La periodista Paloma García Ovejero inició hoy un nuevo desafío con muchas ganas y con la fe bien puesta en responder a las expectativas del papa Francisco, quien le confesó que ‘no eligió a los mejores, sino a los que mejor pueden hacer este servicio’.
Desde este lunes, Paloma ya es oficialmente la vicedirectora de la Sala de Prensa de la Santa Sede, en Roma, la primera mujer en ocupar este cargo y mano derecha del nuevo director de estas oficinas, el también periodista Greg Burke.
García Ovejero nació en Madrid, España, el 12 de agosto de 1975. Obtuvo la licenciatura en Periodismo en 1998 en la Universidad Complutense de Madrid, una Maestría en Estudios Vascos y la especialización en Estrategias de gestión y comunicación en la Universidad de Nueva York en 2006.
Ingresó a la cadena española COPE en 1998 y se desempeñó como redactora y conductora, llegando a ser jefa de redacción. Desde septiembre de 2012 ha sido corresponsal para Italia y la Ciudad del Vaticano, colaborando, además de COPE, para otras estaciones de televisión y periódicos.
Desde 2012 ha formado parte del grupo de periodistas que acompaña a los vuelos papales. El año pasado tuvo la oportunidad de visitar Bolivia durante tres días, como parte de la delegación que participó del Viaje Apostólico del papa Francisco por Ecuador, Bolivia y Paraguay, en el que también estuvo la periodista EL DEBER, Cecilia Dorado Nava.
Paloma García, una periodista locuaz, carismática, sencilla y perspicaz, concedió una entrevista al Diario Mayor a propósito de sus nuevas funciones en la Sala de Prensa del Vaticano.
– Su designación como vicedirectora de la Sala de Prensa del Vaticano ¿fue una decisión directa del papa Francisco? ¿Por qué cree que la eligieron?
Esa es la única pregunta que no he querido hacer hasta ahora. La decisión final la tomó el Papa, y así nos lo ha contado él mismo al director Greg Burke y a mí, pero el proceso previo lo desconozco.
Hay tres factores que han influido, evidentemente: ser periodista, ser de lengua materna española y ser laica. Pero por qué yo y no otra persona, prefiero no analizarlo demasiado. El Papa nos dijo claramente que no ha escogido a los mejores sino a los que mejor pueden hacer este servicio. Así que entre Dios y él habrán decidido arriesgarse. Y yo me fío de ellos.
– ¿Qué representa ser la primera mujer designada en ese cargo?
Las mujeres son las primeras que descubrieron la resurrección de Cristo. Las mujeres son las que salen corriendo a contárselo a todos. Y si fueron ellas las que dieron al mundo la Buena Noticia, ¿quién puede extrañarse de que haya una mujer en el equipo de comunicación de la Iglesia? Nuestra fe no es una ideología: es un acontecimiento. En el fondo, llevamos 2.000 años dando la misma noticia. Y sigue siendo verdad.
– ¿Es cierto que habla cuatro idiomas?
En realidad, hablo tres idiomas: español, inglés e italiano. El cuarto, que sería el chino, simplemente lo estoy estudiando. Me encantaría poder hablarlo algún día, pero si los misioneros que viven allí necesitan diez años para hacerse entender, imagínense yo, que simplemente lo tengo como hobbie.
– ¿Cuáles son sus principales desafíos en su nueva labor?
Eso lo tengo muy claro, porque nos lo dijo el papa Francisco en persona: transparencia, claridad y fidelidad al transmitir el mensaje. Cuando nos explicaba qué esperaba del nuevo director de la oficina de prensa y de mí, la palabra que se me venía todo el tiempo a la mente era “parresía”. Es decir, lo que él mismo pidió a los obispos durante el último sínodo.
– ¿Se intentará dar un ‘giro’ o un nuevo perfil al trabajo de la oficina de prensa del Vaticano?
La oficina de prensa del Vaticano funciona muy bien, es un equipo de profesionales perfectamente sincronizados y lo que hace falta es insertar todo este mecanismo en la reforma de la comunicación vaticana; es decir, adaptar el ritmo a las necesidades que tiene el periodismo del siglo XXI. Estamos hablando de un trabajo a largo plazo, que nació con la creación de la Secretaría para la Comunicación, cuyo prefecto es monseñor Viganò. Él es quien lleva el timón de este barco a buen puerto.
¿Qué importancia cree que se le debe dar a las nuevas tecnologías dentro de la labor comunicacional del Papa?
Uno de los pilares del pontificado es la comunicación, pero no con el papa Francisco, sino desde el inicio. Jesús lo dijo claro: “Id y anunciad”. Ahora se comunica a través de las nuevas tecnologías, y ahí está también la Iglesia. San Juan Pablo II vivió el nacimiento de Internet, y su decisión fue radical: si la gente está ahí, tenemos que evangelizar ahí.
– Como periodista, ¿cómo cree que es trabajar con el papa Francisco que muchas veces rompe protocolo y hasta se sale de los discursos programados?
Eso lo sabemos ambas de primera mano, puesto que juntas vivimos aquel viaje maravilloso a Latinoamérica, lleno de sorpresas y de gestos que el Papa improvisaba en su propia lengua. Tiene la capacidad de reinventarse cada día, porque escucha al Espíritu Santo. Y eso nos ayuda a los demás a estar siempre abiertos a las novedades. Es una forma de vivir, yo diría, mucho más que una forma de comunicar. Trabajar para él es lo mejor que me ha pasado nunca.
– ¿Cuántos viajes hizo con el papa Francisco y si acompañó a otros papas?
Mi primer viaje a bordo del avión papal fue con Benedicto XVI. Lo que nunca me imaginé es que sería también el último suyo: era el viaje al Líbano de septiembre de 2012, cinco meses antes de su renuncia. Después, ya no me he vuelto a bajar del avión hasta esta JMJ de Cracovia, vivida ya desde mi nueva casa, que es la Sala Stampa. Es apasionante también seguir al Papa desde este lado de la noticia.
– Tuvo la oportunidad de visitar Bolivia en el viaje apostólico del Papa en 2015 ¿qué le queda de esa visita?
Bolivia me conquistó desde el primer minuto. Nunca olvidaré aquel atardecer en El Alto, donde la energía y el entusiasmo hacían conmoverse al más recio. Ni la bondad de la gente que esperaba horas y horas para ver pasar al Santo Padre, la generosidad de los voluntarios, y el orgullo de todos y cada uno de los bolivianos con los que pude conversar. Bolivia es noble, es acogedora, y con nosotros se volcaron.


