Análisis

P. Pedro Rentería: “No pasemos de largo…”

Lustrabotas

De la serie: “A ti, joven campesino”

¿Cuáles son tus prioridades?, amigo lector. Y ¿ante qué cosas, personas, vivencias, pasas de largo? ¿Cuántas oportunidades de encuentro, diálogo, ayuda, habrás (yo también) desaprovechado?

Me ocurrió hace unos días. Atravesaba nuestra hermosa Plaza 25 de Mayo, en Sucre, testigo de tantas y tantas historias públicas y anónimas, cuando desde uno de sus bancos me saludó un changuito lustrabotas, ya adolescente. En sus manos un helado y entre sus pies en el suelo la conocida caja con los elementos necesarios para su diaria labor. Me conocía del comedor popular que tenemos los días sábados en la Plazuela San Francisco para niñas, niños, adolescentes y adultos trabajadores en situación de calle.

Me limité a devolverle el saludo. Andaba con las prisas del padrecito “fatiguilla” que, por cumplir otros afanes, descuida lo más importante… ¡Ah!, ya sé lo que me vas a preguntar amiguito del hogar-internado que estás leyendo esta columna:

Y ¿qué es lo más importante, padrecito?

Bueno, no sé… Cada uno tiene que reconocer lo que es más importante en su vida. Son sus prioridades. Pero te digo: lo más importante en ese encuentro con el chaval lustrabotas era acercarme donde él, sentarme a su lado y charlar un rato, intentando motivar preguntas, vivencias, buen humor y alguna risotada. Es lo más importante y lo más humano.

Ya, padrecito, y de paso, ¡que le lustrara sus zapatos!

Eso, no tanto. Me ando con sandalias -te añadiría sonriendo.

Lo cierto es que terminé de cumplir mi urgencia, mi “afán” y, llevado de una especie de soniquete interior que me decía: “vuelve”, regresé a la Plaza en busca del chico del helado. Le encontré abrillantando los zapatos de una guapa señorita y esta vez no me quedó más remedio que pasar de largo…

En fin, queridos lectores -jovencitos y adultos-, con esta sencilla experiencia intento ilustrar algo necesario: no pasemos de largo ante tantos acontecimientos que la vida nos pone delante, así sin querer. Unos, triviales. Algunos, valiosos. Y otros, en los que nos jugamos significados sustanciales para el diario acontecer.

Siguiendo en el contexto de nuestras buenas gentes de la calle, me duele, nos duele a muchos, la indiferencia que palpamos cada día ante sus necesidades básicas o ante esas otras, tan importantes: la mirada franca, la simple compañía, el cariñoso diálogo que humaniza y nos hace aumentar la frágil autoestima, mutuamente. Una gentil persona, hace mucho, me decía: “El encuentro respetuoso con una niña, con un niño en situación de calle, es un encuentro lleno de dignidad, con una princesita, con un príncipe”. Aunque me pareció exagerado el comentario, creo que encierra una gran verdad. Son nuestras princesitas y nuestros príncipes…

¿Cuáles son tus prioridades?, amigo lector. Y ¿ante qué cosas, personas, vivencias, pasas de largo? ¿Cuántas oportunidades de encuentro, diálogo, ayuda, habrás (yo también) desaprovechado?

Las fechas de celebración de la Navidad y Año Nuevo, nos dan la oportunidad de hacernos importantes interrogantes. Son los desafíos que, solos o en familia, nos plantemos al terminar un 2020, frustrante por la pandemia, y comenzar un 2021 llenito de expectativas.

Más allá de esos buenos deseos que nos hemos intercambiado en las redes sociales, más allá de tanto discurso, tanta palabrería muchas veces hueca, más allá de los afanes políticos que en ocasiones nos perturban, son las humildes, escondidas, anónimas peripecias que surgen en nuestro entorno, las que nos animan a encajarlas con destreza y no pasar de largo ante ellas. A comprometernos.

Estoy seguro de que, sin fatiguilla, el Señor Jesús hubiera tomado otro helado con nuestro chaval lustrabotas. Y el mundo hubiera sido un poquito mejor.

El Maestro de Nazaret lo tenía claro. Jesús captaba al instante las necesidades que le rodeaban. No se le escapaba ni una, como leemos en el Evangelio. Jamás pasó de largo ante un pobre, un enfermo, un niño, alguien triste, un amigo o un enemigo… Y aunque conocía los malos propósitos de algunos y la picaresca de otros, a todos trató con paciencia, afabilidad y sanando sus corazones.

Sus preferidos, los cansados y agobiados. Su mayor desahogo, el diálogo en soledad, en oración, con su Padre Dios. Su sabiduría, la que aprendió de la naturaleza observando el rudo trabajo de sus contemporáneos. Su sufrimiento, la dureza de corazón de quienes le crucificaron.

Estoy seguro de que, sin fatiguilla, el Señor Jesús hubiera tomado otro helado con nuestro chaval lustrabotas. Y el mundo hubiera sido un poquito mejor.

Feliz y sano 2021 para todos. No olvidemos las necesarias medidas de bioseguridad en que nos insisten las autoridades sanitarias. No pasemos de largo ante ellas. Protegen nuestra vida.

 

(P. Pedro es Comunicador Pastoral)

[Imagen: Escultura dedicada al lustrabotas en la Plaza de Santo Domingo en Perú, 2008. Fuente: https://www.flickr.com/photos/sirobertyoungcom/2837505860/]