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Papa Francisco durante la canonización de Madre Teresa: “a Dios le agrada toda obra de misericordia”

 

Esta mañana, en la plaza de san Pedro, Papa Francisco canonizó a Madre Teresa de Calcuta, quien a partir de las 10:40 (hora Roma), se la llamó santa Teresa.

Al inicio de la eucaristía, y después de escuchar la biografía de Madre Teresa, se han rezado las letanías y finalmente, Francisco ha leído la fórmula de canonización:

 

“En honor a la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica y crecimiento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocando muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de numerosos hermanos en el episcopado, declaramos y definimos Santos a la beata Teresa de Calcuta, y la inscribimos en el Catálogo de los Santos, y establecemos que en toda la Iglesia sea devotamente honrada entre los Santos”.

 

Banderas de todo elmundo y en sepecial de la India y Albania, flameaban dando un toque colorido a la pLaza de San Pedro donde miles de fieles se congregaron para participar de la cononización de una mujer querida y admirada por todo el mundo omo fué madre Teresa.

 

El relicario donde reposan sus reliquias de Madre Teresa de Calcuta es una cruz de maderas provenientes de distintos rincones del mundo, y ha sido llevada al altar por una misionera de la caridad, para su veneración. La reliquia es la sangre de Madre Teresa.

En su homilía, Papa Francisco recordó cómo “a Dios le agrada toda obra de misericordia, porque en el hermano que ayudamos reconocemos el rostro de Dios que nadie puede ver “. Y es que, como hizo la santa de Calcuta, “cada vez que nos hemos inclinado ante las necesidades de los hermanos, hemos dado de comer y de beber a Jesús; hemos vestido, ayudado y visitado al Hijo de Dios”.

 

No hay alternativa a la caridad: quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios” proclamó Bergoglio, quien como hiciera ayer agradeció a los voluntarios cristianos por su “vocación a la caridad”. “Ustedes son esa gente que sigue al Maestro y que hace visible su amor concreto hacia cada persona”.

 

“Cuántos corazones confortan los voluntarios. Cuántas manos sostienen; cuántas lágrimas secan; cuánto amor derramo en el servicio escondido, humilde y desinteresado. Este loable servicio da voz a la fe y expresa la misericordia del Padre que está cerca de quien pasa necesidad”, apuntó el Papa, quien recordó que el seguimiento de Jesús “requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y ponerse a su servicio”.

 

“Igual que el Señor ha venido a mi encuentro y se ha inclinado sobre mí en el momento de necesidad, así también yo salgo al encuentro de él y me inclino sobre quienes han perdido la fe o viven como si Dios no existiera, sobre los jóvenes sin valores e ideales, sobre las familias en crisis, sobre los enfermos y los encarcelados, sobre los refugiados e inmigrantes, sobre los débiles e indefensos en el cuerpo y en el espíritu, sobre los menores abandonados a sí mismos, como también sobre los ancianos dejados solos. Dondequiera que haya una mano extendida que pide ayuda para ponerse en pie, allí debe estar nuestra presencia y la presencia de la Iglesia que sostiene y da esperanza”, añadió.

Así mismo recordó que fue una mujer comprometida “en la defensa de la vida proclamando incesantemente que «el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre»”, que “se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos”.

 

“Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres. Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad”.

 

“Esta incansable trabajadora de la misericordia nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión”, culminó el Papa, quien añadió que, viviendo como Teresa, “abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura”.

A continuación un resumen de la vida y obras de caridad realizadas por la Santa Teresa de Calcuta:

Nació en Skopie el 26 de agosto de 1910, quinta y última hija de los padres albaneses Nikola y Drane Bojaxhiu. Fue bautizada el día siguiente y recibió la primera comunión con 5 años y medio. Tal y como ha recordado el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, al leer la biografía de la Madre Teresa. En 1928, deseando ser misionera, ingresó en la Congregación de las Hermanas de Loreto (IBVM) en Irlanda. Llegó a la India en 1929, emitió los primeros votos en mayo de 1931 y los votos perpetuos en mayo de 1937. Durante los veinte años que pasó en la India dedicándose a la enseñanza, se distinguió por la caridad, el celo, la entrega y la alegría.

 

El 10 de septiembre de 1946, recibió de Jesús la llamada “a renunciar a todo y a servirlo en los más pobres entre los pobres”. En 1948 obtuvo el permiso eclesiástico para iniciar su apostolado en los bajos fondos de Calcuta. Las Misioneras de la Caridad (MC) fueron erigidas como Congregación religiosa de derecho diocesano el 7 de octubre de 1950, y elevadas a Congregación de derecho pontificio el 1 de febrero de 1965. El carisma propio de la Congregación es saciar la infinita sed de Jesús de amor y de almas, entregándose por la salvación y santificación de los más pobres entre los pobres.

 

Para poder extender su misión de amor, la Madre Teresa dio inicio a la rama de los Hermanos MC (1963), de las Hermanas Contemplativas (1976), de los Hermanos Contemplativos (1979) y de Padres MC (1984), así como las asociaciones de colaboradores, de los Colaboradores sufrientes y el movimiento Corpus Christi para los sacerdotes. A su muerte, el 5 de septiembre de 1997, la Congregación contaba con 3.842 religiosas, trabajando en 594 casas en 120 naciones.