Análisis

Piropos a los cocaleros

La prensa del último domingo nos informó acerca de una actuación conmovedora realizada en la zona del Chapare entre los productores de coca, narcotraficantes que producen cocaína, el máximo dirigente de las Seis Federaciones de Cocaleros del Chapare, el presidente Evo Morales, su ministro de la Presidencia, señor Juan Ramón Quintana, donde intercambiaron piropos que casi culminaron con un chunqueo, como solíamos protagonizar los viejos enamorados.

En efecto, cuando el ministro Quintana dijo a los concurrentes que “los cocaleros se han convertido en el motor de la liberación de Latinoamérica y del mundo”, mi comadre cochabambina lanzó un suspiro emocionado y me confesó a punto de lagrimear “¿seremos, compadrituy, una partecita de ese motor…?”. A lo que no me atreví a responder por temor a sentirme una ínfima parte de la liberación mundial.

Aunque expliqué a mi pariente espiritual que el encuentro en una población chapareña era una fiesta entre íntimos de la coca, sus altas investiduras no hacían otra cosa que confirmar lo que dijo una prestigiosa revista brasileña señalando que Bolivia es una “república cocalera”.

La cholita nacida en Quillacollo se sintió herida y avergonzada aclarándome, mientras besaba la cruz que había formado con sus dedos, que tanto ella como su virtuoso exmarido Nemesio, alma bendita, jamás habían acullicado esa hoja maldita proclamada sagrada en la última Constitución.

Le respondí a la cholita prestamista que no era necesario que me jurase tal cosa porque su honesto compadre tampoco lo había hecho, lo cual nos convertía a ambos y a millones de ciudadanos bolivianos en herejes de una religión que se nos quiere imponer a la fuerza.

Hacer una apología de la coca y la cocaína y querer santificar a los cocaleros que la producen nos pareció un desatino aunque se lo hubiera cometido entre amigos y compadres en territorio chapareño con la presencia del mismísimo Presidente del Estado y líder máximo de las Seis Federaciones de Cocaleros del Chapare.

Esta crónica periodística que me ayudó a escribir mi lazarilla que hoy guía mis pasos en estos tiempos de tinieblas podría ser suscrito por millones de ciudadanos bolivianos que no están de acuerdo en ser calificados como personas que llevan por el mundo el calificativo de cocaleros o de traficantes de la coca y la cocaína por la voluntad de unos pocos que hoy ensalzan a los cocaleros y los consideran el motor de movimientos vanguardistas en la hora actual.

Como Macacha y yo estuvimos de acuerdo en condenar este piropo a los cocaleros en su propia tierra, la cholita cochabambina me reclamó un piropo para ella y sólo pude decirle    con la sinceridad que me caracteriza: “Gracias, comadritay por tu generosidad al prestarme dineros en momentos de apuro y especialmente en vísperas de la fiesta de la Virgen de Urkupiña”.