Análisis

P. Sergio Montes: Visita del Papa, entre sencillez y espectáculo

A casi dos meses de la ya anunciada visita del Obispo de Roma, el Papa Francisco, a nuestro país, en julio próximo, variadas son las informaciones, especulaciones y comentarios al respecto.

En abril pasado recién se confirmaron oficialmente las fechas de dicha visita y hasta la fecha no hay demasiada claridad sobre la agenda oficial que el Papa Francisco tendría en el país. Probablemente en unas semanas más ya se tendrá información más precisa que ayude a la preparación para vivir este acontecimiento.

De todas maneras me parece importante señalar algo de cara a este ambiente previo. El énfasis principal de la presencia de Francisco tiene mucho más que ver con los códigos del Evangelio que con el protocolo de los Estados, con la cercanía a los “pequeños” y marginados por el poder político y económico que estar codeándose con los “grandes” y poderosos, con la sencillez del encuentro cercano –al modo de Jesús- que con la fastuosidad de un espectáculo de pocas horas.

Es innegable que su investidura representa un liderazgo moral, espiritual y político frente a instituciones, gobiernos y Estados; sin embargo, no debe ser ése el acento principal, lo contrario sería ir contra el espíritu del Evangelio que impulsa las acciones de todo cristiano, cuánto más de quien tiene autoridad por el servicio que ejerce.

Si hay algo fundamental es que la cabeza de la Iglesia católica es Cristo, no el Papa y por ello su visita pastoral y presencia en medio de nuestro pueblo debe ayudar a hacer más visible a Jesucristo y su mensaje, en sus palabras y acciones, sin descuidar la atención respetuosa a autoridades y líderes políticos y sociales pero más aun expresando su cercanía a quienes Jesús en el Evangelio llama Bienaventurados: los pobres, los humildes, los perseguidos por causa de la justicia, los que lloran, los pacíficos, los que tienen hambre y sed.

En otras palabras, Francisco, como seguidor de Jesús, viene a animar el compromiso cristiano de los creyentes así como a toda persona que siente y vive que el mensaje del Evangelio no es un mero discurso político para congraciarse con algunos sino la apuesta decidida y arriesgada de transformar nuestro mundo en un lugar donde las personas cuenten con un empleo digno, las mujeres sean respetadas y reconocidas en su dignidad, la violencia sexual y física sea desterrada de toda sociedad, no existan pobres mendigando para sobrevivir, los recursos sean compartidos y bien distribuidos y no aprovechados por algunos cínicos y corruptos, las creencias religiosas sirvan para hacer felices a las personas y no se conviertan formas de dominación y comercio, la justicia deje de ser un discurso y sea realidad para todos.

A la hora de pensar en agendas, deberían primar más lo criterios de Jesús: ¿a quiénes visitaría y por qué? ¿qué lugares serían de su predilección y cuáles pondría bajo sospecha? ¿necesitaría de un ejército o policía para hablar del Amor de Dios? Muy probablemente el Papa tenga presente estas preguntas en su corazón, aunque otros le compongan la agenda… tal vez, una vez más, Francisco rompa algunos esquemas.