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Reflexión Dominical: El cambio de mentalidad desde el Evangelio

Vencer el mal con el bien

El cambio de mentalidad es apremiante también en nuestro tiempo. En la era de la globalización y con el manto de la pandemia que corona de miseria y de muerte todo el planeta, hacen falta voces proféticas, como la de Pablo, que apelen a un cambio de mentalidad y a no amoldarse a este mundo, sino a buscar lo bueno, lo que agrada a Dios y lo perfecto, descubriendo su voluntad (cfr. Rom 12,1-2.21). Y concluye este capítulo diciendo Pablo: “no te dejes vencer por el mal, antes bien vence el mal con el bien”. También sirve para todo el mundo el mensaje de los sucesores de los Apóstoles en Bolivia que, en el último mensaje de la semana anterior, hacían un llamamiento a la esperanza desde la búsqueda de la justicia social, la prioridad del bien común y el respeto a la libertad.

La búsqueda del bien común

La crisis del coronavirus, además de su carácter letal, está sacando a la luz por todas partes la incompetencia de los poderes políticos que se pliegan al primado del sistema económico endiablado. Cuando este sistema busca a toda costa el crecimiento económico por encima de la vida, de la dignidad y de la libertad de todos los seres humanos, cuando hace prevalecer los intereses partidistas, individuales y egoístas por encima del bien común, se cometen toda clase de injusticias en una sociedad que se encamina a un múltiple desastre, sobre todo humanitario. Hacen falta líderes políticos que sepan vencer el mal con el bien. Y éstos requieren un verdadero cambio de mentalidad.

El cambio de mentalidad en Pedro y Pablo

Este domingo la Palabra de Dios nos presenta a los dos pilares de la Iglesia, los apóstoles Pedro y Pablo, que dan testimonio del cambio de mentalidad y de vida que supone el encuentro personal con Cristo. Pedro recibe de Jesús la corrección de su idea sobre el Mesías y las consecuencias que este cambio de mentalidad, orientado desde la pasión de Cristo, habría de tener para su vida, mientras que Pablo comienza la segunda parte de la carta a los romanos invitando a una transformación profunda en sus vidas, determinada por el amor cristiano.

Una verdadera metamorfosis

Pablo exhorta a los cristianos de la comunidad de Roma a no amoldarse a los criterios de este mundo sino a transformar la vida con la renovación de la mente, mediante la entrega de la vida, como único sacrificio agradable a Dios (Rom 12,2). En otro lugar el apóstol de los gentiles dice que los creyentes nos vamos transfigurando en imagen de Dios por obra del Espíritu (2Cor 3,18). Pablo utiliza siempre el mismo verbo: “transfigurar”. El verbo griego correspondiente es metamorfeo (de donde deriva la palabra metamorfosis), utilizado también en los dos primeros evangelios al relatar la escena extraordinaria de la transfiguración del Señor. Pablo invita a realizar una auténtica metamorfosis de la vida en virtud del encuentro con Cristo.

La cruz, principal consecuencia de la nueva mentalidad

El comienzo de la segunda parte del evangelio de Mateo (Mt 16,21-27) introduce asimismo el mensaje clave para la transformación de la mentalidad de los apóstoles, un mensaje totalmente nuevo en la predicación de Jesús. Se trata del primer anuncio de la pasión, mediante el cual se reorienta el contenido de la predicación y de la actuación del Señor. Ahora se desvela de qué modo Jesús entiende su mesianismo. El primer anuncio de su muerte en la cruz como destino ineludible de su actuación mesiánica no cabe en las expectativas de Pedro ni de los discípulos. Éstos han reconocido al Mesías pero no han percibido las consecuencias y las exigencias de un mesianismo que acabará en la cruz por anteponer el Reino de Dios y su justicia al templo y al sistema del culto y por colocar al ser humano necesitado en el centro de atención de la vida religiosa. El tema dominante a partir de ahora en el evangelio gira en torno a su destino personal, un destino marcado por el sufrimiento, vivido como entrega de la vida hasta su ejecución en la cruz y orientado a la resurrección. Una vez más reaparece la incomprensión de Pedro de este destino paradójico del Hijo de Dios. Por eso Jesús no duda en llamar “Satanás” al intrépido santo cuando éste se desvía de los planes de Dios.

Tomar la cruz y seguir a Jesús

Las llamadas siguientes del evangelio a “tomar la cruz y seguir a Jesús” no son dos cosas sino una sola, porque la una implica la otra. El verbo “seguir” es típico de los evangelios  y significa mantener una relación de cercanía a alguien, gracias a una actividad de movimiento, subordinado al de esa persona. Tomar la cruz es la consecuencia vinculada directamente al seguimiento radical: “Si uno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo y tome su cruz y me siga” (Mt 16,24) y ha sido ejemplificada particularmente en la escena del Cirineo que “tomó la cruz de Jesús” (cf. Mc 14,21; Mt 27,32) y lo siguió. Tomar la Cruz implica un cambio de vida continuo de renuncia a uno mismo para entregarse a la persona de Jesús y seguir sus huellas en una trayectoria de vida, marcada por los pasos que él nos ha trazado para anunciarnos el Reino de Dios, hasta dar la vida por su causa. Tanto la cruz como el seguimiento radical no se pueden entender bien si no van acompañados de un profundo amor a Jesús. Por amor a Jesús, a quien seguimos con su cruz, hemos de mirar a los sufrientes que entre nosotros llevan la cruz: los enfermos y ancianos, los inmigrantes y marginados, los pobres e indigentes…

Ser discípulo de Jesús

A partir de estos textos se puede decir que ser discípulo de Jesús conlleva la comunión de vida y de destino con Jesús. Negarse a sí mismo es renunciar a todo tipo de ambición y anhelo personal, es dejarse transformar por la renovación de la mente, no amoldándose ni acomodándose a los criterios de este mundo, para entregarse por entero a ser testigos del amor sin medida de Dios. Ser discípulo de Jesús es elegir el camino de la pobreza por amor a los pobres, es resistir en la fidelidad aguantando los sufrimientos, las persecuciones y los desprecios que normalmente conlleva el anuncio del Reino de Dios en la forma en que lo encarnó Jesús.

Cambiar de corazón y de estilo de vida

El Evangelio es el más vivo instrumento de transformación de la vida de los discípulos. Y el sufrimiento por el Evangelio se convierte en una seña de identidad de los cristianos. Necesitamos cambiar de mentalidad, de corazón y de estilo de vida. En la celebración eucarística, en cuanto conmemoración de la muerte y resurrección de Cristo, se realiza para nosotros la transfiguración propia del Cuerpo de Cristo. En ella, y por el mismo Espíritu, los creyentes somos transformados y transfigurados a través de la Pasión, como el mismo Cristo. San Pedro nos dice en su primera carta que nosotros debemos tener la mentalidad de la Pasión de Cristo (1Pe 4,1). Y Pablo lo explica especialmente en la primera carta a los Corintios con la teología de la Cruz (cf 1Cor 1,13ss.). Pero no hay transformación posible del discípulo si no hay una configuración personal con Cristo, si no nos dejamos alentar por su Espíritu, especialmente a través del amor a los rostros más desfigurados del mundo y a los dolientes de esta tierra injusta, cuyas cruces son también nuestras.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura.