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Papa Francisco en el Ángelus: ¿Cómo es tu fe, de piedra o de arena?

Ante una plaza de San Pedro colmada de miles de peregrinos provenientes de todas partes del mundo, el Santo Padre dirigió unas palabras, previas al rezo de la oración mariana del Ángelus, en las que comentó el pasaje del Evangelio de san Mateo de este domingo, vigésimo primero del tiempo ordinario, que relata la confesión de fe de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. 

El Pontífice explicó que Jesús reconoce que Dios dio a Simón una fe ‘fiable’, sobre la que él, Jesús, edificará su Iglesia, es decir, su comunidad, es decir todos nosotros. 

Jesús atribuye a Simón este nuevo nombre: “Pedro”, que en su lengua suena “Cefas”, palabra que significa “piedra”. Y, recordó el Pontífice, que en la Biblia este término, “piedra”, está referido a Dios. Mientras Jesús lo atribuye a Simón no por sus cualidades o méritos humanos, sino por su fe genuina y firme, que también nosotros debemos tener. 

Tal como sucedió de modo único en San Pedro, así sucede también en cada cristiano dijo Francisco, que madura una fe sincera en el Hijo del Dios vivo. De modo que este Evangelio también nos interpela a cada uno de nosotros. Porque si el Señor encuentra en nuestro corazón una fe, no perfecta, pero al menos sincera y genuina, entonces Él ve en nosotros piedras vivas con las cuales construir su comunidad. 

Palabras del Papa
“Queridos hermanos y hermanas, el evangelio de este domingo es la célebre narración de san Mateo, cuando Simón en nombre de los doce, profesa su fe en Jesús como “el Cristo, el Hijo del Dios viviente”; y Jesús llama ‘feliz’ a Simón por esta fe que tiene, reconociendo en ésta un don especial del Padre, y le dice: ‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’. 

Detengámonos un momento justamente sobre este punto, sobre el hecho que Jesús atribuye a Simón este nuevo nombre: ‘Pedro’, que en el idioma de Jesús se dice ‘Cefa’, una palabra que significa ‘roca’. En la biblia este término ‘roca’ se refiere a Dios. Jesús lo atribuye a Simón no por sus cualidades o méritos humanos, sino por su fe genuina y sólida que le viene desde lo alto. 

Jesús siente en su corazón una gran alegría, porque reconoce en Simón la mano del Padre, la acción del Espíritu Santo. Reconoce que Dios Padre le dio a Simón una fe en la que se puede confiar, sobre la cual Jesús podrá construir su Iglesia, o sea su comunidad. Como en todos nosotros. 

Jesús tiene en su ánimo dar vida a su Iglesia, un pueblo fundado no más sobre la descendencia, sino sobre la fe, o sea sobre la relación con Él mismo, una relación de amor y de confianza. Nuestra relación con Jesús construye la Iglesia. 

Y por lo tanto para iniciar su Iglesia Jesús tiene necesidad de encontrar en los discípulos una fe sólida, confiable. Es esto que Él debe verificar en este punto del camino. 

El Señor tiene en mente la imagen del construir, la imagen de la comunidad como un edificio. Por ello cuando escucha la profesión de fe simple de Simón, lo llama ‘roca’, y manifiesta la intención de construir su Iglesia sobre esta fe. 

Hermanos y hermanas, lo que sucedió de manera única con san Pedro, sucede también con cada cristiano que madura una fe sincera en Jesús el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 

El evangelio de hoy interpela también a cada uno de nosotros: ¿Cómo va tu fe? Cada uno dé una respuesta en su corazón. ¿Cómo va tu fe, cómo es? 

¿Qué encuentra el Señor en nuestro corazón?, un corazón firme como la roca o un corazón arenoso, o sea dubitativo, desconfiado, incrédulo. Nos hará bien durante el día de hoy pensar sobre esto. 

Si el Señor encuentra en nuestro corazón una fe, no digo perfecta, pero sincera, genuina, entonces Él ve también en nosotros piedras vivas con las cuales puede construir su comunidad. De esta comunidad, la piedra fundamental es Cristo, piedra angular y única. Por su parte Pedro es piedra, en cuanto fundamento visible de la unidad de la Iglesia. Pero cada bautizado está llamado a ofrecer a Jesús la propia fe, pobre pero sincera, de manera que Él pueda seguir a construir su Iglesia, hoy y en cada parte del mundo. 

También en nuestros días la gente piensa que Jesús sea un gran profeta, un maestro de sabiduría, un modelo de justicia. Y también hoy Jesús le pregunta a sus discípulos, o sea a todos nosotros: ‘¿Quién dice la gente que soy?, ¿un profeta?, ¿un maestro de sabiduría?, ¿un modelo de Justicia? 

¿Qué responderemos?, pensemos, pero sobre todo recemos a Dios Padre, para que nos dé la respuesta. Y por intercesión de la Virgen María pidamos que nos dé la gracia de responder con corazón sincero: Tú eres el Cristo, el Dios vivo. Esta es una confesión de fe, este es el Credo propiamente. Podemos repetirlo tres veces todos juntos: ‘Tú eres el Cristo el hijo del Dios vivo’