Destacadas

REFLEXIÓN DOMINICAL: JESÚS, INDIGNADO CON EL SISTEMA

En el evangelio de este domingo (Mt 22,15-22) encontramos una de esas frases que casi todo el mundo conoce aunque no todos sepan de dónde procede: “Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,31). Frecuentemente se ha interpretado esta sentencia para justificar que la Iglesia no se meta en política, ni los políticos en la religión, como dando a entender que ambos poderes, el religioso y el civil, tienen su autonomía propia al mando de dos mundos paralelos o de un mundo dualista en el que lo espiritual y lo material se viven por separado y se rigen por criterios diferentes, también paralelos e independientes: El uno es de Dios y el otro del “César”, es decir, del poder político de turno. Ésa es sin duda una interpretación muy alejada de la pretensión del Evangelio.

El contexto de esta sentencia de Jesús, transmitida en los tres primeros Evangelios, es una situación de progresiva hostilidad contra Jesús por parte de los dirigentes religiosos y civiles en el ámbito del templo de Jerusalén. Los fariseos están tramando con malicia cómo eliminarlo y buscan alguna causa entre sus palabras que formalmente pudiera parecer motivo suficiente para arremeter contra él. A Jesús le plantean una cuestión capciosa los fariseos y los herodianos, ambos representantes de los poderes religioso y civil en sumisión, condescendencia o connivencia con el poder imperial romano: ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? Ante la imagen del César en una moneda Jesús recrimina al poder religioso de los fariseos y al poder político del emperador la opresión que unos y otros ejercen sobre el pueblo bajo el sistema imperial. Jesús desenmascara así los dos tipos de opresión ejercida sobre el pueblo de Dios, la política y la religiosa. Esta fue otra verdadera tentación para Jesús. Sin embargo tampoco cayó Jesús aquí en la tentación tramposa de tomar partido por unos o por otros, pues ambos tiranizaban a la gente. Sorprendentemente Jesús los remite en su propio lenguaje, el del dinero, a la soberanía de Dios, como único Señor. Jesús se fija en la moneda del tributo para mostrar en ella, más que su valor relativo a la función de intercambio de bienes, su cara más poderosa, dominadora e idolátrica: la imagen del César con la inscripción de su poderío absoluto y lo que ello significaba para los sometidos e integrados en el sistema imperial. Al decir Jesús el famoso dicho está mostrando su indignación con los dirigentes, pues están plegados a las exigencias del sistema imperial y han dejado de atender la viña del Señor como Dios quiere. Una traducción más exacta (“devolved al César lo que es del César”) permitiría reconocer mejor la indignación de Jesús con todos ellos, reclamando a la vez que devuelvan el pueblo de Dios a su verdadero y único Señor. Jesús no reconoce la autoridad del César, ni la de los fariseos, ni la de los herodianos sobre su pueblo, sino sólo la de Dios (Is 45,6).

Ante la gran crisis sistémica y económica que tiene atrapada a la humanidad, hoy los cristianos podemos decir también que devuelvan este sistema a quien lo inventó y que, en nombre de Dios, se le devuelva la dignidad y la posibilidad de vivir como persona a todo ser humano. El sistema económico vigente ha hecho estragos particularmente con los pueblos pobres de la tierra. La moneda que hoy contemplamos, independientemente de su nacionalidad, se ha constituido en el principal dueño y señor de todo el planeta. El sistema y su lógica, con sus mecanismos endiablados y mortíferos, generan un mundo de pobreza creciente. La palabra del Evangelio, que se convirtió en la primitiva comunidad de Tesalónica en un acontecimiento del Espíritu, de profundas convicciones, suscite en los creyentes una nueva vida consagrada al Dios, único y verdadero, y marcada por la actividad de la fe, el esfuerzo del amor y el tesón de la esperanza (1 Te 1,1-5).

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura.