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Reflexión dominical: El primado de la misericordia en “Fiducia Supplicans”

La Declaración “Fiducia Supplicans”

 

El 18 de diciembre de 2023, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó, con la aprobación del Papa Francisco, la Declaración Fiducia supplicans sobre el significado pastoral de las bendiciones. El documento, al abrir la posibilidad, no la obligacion, de bendecir a parejas del mismo sexo y a matrimonios en situaciones irregulares, mediante una bendición pastoral espontánea, privada, y no litúrgica, ni ritual, apelando a la caridad pastoral y a la prudencia pastoral de los ministros ordenados de la Iglesia, da un paso adelante en la manifestación de la misericordia de la Iglesia que sigue a su maestro y Señor, Jesús.

 

La posibilidad de bendecir espontáneamente a quien lo necesite

 

Notemos bien que “abrir la posibilidad” a ese tipo de bendición, pastoral, espontánea y no litúrgica, según el buen criterio de quien la imparte, no es imponer una obligación ni una norma para nadie. Además, esta Declaración ratifica absolutamente la doctrina tradicional y perenne de la Iglesia sobre el matrimonio y sobre la moral de las relaciones sexuales, pues la bendición que se propone en ella no legitima, en ningún caso, las relaciones existentes entre los miembros de dichas parejas, sino que los acoge en la Iglesia, para que, en el encuentro con Cristo, propiciado por la bendición, experimenten el consuelo del amor de Dios y la gracia espiritual que les ayude a valorar lo bueno y verdadero que haya en su relación y, al mismo tiempo, a purificar su vida, regularla  y encaminarla según los valores del Evangelio y de la enseñanza perenne del Magisterio de la Iglesia.

 

El impulso del cardenal de Madrid

 

El cardenal de Madrid, José Cobo, dice que la aplicará totalmente y que el que no esté de acuerdo que la lea. Yo añadiría, que la lea muy atentamente y sin prejuicios condicionantes. Creo que se encontrará entonces con un documento más, reflejo de las constantes ideas del papa Francisco en todo su pontificado, es decir, la pimacía de la misericordia de Dios, que primerea en su amor desbordante sobre todas las debilidades e irregularidades humanas, que impulsa a una Iglesia en salida misionera que no se cansa de perdonar y cree en la posible redención de toda persona, y que apuesta claramente por la sinodalidad eclesial. Yo diría que el Documento es una muestra más de la conjugación del verbo “misericordear” que el papa va haciendo a lo largo de su ministerio petrino.

 

El verbo “misericordear”

 

La palabra “misericordear” ha sido admirablemente rescatada de la semántica y del rico vocabulario del Nuevo Testamento por el Papa Francisco para mostrar activamente la misericordia de Dios ante el hombre y la invitación a vivir esta relación entre los seres humanos. Quisiera resaltar la importancia de este nuevo término, el verbo “misericordear”,  cuyo uso y puesta en práctica puede contribuir sobremanera a la transformación de nuestra mentalidad egoísta y del lastre inhumano de nuestro mundo, polarizado en dos sistemas caducos que no redimen a los pobres ni a la multitud inmensa de marginados sociales.

 

Jesús misericordea con el leproso

 

Este verbo aparece en el Evangelio de este domingo. El relato de la curación del leproso por parte de Jesús es un signo  revelador de la cercanía del Reino de Dios que él ha anunciado e  inaugurado (Mc 1,39-45). La enfermedad maldita de la lepra era motivo  de exclusión de la comunidad israelita por razones de impureza y de prevención  de su transmisión. Así aparece legislada la relación y la actuación con los enfermos de lepra en  el libro bíblico del Levítico (Lv 13) y así fue desarrollada posteriormente en las  legislaciones rabínicas de la Misná. El leproso era, de hecho, como un muerto en  vida. En ese contexto social y religioso de exclusión de los enfermos de lepra por  razones de seguridad y de prevención, interviene Jesús de manera  provocadora: “Misericordeando”.

