Internacional

Polémica en el Vaticano por el nombramiento para Academia por la Vida de una economista que publicó tuits a favor del aborto

La respuesta de la Pontificia Academia por la Vida es tajante: «No está a favor del aborto». Se refiere a la economista italoamericana Mariana Mazzucato (Roma, 1968), a quien el pasado 15 de octubre el Papa incluyó entre los miembros de este órgano consultivo. Lo cierto es que en el pasado, Mazzucato ha publicado «likes» en Twitter a mensajes de otras personas a favor del aborto, pero no se ha pronunciado explícitamente sobre la cuestión.

El Papa Francisco es muy contundente en su condena del aborto. En septiembre de 2021, durante el vuelo de regreso de su viaje a Hungría y Eslovaquia subrayó que «el aborto es un homicidio y que quien practica un aborto, mata, pues (el feto) es una vida humana, punto».

Según el estatuto de la Pontificia Academia por la Vida, sus miembros deben ser profesionales de «seriedad y competencia profesional demostradas, al servicio fiel en la defensa y promoción del derecho a la vida de toda persona humana». Por eso, como explica Fabrizio Mastrofini, portavoz de la academia, antes del nombramiento de Mariana Mazzucato, el Vaticano se consultó con el nuncio en Reino Unido, Claudio Gugerotti, y con el secretario de la Conferencia Episcopal del Reino Unido, Christopher Thomas, que no encontraron ningún elemento que impidiera proceder.

Maria Mazzucato no ha publicado nada explícitamente a favor del aborto. Pero sí que en junio de 2022 escribió en Twitter las palabras «So good» («Muy bien») para relanzar un vídeo en el que la comentarista Ana Kasparian criticaba duramente la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de considerar que el aborto no es un derecho constitucional. «Es como un espectáculo de payasos sentarse aquí a discutir lo que dice sobre el aborto vuestro mítico libro (en referencia a la Biblia)», decía Ana Kasparian. «Yo lucharé para que tengáis libertad religiosa y podáis practicar el cristianismo. Pero no tenéis el derecho de dictar lo que puedo hacer con mi cuerpo», añadía polémicamente la Kasparian en aquel vídeo.

En cualquier caso, de acuerdo con el estatuto de la Pontificia Academia, la profesora Mazzucato, al aceptar su nombramiento «se compromete a promover y defender los principios relativos al valor de la vida y a la dignidad de la persona humana, interpretados en conformidad con el Magisterio de la Iglesia». Además, «la condición de académico podrá ser revocada en el caso de una acción o declaración pública y deliberada que sea manifiestamente contraria a dichos principios, o gravemente ofensiva para la dignidad y credibilidad de la Iglesia católica y de la propia Academia».

Mariana Mazzucato tiene 54 años, está casada y tiene 4 hijos. Es profesora de Economía de la Innovación y el Valor Público y fundadora del Institute for Innovation and Public Purpose en el University College de Londres. Sus primeros trabajos académicos son sobre las consecuencias de la tecnología en el empleo de los trabajadores menos cualificados. En su web personal explica que «pone en tela de juicio el pensamiento ortodoxo sobre el papel del Estado y el sector privado en el impulso de la innovación».

Durante la pandemia, en el libro entrevista del Papa con el periodista británico Austen Ivereigh, «Soñemos Juntos», Francisco elogió las ideas de Mazzucato sobre la sociedad. «Tiene un pensamiento que no es ideológico, que va más allá de la polarización del capitalismo de libre mercado y el socialismo de Estado, y que tiene en su corazón una preocupación que toda la humanidad tenga acceso a la tierra, al alojamiento y al trabajo», aseguró.

Entre los nuevos académicos también está el español Federico de Montalvo, presidente del Comité de Bioética de España. También hay dos rabinos, un musulmán, un teólogo anglicano y un sintoísta. El arzobispo Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia por la Vida, se mostró satisfecho de incluir a «mujeres y hombres con experiencia en varias disciplinas y de diferentes contextos, para un constante y fructífero diálogo interdisciplinario, intercultural e interreligioso».

En 1994, Juan Pablo II lanzó la Pontificia Academia por la Vida, preocupado porque los experimentos científicos y técnicos «en los manantiales mismos de la vida», como la clonación o la reproducción artificial, estaban planteando «cuestiones de orden moral, que el hombre no puede descuidar sin correr el riesgo de dar pasos tal vez irreparables». Le encomendó «la misión de estudiar, informar y formar en lo que atañe a las principales cuestiones de biomedicina y derecho, relativas a la promoción y a la defensa de la vida». En sus primeros años publicó documentos sobre el genoma y los derechos humanos, la dignidad del enfermo terminal, las células estaminales, o las tecnologías reproductivas.

En 2016, el Papa Francisco modificó sus estatutos y solicitó que mantuviera ese «carácter predominantemente científico, para la promoción y defensa de la vida humana», pero que alargara su ámbito para incluir «el cuidado de la dignidad de la persona humana en las diferentes edades de la existencia, el respeto mutuo entre géneros y generaciones, la defensa de la dignidad de cada ser humano individual, la promoción de una calidad de vida humana que integre el valor material y el espiritual, en la perspectiva de una auténtica ‘ecología humana’». En esta perspectiva, ha pasado a afrontar cuestiones como la salud pública, la inteligencia artificial, las consecuencias de la pandemia, aunque también puntualmente el aborto farmacológico, el uso de vacunas y el caso de Charlie Gard.

Fuente: ABC.ES