Análisis

Padre Juan Crespo: “El Bautismo de Jesús nos interpela a comprometernos con los pobres de la sociedad”

HOMILIA DEL PADRE JUAN CRESPO GUTIERREZ, VICARIO GENERAL DE SANTA CRUZ

DOMINGO 8 DE ENERO DE 2016, BASILICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR.

“ESTE ES MI HIJO, EL AMADO, MI PREFERIDO”

Hemos celebrado con gozo el nacimiento de Señor, el 25 de diciembre; el 6 de enero hemos celebrado con gozo la manifestación a los pueblos, culturas, y naciones de todo el mundo, la “Epifanía del Señor”, como respuesta hemos ido a adorarlo en las figuras de los Reyes Magos.

Hoy Dios  manifiesta al mundo a su Hijo, en la solemnidad  del Bautismo del Señor: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección”.

El bautismo del Señor es la identificación más clara de Jesús como Mesías e hijo de Dios, según el testimonio de Juan el Bautista, del Espíritu Santo y del Padre. En esta solemnidad nuestro bautismo cristiano, prefigurado en la de Jesús, constituye la carta de identidad del discípulo de Cristo, es decir de nuestras raíces cristianas a las que hemos de volver diariamente.  

En las lecturas encontramos testimonios sobre Jesús, el Cristo. Como la primera lectura nos presenta los rasgos y el programa de acción del Siervo elegido del Señor: manso-paciente-fiel-tenaz en la obra de justicia. El es el mediador de la nueva alianza de Dios con su pueblo, Luz de las Naciones y el liberador de cuantos sufren. Este texto hoy en nuestras liturgias se identifican con Cristo, el nombre de Hijo ha sido sustituido al de Siervo.

En la lectura de los Hechos de los Apóstoles, se tiene un testimonio de tradición apostólica, poniendo de manifiesto lo que han vivido con Jesús, aquellos que han sido testigos desde el momento del bautismo, es el punto de partida de la vida pública  y profética de Jesús de Nazaret, el momento en que se rompe el silencio de  Nazaret para iluminar a los hombres. Pedro proclama su experiencia personal con Jesús, “comenzó en Galilea”, por medio de la Unción, en el bautismo del Espíritu, que ha de acompañarle siempre como profeta, un profeta no puede vivir sin el Espíritu.

Jesús de Nazaret es el Ungido, Mesías, Cristo de Dios con la fuerza del Espíritu y rezume su acción mesiánica al decir: “Paso haciendo el bien y curando a los oprimidos”.

El evangelio de San Mateo, describe la escena del Bautismo, como el “tiempo del cumplimiento de las promesas”, por eso Jesús recibe el Espíritu que le garantiza su misión profética más personal.

Nadie como Jesús, puede traer al mundo unas nuevas relaciones entre Dios y los hombres. En el Bautismo, donde Jesús, el Hijo amado de Dios, se ha puesto en la fila de los pecadores, queriendo deliberadamente ser solidario con el Hombre. La negación de Juan a bautizar a Jesús y la respuesta de este: “conviene que cumplamos así toda justicia”, manifiesta que Jesús quiere ser solidario con el pueblo. Quiere un cambio de mentalidad, conversión para trasformar la historia, el Nuevo tiempo de Dios, como la misma vida religiosa del pueblo, Jesús acepta ser bautizado, porque quiere participar con el pueblo en este nuevo momento, del que personalmente por la fuerza del Espíritu ha de ser protagonista.

Este Espíritu que Jesús ha de recibir traerá como consecuencia una nueva mentalidad, una nueva época.

Apenas bautizado Jesús, los cielos se abren y el Espíritu en forma de una paloma desciende sobre Jesús, mientras se oye la voz del Padre: “ESTE ES MI HIJO, EL AMADO, MI PREFERIDO”, acontecimiento Trinitario. Este aval máximo, que testimonia la identificación mesiánica de Jesús como Hijo de Dios  dándole las cartas credenciales para su misión profética.

Después de su bautismo el Señor Jesucristo inicia el Anuncio de la Buena Noticia de la llegada del Amor de Dios Padre, que quiere hacerlo presente en todos sus hijos.

Uno de los objetivos de esta solemnidad, es el de “manifestar el misterio del nuevo bautismo”, por eso esta fiesta anuncia y verifica el bautismo en agua y Espíritu Santo que todos nosotros hemos recibido y es una oportunidad de gracia para revisar nuestro ser creyente y cuál es la práctica diaria de nuestras vidas tanto a nivel individual como comunitario. Pues por el sacramento del bautismo que hemos recibido participamos en el misterio pascual de Cristo.

Buscando nuestra identidad cristiana vamos encontrando que por nuestro bautismo nos incorporamos a la familia de Dios que es la Iglesia, que se nos regala la identidad de Cristianos y se nos invita a buscar y hallar la vocación propia, a partir de nuestro bautismo comienza nuestro itinerario de amistad con Dios y de amor a la Iglesia hasta convertirnos en testigo del Evangelio mediante la práctica de la fraternidad, solidaridad, paz y justicia.

Nuestro bautismo es una oferta de gracia que nos hace el Señor. Así como al nacer, nos dieron la vida, un nombre y un apellido que nos identifican personal y civilmente. Por medio de nuestro bautismo, al recibir este sacramento además de recibir un nombre cristiano y un apellido católico, hemos recibido el don gratuito de ser Hijos de Dios, somos templos del Espíritu Santo.

Todo esto nos identifica inevitablemente, libre y gozosamente por el don y la gracia fruto de un amor que nos precedió, por medio de nuestros padres y Dios, aunque después tenemos que ratificar personalmente, esta categoría adquirida, para asumir la responsabilidad de ser cristianos católicos.

Tenemos que asumir las actitudes y acciones personales del Hijo amado del Padre para ir transformando la situación de tantos hermanos nuestros que viven en situaciones de pobreza, indigencia, de sufrimiento y de miseria.

Promover el derecho entre los hombres e implantar la justicia en la historia encabezando el proceso de liberación de los oprimidos respetando siempre a los más  débiles y marginados de la humanidad sin ningún tipo de alarde.

El bautismo de Jesús, siendo la manifestación abierta  de su misión y de su destino, nos interpela:

  • Promover el derecho y  la justicia.
  • Vincularnos personalmente a Jesucristo a su misión y destinos.
  • Comprometiéndonos con la justicia de Dios, sacrificándonos como Jesús, incluso hasta la muerte en Cruz,
  • Ser cristiano, ser católico es antes que un nombre, es una misión”.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.