Santa Cruz

“Seamos más capaces de no dejar que solamente algunos piensen por nosotros” Mons. René Leigue

Mons. René Leigue, Obispo Auxiliar de Santa Cruz, luego de saludar al pueblo de Dios especialmente a los enfermos y otros hermanos que participan de la Santa Misa a través de los Medios de Comunicación, sostuvo que Dios está presente, está en medio de nosotros y no se va a callar hasta que la justicia sea como una luz que guíe al pueblo. Asimismo planteó que si no llegamos a un consenso, si no nos ponemos de acuerdo como pueblo, es porque algo falta, y ese algo es Dios. Cuando Dios esté en medio de nosotros, las cosas van a ser más sencillas. Clic para Ver Video de la Homilía

El prelado al referirse al rol de la familia en la sociedad sostuvo que La familia está para que haya alegría y cuando está en medio de la familia la presencia de Dios, la alegría será mayor. En ese contexto exhortó a los fieles que “dejemos que Jesús esté presente en la familia” cuando eso ocurra, seguro que las cosas van a ser más sencillas.

Por otro lado enfatizó que no podemos decir que uno tiene más dones que otro, hay diversidad de dones, pero todos proceden de un mismo espíritu. Hay diversidad de actividades pero solo hay un Dios, un mismo Dios que inspira, un mismo Dios que da carismas. Somos diversos, tenemos nuestras maneras de ser, de proceder, de pensar y también en libertad podemos decidir, pero que triste es cuando escuchamos que esto debe ser anulado, que solamente se debe pensar en una cosa, solo se debe decidir por alguien o por un grupo.

Al concluir su homilía Mons. Leigue formuló el deseo de que podamos ponerlo todo al servicio de los demás, pidamos a Dios que el sea la fuerza para no dejarnos llevar solamente por un pensamiento, por una ideología sino nos dejemos llevar por Dios que es misericordioso que quiere que nos amemos, que nos perdonemos y que no nos dejemos llevar por una persona.

 

Homilía de Mons. René Leigue

Pronunciada en la Catedral de San Lorenzo

Domingo 17 de enero de 2016

Hoy hemos escuchado esta palabra del Señor. En la primera lectura anuncia el Profeta Isaías: “Por amor a Sion no me callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que irrumpa su justicia como una luz radiante y su salvación como una antorcha encendida.” Son las palabras del Profeta, pero el Profeta también hace eco de la misma palabra de Dios: “Es Dios que nos habla, no dice que va a descansar, no se va a callar, hasta que la justicia sea como una luz que guie su pueblo, sea como una antorcha encendida que no se apagará jamás.”

La presencia de Dios en medio del Pueblo, la presencia de Dios preocupado por la realidad del pueblo de Jerusalén, creo que Él ahora también lo debe ver así a nuestro pueblo, lo debe ver así a todo el mundo y esta palabra debe resonar en nuestros corazones y nuestra mente, que Dios está presente, Dios está en medio de nosotros, Dios se preocupa por cada uno de nosotros, por eso nos dice: “No descansaré y no me callaré”. Esta palabra del Profeta nos anima también a nosotros, como creyentes que somos, a no cansarnos, ni tampoco relajarnos. Quedamos tranquilos a lo mejor pensando de que las cosas están como están y no tienen solución. Creo que si hay dificultades, si hay problemas, si hay lo que estamos viviendo, a lo mejor no estar de acuerdo entre nosotros, es porque algo falta. Y ese algo es cuando Dios no está en medio de nosotros. Cuando Dios no está en medio de su pueblo, las dificultades se agravan más. Pero cuando Dios está presente, cuando Dios está en nuestras vidas, seguro que las cosas van a ser más sencillas a lo mejor. Pero iremos adelante sin perder esa esperanza, teniendo en cuenta que hay una luz que nos guía, hay una antorcha que nos va a guiar y eso no se apagará jamás.

Dios se presenta aquí como ese esposo preocupado por la esposa y así como termina la primera lectura, ese encuentro que hay entre esposos, la alegría de la esposa de encontrarse con su esposo, la alegría del esposo es también tener a la esposa. Creo que esto es lo que el Señor hoy marca en nosotros, hablando de la familia, como escuchamos en el evangelio, Jesús mismo participa de una boda, participa en la unión de una pareja, y es la presencia de Él la que puede dar esa alegría verdadera a esta familia. Por eso es que cuando falta el vino -que significa alegría- cuando falta esto entonces no es una fiesta como tal. Y aquí también tomamos en cuenta la presencia de María siempre preocupada por cada uno de nosotros, y cuanto más importante en ese momento de lo que significa la familia, ella es la que hace notar que algo falta y en este caso falta el vino. Jesús hace su primer milagro, pero ese milagro es su presencia dentro de la familia y si nosotros también dejamos que esto ocurra, seguro que las cosas van a ser diferentes en la familia. Hoy en día cuando la familia, el matrimonio está amenazado por cosas a veces sin sentido, por ejemplo escuchamos tantas veces las noticias cada día, de que hay problemas en la familia, de que no se respeta la vida dentro de la familia, especialmente el esposo es el que no respeta a la familia, en algunas familias a la misma esposa, inclusive llega a quitarle la vida. Qué triste hermanos esto que vivimos, las noticias que escuchamos a veces cada día. Pero aquí está el Señor para decirnos: La familia está para que haya alegría y para que haya alegría dentro de la familia tiene que estar presente DIOS dentro de la familia. Donde no está dios, las cosas no van bien, donde no está la presencia de Dios ¿Quién se apodera? Como el mismo Jesús lo decía: El enemigo. Y el enemigo se presenta para llevar a la familia por otros caminos que no son los correctos. Hermanos y hermanas, pensemos nosotros, piensen ustedes en su familia, ¿cómo están viviendo? ¿Está Dios presente en la familia de ustedes? O solamente lo dejan entrar un momento, cuando se sienten contentos y después lo sacan también a Dios de la familia. Es para preguntarnos ahora, especialmente los esposos que se pregunten: ¿Dejamos que Dios esté en medio de nosotros? ¿Dejamos que sea esa luz que nos guie? ¿Vemos esa antorcha que guía el caminar de familia? Al final no sufren solamente los esposos sino también los hijos, hoy en día cuando hay tantos derechos y leyes de los que se hablan, derechos que tienen los hijos, derechos que tienen las esposas, derechos que tienen los esposos, pero poco se habla de los deberes. Y si vivimos basados en los derechos nomás se comenten errores. Se olvida de los deberes que tiene el esposo con la esposa, la esposa con el esposo y los hijos con los papás. Creo que aquí tenemos que preguntarnos ¿Cómo estamos trabajando esa responsabilidad dentro de la familia?

