Análisis

P. Pedro Rentería: “¡Todo está bien!”

Aula de Primaria
De la serie: “A ti, joven campesino”

Va cumpliendo su peregrinaje este recién estrenado 2020 y llegó la hora de enfrentarnos con una nueva y sugerente Gestión académica en sus diferentes niveles: desde la Primaria hasta la Universidad, desde la Secundaria hasta las Ramas Técnicas con sus variadas especialidades. No faltarán los Proyectos de Grado, las Tesis, los Másteres…

No olvidemos a los pequeñines: sus primeros pasos en los Kínderes, donde afrontan las nacientes habilidades en el aprendizaje fuera del dulce y cálido hogar familiar.

En estos incipientes preparativos los educadores estamos en orden de batalla, como se dice. Aunque no se trata de ningún tipo de violencia o escaramuza. Al contrario, si algo debemos prodigar en los próximos meses será, precisamente, la educación para la PAZ, para el encuentro, para la reconciliación que, repito una vez más, tanto necesitamos.

Se habla mucho ahora de la diferencia entre lo que aprenden los niños en la escuela y colegio y lo que corresponde al ámbito familiar. Aquí aprenden valores, actitudes serenas y positivas ante la vida. Allá, los conocimientos humanísticos y técnicos.

Por cierto, permítanme escribir y casi como entre paréntesis: donde sea, aquí o allá, que los niños y adolescentes aprendan correctamente a escribir y leer. Me refiero a las herramientas suficientes que son las humildes reglas ortográficas para saber dónde se colocan “doña coma”, “don punto”, “don acento” y demás. También, ese buen arte de la lectura comprensiva por el que los mayores nos ganamos algún que otro sopapo en tiempos felizmente pasados.

Mamás, papás, apoderados, maestros, profesores, docentes, catequistas, sacerdotes, todos somos, en fin, educadores. Y educar, según el Diccionario de la Real Academia, es “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc”. Mejor ésta que las otras definiciones que asimismo se nos dan: “dirigir”, “encaminar”, “adoctrinar”, que nos parecen menos amables, ¿verdad?

Mucho se podría discutir o, mejor, comentar a propósito de estas definiciones y de tantas y tantas experiencias, de lo más variopintas, que han aterrizado en diferentes Leyes de Educación, a lo largo de los tiempos y en todos los países. Nada es perfecto humanamente. Todo es mejorable. Todo tiene su anverso y su reverso. Así es la vida, decimos.

Quisiera pedir a los educadores, eso sí, que lo sean “de corazón”. Nunca olvidaré a aquellos profesionales que en mi lejana infancia me enseñaban, incluso Matemáticas, con paciencia, con cariño, con la esperanza de creer que, tarde o temprano, solucionaríamos bien los espinosos ejercicios llenos de números. No faltaban, cómo no, los otros, los expertos del “sopapo”.

Lo mismo para la enseñanza de los valores, de la justa urbanidad, del respeto, del esfuerzo, de la disciplina en todos los ámbitos de la vida. De todo eso que nos hace personas y no marionetas. Que nos hace mirar al cielo para descubrir la Presencia de ese Alguien que nos cuida y no tanto la sola mirada a ras de tierra.

Es así como pretendemos educarte, changuito o changuita, que quizá leas estas líneas. No creas que me he olvidado de dirigirte a ti también la columna de hoy. Contigo, seas quien seas, me gusta hablar siempre. En la iglesia y en la calle. A ti, seas quien seas, deseo escribirte siempre.

Queremos ser educadores que tengamos sensibilidad para intuir, más allá de las letras y números de clase, o de las pequeñas y grandes vivencias familiares, lo que te preocupa, lo que te inquieta, lo que te interroga, lo que desarma tu joven corazón.

Por eso, cuando visito el hogar-internado que siempre inspira estos artículos, y llega la noche de las estrellas con su necesario “buenas noches, chavales”, resulta inevitable acercarse a la carita triste, dolorida, temerosa… para ofrecerla, con respeto y cariño, las siempre palabras mágicas:

¡Todo está bien!, amiguito. ¡Todo está bien!

Sí, es verdad, todo está bien. Porque a pesar de tantos desafíos que tenemos delante, a pesar de nuestros múltiples desencuentros, deserciones, desavenencias y hasta disparates, la esperanza, la tierna hermana esperanza, nos mantiene siempre en pie, bien pertrechados para seguir caminando.

¡Buena Gestión 2020 para todos!

 

[Imagen: reportechaco.com]