 

La belleza del verbo “misericordear”

 

Yo traducía habitualmente hasta ahora el verbo griego correspondiente como “conmocionarse”. Sin embargo, desde la novedad introducida por el papa Francisco creo que es mucho mejor usar el término misericordear.  Splanjnizomai es un verbo griego que implica un movimiento  intenso, corporal, íntimo, desde las entrañas, como cuando decimos “me da un  vuelco el corazón”. Este verbo se puede traducir ya, siguiendo al papa Francisco  en su sabiduría y en su testimonio, como “misericordear”. Es un amor  apasionado, profundamente espiritual, que conmociona las vísceras, afecta  a toda la persona y la pone en movimiento hacia la persona amada. Es un amor  que atiende con la fuerza del espíritu la miseria humana presente en el prójimo  y se verifica en múltiples acciones que nacen del corazón.Ese tipo de amor rompe todas las barreras con tal de atender a la persona sumida  en la miseria. Tocar al leproso es romper con la barrera de lo puro y lo impuro. Ese amor  es el protagonista en el corazón de Jesús, que muestra la misericordia entrañable y  liberadora de Dios, curando y restableciendo a la vida y a la sociedad al  leproso marginado.

 

La misericordia es el amor que actúa

 

Un leproso no podía acercarse a nadie y todo lo que tocaba quedaba impuro. Por  eso tenía que vivir fuera de los poblados y advertir de su presencia por dondequiera  que pasaba. En cambio para Jesús el leproso es, sobre todo, un marginado y  excluido de la comunidad que necesita ayuda. El amor de Jesús hacia el  leproso le conmociona profundamente, le remueve sus entrañas de  misericordia. Entonces extiende su mano, lo toca y le devuelve la salud. Sin  embargo, más importante incluso que la recuperación de la salud fue la  recuperación de la dignidad como persona liberada de la marginación a la que  estaba sometido por la legislación vigente. La misericordia es el amor que actúa.

 

La atención al que sufre trasciende toda ley

 

El que había sido leproso quedó limpio y  reincorporado a la sociedad.  Jesús desobedeció la ley y quebrantó todas las medidas preventivas. La reacción de  Jesús merece gran atención. En vez de temer al contagio y a contaminarse con la  impureza del leproso, él sintió una gran convulsión interior al ver el sufrimiento  cruel del enfermo marginado. En lugar de velar por su propia seguridad y de  protegerse ante la presencia de una supuesta amenaza a la salud pública y al  control social de la misma, Jesús se mueve en otro sentido y tiende su mano al  excluido. Había visto en el leproso al ser humano sufriente, indigente y necesitado de ayuda, maltratado y oprimido por la ley. La intervención de Jesús por encima de la ley es sorprendente y digna  de admiración en toda su extensión.

 

Misericordear es cuidar la vida del necesitado

 

Tan admirable como el efecto de la  curación es la acción sorprendente y extraordinaria de tocar al leproso. El  prodigio de Jesús ha consistido en romper con una ley de exclusión y  marginación del ser humano y saltarse las medidas preventivas de seguridad para  poner al necesitado en el centro de mira de su amor. Tal actuación de Jesús es una  señal inequívoca de la cercanía del Reino de Dios a este mundo. Por aquí va  el cambio de mentalidad que el evangelio reclama.

 

Hacia una nueva mentalidad de misericordia

 

Esa nueva mentalidad es la que deriva de la misericordia entrañable y  compasiva de Jesús, que como tantas veces en los evangelios, va desvelando el  amor de Dios en él y su concentración en los últimos de la sociedad, en los  marginados y en los pobres. El Evangelio expresa ese amor con un término específico como primera reacción de Jesús ante un  marginado: Es la que podemos traducir como “misericordear”.

 

La misericordia expresa el amor más genuino

 

En algunas traducciones se pueden perder algunos  matices, pues no sólo se trata sólo de la emoción pasajera de conmoverse, ni de un  mero sentimiento de lástima o pena, ni sólo de una actitud interior de compasión  hacia otro, sino de todo un movimiento espiritual personal, interior y físico que  impulsa desde el amor más profundo y, desde la indignación por el mal que aniquila  a la persona, a la acción curativa de la enfermedad y liberadora de la  marginación. La misericordia expresa el amor más genuino que se despliega en las obras necesarias para restablecer a la persona en todas sus dimensiones. Seamos capaces de misericordear no sólo incluyendo a los excluidos sino reconciliándonos con ellos y entonces podremos crear una nueva cultura en la civilización del amor.

 

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura