nada. Hay cosas que no recuerdo. Debo seguir cuidándome. Dios y la Pachamama me dieron la segunda oportunidad de vivir. Agradezco a cada uno de ustedes por el apoyo moral, material y espiritual. Pido a Dios y la Pachamama que les cuide y les guarde siempre a cada uno de ustedes y a sus familias.
Con cariño: Vidal Arratia.