La segunda lectura nos habla de los dones, y nos habla de una diversidad de dones, la diversidad de carismas que cada uno de nosotros tiene. Aquí no podemos decir que tiene uno más dones que otro. Hay diversidad de dones, pero todos proceden de un mismo Espíritu, hay diversidad de actividades pero es el mismo Dios el que inspira, es el mismo Dios que da los dones, da los carismas. Y todos esos carismas que tenemos son para ponerlos para el bien común. ¿Qué interesante esto no? Cuando hoy en día escuchamos que solamente algunos pueden hablar, acá nos habla de una diversidad de dones y nosotros somos parte de esa diversidad de dones, somos diferentes, no somos iguales, tenemos nuestras maneras de ser, tenemos nuestras maneras de proceder, tenemos nuestras maneras de pensar y también, en libertad, podemos decidir. Pero qué triste es a veces cuando escuchamos que “esto debe ser anulado”, “solamente se debe pensar en una sola cosa”, “solamente se debe decidir por alguien o por algún grupo”. Creo que aquí estamos nosotros callando esa luz que nos da el Espíritu, esos dones que tenemos, si pensamos que son solamente algunos los que pueden solucionar los problemas, si pensamos solamente que es alguno el que puede llevar adelante una situación o ser guía de algún pueblo. Si pensamos solamente en eso, estamos acallando el Espíritu, porque es Espíritu el que impulsa, es el Espíritu el que ilumina, es el Espíritu el que nos da esa luz para poder hacer las cosas cada vez mejor. Y creo que nosotros somos conscientes de eso. Por eso en esa diversidad de dones, en esa diversidad que somos nosotros mismos como personas tenemos que pensar cómo estamos dejando actuar ese Espíritu, ¿o lo estamos callando cada vez? O nos estamos dejando envolver por otros que se sienten inspirados, por otros que se sienten llenos del Espíritu, por otros que sienten que van a ser los salvadores de todo y que “otro no puede hacer las cosas que yo puedo hacer”. Si estamos pensando en eso, solamente, entonces estamos dejando al Espíritu, este Espíritu que nos ilumina, este espíritu que nos fortalece, lo estamos acallando.

El Señor hoy nos llama a nosotros y nos dice como han escuchado en la primera lectura: “Por amor a este pueblo no me callaré”, “Por amor a este pueblo no descansaré”. También nosotros hermanas y hermanos estamos llamados a renovar cada día nuestro compromiso como ciudadanos que somos de este pueblo y como cristianos, como personas de bien, como personas que queremos hacer el bien a los demás, como personas que queremos trabajar por los demás. Y aquí estamos llamados todos nosotros a eso, no solamente esperanzando en una sola persona que si a lo mejor se siente iluminado y salvador de todos y que nadie más pueda hacer esas cosas. Cada uno de nosotros tenemos las mismas posibilidades por tanto dejemos que este Espíritu actúe en nosotros, dejemos que este Espíritu nos ilumine, dejemos que este Espíritu nos haga cada vez más capaces de no dejar que solamente algunos piensen por nosotros, sino que también nosotros podamos exponer aquello que sentimos, aquello que pensamos y aquello que podemos hacer. Que podamos ponerlo todo al servicio de los demás.

Hermanos y hermanas pidamos a Dios que Él sea el que nos dé esa fuerza y a nuestros Espíritu que sea la fortaleza para no dejarnos llevar solamente por un pensamiento, por una ideología, sino que nos dejemos guiar por este Dios de la vida, por este Dios que nos quiere, por este Dios que está en medio de su Pueblo, por este Dios que nos ama y por este Dios que es misericordioso. Escuchemos a María en este Año de la Misericordia que estamos viviendo, que ella nos dice: “Hagan lo que Él les diga” y Dios quiere todo lo mejor para nosotros, quiere que nos amemos, que nos perdonemos, que estemos pendientes unos de otros y no solamente dejarnos guiar por personas humanas, sino por este Dios que está siempre presente en nuestras vidas.

Que así sea.